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Brasil: Global player

May 24 2005

Theotonio dos Santos

ALAI-AMLATINA 24/05/2005, Rio de Janeiro.- Entre los días 22 y
29 de mayo el presidente Lula realiza su 47 viaje internacional, el
octavo en 2005. Esta vez va a Corea y Japón en donde cumple una
nutrida agenda económica y política. Lo interesante de esta
ofensiva política internacional es su mezcla de objetivos políticos
globales humanitarios y definiciones prácticas de intereses
comunes, sobre todo económicos y geoestratégicos.

Además del carisma del presidente Lula, es necesario resaltar la alta
calidad de los responsables de la misma: el ministro Celso Amorin, el
secretario ejecutivo del Ministerio Samuel Pinheiro Guimarães y el
asesor internacional Marco Aurelio García.

Brasil se plantea como una potencia mediana que no ha tenido
guerras significativas con sus vecinos (excepto una brutal
confrontación con Paraguay) y que defiende una concepción
pacífica y cooperativa de las relaciones internacionales.
Asimismo, se identifica con la liquidación de los vestigios
del colonialismo en lo económico, en lo político y en lo
cultural creando así un frente común con los países del
llamado Tercer Mundo sin ánimo de confrontaciones sino de
afirmaciones de derechos y acciones diplomáticas comunes para
superar la dependencia, el subdesarrollo y la pobreza.

La pretensión de potencia mediana se apoya en tres elementos
claves:

a) En el hecho de que Brasil construyó desde los años 1930
hasta por lo menos el final de los años 1970 una base
industrial diversificada y significativa. Entregada a un
concepto subyugado y dependiente de globalización, una nueva
capa dominante alimentada por la intermediación de gigantescos
negocios financieros internacionales se apoderó de gran parte
del Estado y solo hizo ahogar a la nación en el servilismo, en
una apertura comercial unilateral, en una entrega de sus
empresas estatales altamente exitosas a grupos económicos
internacionales y locales. Esta industrialización trunca aún
es un instrumento de participación en la economía mundial pero
exige un esfuerzo colosal de redefinición de la política
industrial que tiene como primicia la búsqueda de amplios
acuerdos internacionales en los planos comercial, tecnológico
y diplomático. La política exterior de Brasil se alimenta así
de estos residuos de soberanía nacional, de voluntad política
desarrollista, de aspiraciones igualitarias y democráticas
frustradas.

b) En el rol cada vez más evidente de modernizar a Brasil y a
América del Sur con un plan racional de utilización de sus
recursos naturales que son importantes bases para una
significativa participación en la economía mundial. La
conciencia de la importancia de la Amazonía y otros
significativos polos regionales de biodiversidad muestra la
dimensión de la unidad sudamericana.

Asimismo, la apertura de una salida al Pacífico modifica
sustancialmente la posición de Brasil en la geopolítica
mundial y articula su historia con el bloque andino volcado
históricamente hacia el Pacífico donde se reescribe la
historia económica mundial.

La Comunidad Suramericana, precedida por la exitosa
experiencia del MERCOSUR, no es solamente un proceso
comercial
sino una reivindicación histórica de construir un destino
común Al mismo tiempo, Brasil se proyecta sobre el Atlántico
Sur restableciendo los vínculos históricos con ?frica que
tanta importancia tuvo en todo el período histórico de 1500 al
final de 1800. En esta misma época, Portugal articuló sus
colonias al comercio con India, con la cual intercambiaba
especies naturales, cultura tropical, identidad ecológica.
Brasil tuvo también una fuerte articulación con el Caribe que
hoy reivindica una aproximación cultural que confluyó en la
dirección de la intervención militar de la ONU en Haití.

Todas estas identidades fueron abandonadas por una
modernización refleja de Estados Unidos y Europa y vuelven al
primer plano cuando el país se ve impulsado a jugar sus cartas
en el globo. La alianza entre Brasil, ?frica del Sur e India
no es así un acuerdo nacido de mentes tecnocráticas sino un
producto de profundas fuerzas históricas. Por fin, la
articulación con China también tiene raíces históricas
importantes pues Portugal fue el primer país occidental en
relacionarse con China así como con Japón.

Pero sobretodo hay una complementariedad estratégica entre
estos países y la América del Sur unida. Ellos emergen en la
economía mundial del siglo XXI como fuertes consumidores de
materias primas y productos agrícolas produciendo una nueva
situación en el mercado mundial de granos, de materias primas
y energéticos. Este es el instrumento que dispone de inmediato
la América del Sur para intensificar su participación en la
economía mundial. Al mismo tiempo, Japón y China son las dos
grandes fuentes de capitales existentes en el mundo hoy día.
En este momento, ellos se transfieren básicamente a Estados
Unidos que solo sobrevive en la actualidad alimentado por
estas inversiones. Esta posible complementariedad de intereses
entre América del Sur, China y Japón, permite planear una
política internacional común por un buen período. Estos países
no podrán explorar las ventajas de un comercio de este tipo
desde una perspectiva imperialista, a no ser que nuestra
incompetencia y nuestra vocación de colonizados dominara
totalmente nuestro ambiente socioeconómico.

c) De este conjunto de elementos nace la noción de Brasil como
«global player», al constatar que el comercio exterior de
Brasil, después del MERCOSUR, implica volúmenes similares de
intercambio con EE.UU., Europa y América Latina ya en el
comienzo de los años 90s. Hoy día, con la expansión
impresionante del comercio con China y Asia y con las
perspectivas de una aproximación estratégica con los países
árabes y con el Oriente Medio ( consagrada en la cúpula de
América del Sur y Países ?rabes, victoriosa iniciativa
diplomática de Brasil, recién realizada ), con el próximo paso
de la diplomacia brasileña de establecer una asociación
estratégica con Rusia, se dibuja una concepción estratégica
que pretende corresponder a este «jugador global» en el plan
comercial . Se trata de la perspectiva de salir de la
condición de dependencia para buscar un rol activo en el mundo
que pretende culminar con la integración de Brasil en el
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Estas perspectivas asustan a la clase dominante brasileña. Es
evidente que una perspectiva tan amplia como esta exige
liderazgos firmes pero sobretodo un pueblo movilizado en torno
de estos objetivos históricos. La política económica mediocre
y recesiva, concentradora y excluyente, que las mentes
colonizadas y arcaicas de nuestros tecnócratas imponen a
nuestra política económica, su disposición de servir a los
poderes locales, sobretodo a un capital financiero voraz y
castrador de nuestra capacidad productiva y de nuestra
iniciativa desarrollista, son el obstáculo más colosal a todo
este esfuerzo planetario.

Es evidente la contradicción que se arma cada día entre estas
iniciativas internacionales y la mediocridad de una política
económica al servicio del pago de los más altos intereses del
mundo a los especuladores nacionales e internacionales. Los
industriales brasileños empiezan a despertar frente a estas
posibilidades. Entre la autodestrucción que se le proponía con
el ALCA y las espectaculares posibilidades de pertenecer a un
global player que dobló sus exportaciones en los últimos 3
años, empiezan a ambicionar otra vez ejercer un rol activo en
la sociedad y en la economía. La población asiste, aún un poco
confusa, a estos movimientos espectaculares y se siente
complacida por la política exterior que se dibuja. No hay duda
que grandes pasos aún vendrán y grandes contradicciones
también.

– Profesor titular de la Universidad Federal Fluminense y
coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-UNU sobre Economía
Global y Desarrollo Sostenible (www.reggen.org.br).

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