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FSM: ¡Lavántate y anda!

May 26 2005

Por Samir Amin (*)

DAKAR, May (IPS) – El movimiento impulsado por el Foro Social Mundial (FSM)
ya ha obtenido una victoria moral. «El mundo no está en venta» y «Otro mundo
es posible» no son frases huecas sino consignas vibrantes que han conquistado
la simpatía de la opinión pública en todo el planeta.

El movimiento es múltiple y en ello radica su fuerza, aun cuando su
multiplicidad dificulta la convergencia en objetivos estratégicos prioritarios.

Pero la mera asunción de las reivindicaciones de las víctimas del sistema,
aunque es perfectamente legítima, no constituye una alternativa ni una
estrategia que permite avanzar. Más aún, se corre el grave riesgo de
limitarlo a la función de denuncia, que es lo que algunos de sus miembros
postulan.

El movimiento ha logrado movilizar segmentos importantes de las clases
medias instruidas particularmente en los países centrales del sistema. Casi
todas sus organizaciones se dedican a un objetivo singular -la promoción
femenina, la defensa de minorías oprimidas, culturales o de otro tipo,
etcétera- y suelen ser interclasistas por principio.

Es sumamente positiva esta intervención en el interior de clases sociales
que habitualmente han restringido su campo de acción a utilizar el derecho
de voto y los medios de la democracia representativa: lobbies y participación en
agrupaciones políticas. La defensa del individuo y de la libertad de
iniciativa individual y la firme dimensión moral de estas organizaciones no
es de manera una «deformación pequeño-burguesa» -como en algunos sectores
del movimiento obrero se la considera- sino al contrario un progreso en la
práctica política para beneficio, a largo plazo, de todas clases dominadas.

Pero estas organizaciones no han superado a las de las clases populares en
lucha por sus intereses «materiales». Las luchas obreras por la ocupación y
el salario, o las de los campesinos por precios remunerativos y el acceso a
la tierra, siguen siendo el eje de los combates capaces de modificar
las relaciones de fuerza sociales. Los sindicatos obreros y rurales son los
componentes esenciales del movimiento.

Pero es indudable que esas organizaciones «clásicas» que son el medio de
expresión y de acción de las clases dominadas, no han sabido adaptarse a los
nuevos desafíos. Las innovaciones en la estructuración del trabajo y en la
conducción de la vida económica consiguientes a la evolución del capitalismo
exigen nuevas formas organizativas y de lucha que constituyen, entre otras,
el programa de trabajo del Foro Mundial de las Alternativas. Sin embargo,
esto no justifica el desprecio con el que muchos de aquellos movimientos
miran a los sindicatos obreros y rurales llamados «tradicionales».

Las organizaciones topan con obstáculos considerables para traspasar las
fronteras estatales. ¿Cómo pueden ser superados? Pienso que el único medio
puede ser la orquestación de grandes campañas
mundiales focalizadas en objetivos estratégicos prioritarios. Algunos ejemplos:

– una campaña contra las guerras de Estados Unidos (llamadas preventivas) y,
sucesivamente, contra la evacuación de todas sus bases militares;

– una campaña a favor de derecho al acceso a la tierra, cuyo reconnocimiento
es vital para tres mil millones de campesinos de tres continentes;

– una campaña para la regulación de las tercerizaciones industriales;

– una campaña para la cancelación de todas las deudas externas del Tercer
Mundo.

Ninguna de estas campañas movilizará a «todo el mundo» y sus respectiivos
centros de gravitación serán diversos, pero todos ellos deberían lograr una
fuerte resonancia -no sólo en los países escogidos- de manera de hacer
avanzar concretamente las expresiones de un nuevo internacionalismo de los
pueblos.

Pienso que la amenaza principal que acecha al movimiento es el riesgo de
creer ingenuamente que se puede «transformar al mundo sin perseguir la
conquista del poder». Es cierto que en ciertos momentos de la historia ha
habido movmientos sociales poderosos que lograron cmabiar la sociedad. El de
1968 es en este sentido el mayor ejemplo. Cambió muchas cosas (en Occidente)
y en modo positivo: el auge de la reivindicación femenina y la
profundización de la responsabilidad democrática individual
se deben, entre otras cosas, a su impulso. Pero el capitalismo ha demostrado
que es capaz de absorber esas evoluciones sin que resulten cuestionados sus
modos fundamentales de explotación y de opresión.

EL FSM está hoy en día ante una opción decisiva. Tiene la posibilidad de
convertirse en vehículos de la construcción paciente de frentes capaces de
hacer progresar la convergencia en la diversidad de todas las fuerzas
progresistas del planeta. Para ello, creo que no hay mejor camino que la
definición de plataformas comunes articuladas en base al doble rechazo del
neoliberalismo y de la militarización de la globalización bajo el control de
Estados Unidos. Una alianza amplia y abierta de movimientos que operen en
esa perspectiva llevaría a colocar el acento en la construcción de
alternativas positivas. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Samir Amin, economista y escritor, es director del Foro del Tercer
Mundo, con sede en Dakar