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Negocio de armas fuera de control

May 31 2005

Por Francesco Screti

ROMA, may (IPS) – Italia es uno de los mayores exportadores de armas de uso civil y militar, ligeras y pesadas, a países en guerra, que violan derechos humanos o están sujetos a embargos internacionales. Se trata de un ?fenómeno fuera de control?, dijo a IPS Riccardo Noury, portavoz local de Amnistía Internacional (AI).

Las ventas son ?autorizadas y dirigidas a gobiernos?. Pero ?algunas están destinadas a países sometidos a embargo? o ?que las usan para violar los derechos humanos?, como China, Malasia, Turquía, Arabia Saudita, Siria, Argelia, India y Pakistán, añadió.

El tráfico ilegal desde Italia representa ?sólo 10 por ciento?. Hay que frenarlo, pero ?más urgente es detener el negocio legal, debido a su entidad?, sostuvo Noury.

?La industria bélica italiana tuvo un periodo de expansión entre los años 70 y 80, cuando exportaba cerca de 90 por ciento hacia países del tercer mundo?, dijo a IPS el profesor de geopolítica de la Universidad de Roma, Maurizio Simoncelli, miembro de Archivo Desarme, un instituto independiente de investigación.

El sector ?llegó a tener más de 80.000 empleados. Pero con la explosión de la deuda externa e insolvencia de estos países? debió reconvertirse modernizarse y ahora sólo ocupa entre 30.000 y 35.000 personas, explicó.

En los años 90, Italia se encontraba en el lugar 11 en la lista de mayores exportadores de armas de guerra, y en los últimos cinco años ascendió al séptimo puesto, dijo Simoncelli.

A juicio del secretario general de la asociación de las industrias militares y de la defensa, Carlo Festucci, el sector proporciona 50.000 empleos, contando la mano de obra de la aviación espacial civil y militar.

La industria aerospacial y bélica factura por año unos 7.500 millones de euros (9.355 millones de dólares), contribuye con 10 a 15 por ciento del saldo favorable de la balanza comercial y constituye entre 0,6 y 0,8 por ciento del producto interno bruto, según Festucci.

El artículo primero de la ley 185 de 1990 prohíbe la exportación de material bélico a países en guerra, sujetos a embargo total o parcial de armas establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) o por la Unión Europea (UE), o responsables de violaciones de derechos humanos comprobadas.

Además, el Ministerio de Asuntos Exteriores debe autorizar y registrar todas las transacciones a informar de las mismas al parlamento.

Las limitaciones legales son inclusive más estrictas que las de otros países y hasta excesivas, dijo Festucci a IPS, producto de intensas campañas de grupos pacifistas.

Algunos intentos de ablandar la norma fueron exitosamente resistidos por los pacifistas y organizaciones como AI.

Lo cierto es que la ley se aplica cada vez menos estrictamente, favoreciendo un comercio que tiene mucho peso en la economía nacional.

En momentos en que la economía italiana pasa por un relativo estancamiento, el negocio de las armas no cesa de crecer. Las exportaciones autorizadas pasaron de 856 millones de euros en 2000 a 1.490 millones (1.860 millones de dólares) en 2004, dijo Festucci.

El ministro de Asuntos Exteriores, el derechista Gianfranco Fini, sostuvo en su informe de marzo al parlamento que ?entre las autorizaciones otorgadas, además de no haber países de las categorías indicadas en el artículo uno de la ley?, se mantuvo ?una posición prudente hacia los países en estado de tensión?.

¿Y China? Según la ley vigente, Italia no podría venderle armas.

El 27 de junio 1989, la UE impuso un embargo a la compraventa de armas a China, tras la represión y matanza de opositores y estudiantes en la plaza de Tiananmen, de Beijing, en junio de 1989. En diciembre de 2003, el bloque prorrogó esas sanciones.

Las ventas italianas ?humillan a los que en Tiananmen perdieron sus vidas defendiendo los valores de la libertad y de la dignidad humana?, dijo a IPS el diputado del bloque ecologista y pacifista de los Verdes, Paolo Cento.

El mercado del armamento pesado esconde al de armas pequeñas, responsables, según la ONU, de la mayor parte de las muertes violentas.

Para la legislación italiana, este tipo de armamento (pistolas, fusiles, escopetas, granadas, morteros, explosivos, municiones) es de uso civil, aunque ?pueden usarse perfectamente en guerra?, señaló Simoncelli

?Nos gustaría cancelar totalmente la venta de armas y abolir los gastos militares. Pero es imposible, debido a la actual gestión de la política internacional, basada sobre el uso de la fuerza? y a la influencia ?del lobby de las armas, incluso en la izquierda?, dijo Cento.

?En lugar de interrogarse sobre la oportunidad de una reconversión, sería oportuno que un país que quiere con razón colocarse entre los más industrializados sostuviese un sector tan estratégico como el de la defensa?, replicó Festucci.

Para Simoncelli ?la opción pacifista radical? es improbable por no ser compartida por la mayoría. Pero es posible vender armas responsablemente, agregó.

Según datos de la ONU, Italia es el segundo exportador de armas ligeras de uso civil. En 2003 exportó por 306 millones de euros (380 millones de dólares).

Cuando nació la ley que reglamenta este comercio, en 1975, no había ?peligro de que (las armas pequeñas) salieran al exterior?, dijo Simoncelli.

Pero luego de la disolución de Unión Soviética, en 1991, estallaron en Yugoslavia, Chechenia y Ruanda ?guerras internas entre fuerzas gubernamentales y rebeldes, o entre grupos étnicos?, en las cuales ?no se usan aviones, barcos o tanques, sino armas ligeras?, sostuvo.

?Como en estos conflictos predominan las tropas no calificadas?, tiene gran demanda el armamento simple y de bajo costo ?que incluso los niños podrían utilizar?, dijo.

La duración de estos conflictos asegura la permanencia de las armas, su pasaje a bandas armadas o grupos paramilitares que las utilizan o las comercian, ?alimentando conflictos que viajan de una región a otra?, describió.

Aunque ?38 por ciento de estas exportaciones se dirigen a Estados Unidos?, también son compradores ?Rusia, en conflicto con Chechenia, Turquía, que tiene en Kurdistán una situación preocupante, Argelia, en estado de tensión, Indonesia, que combate en el Aceh, y Afganistán, donde la pacificación del territorio es meramente virtual?, continuó Simoncelli.

Las armas son ?una mercancía con implicaciones políticas significativas? y constituyen un problema que ?no se puede pensar en términos nacionales?, pues el mundo actual es interdependiente y empresas ?como Beretta, cuya central está en Italia, tienen plantas en todo el mundo?, apuntó.

Así, para satisfacer un encargo que fuera ilegal en Italia, la empresa podría derivarlo a alguna filial emplazada en un país con leyes más permisivas, ejemplificó Simoncelli.

?Ahora que en algunos países africanos empiezan a nacer pequeñas fábricas de armas?, se impone ?una iniciativa internacional, común a todos los países productores?, opinó.

La UE lleva varios años intentando establecer un código de conducta.

Desde octubre de 2003 una campaña inspirada por la International Action Network on Small Arms (Red Internacional de Acción sobre las Armas Pequeñas), AI y la organización benéfica británica Oxfam, presiona a los gobiernos para que adopten una normativa internacional.

La campaña Control de Armas presentará su propuesta en 2006 ante la ONU, junto con un millón de rostros fotografiados, que testifican la voluntad de la sociedad civil internacional.

AI dirigió una carta al primer ministro italiano Silvio Berlusconi, solicitando un apoyo a la propuesta, que ya prestó su homólogo británico Tony Blair.

En Italia también se espera que ?corrijan sus posiciones aquellos que últimamente abogaron por el levantamiento del bloqueo europeo a China?, dijo el activista Noury.

Esto concierne al presidente Azeglio Ciampi, quien en su último viaje a China apoyó la venta de armas a ese país, ?pero también a Romano Prodi?, dirigente de centroizquierda que siguió el mismo prospecto mientras fue presidente de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, explicó Noury.

Desde el otro extremo, el industrial Festucci postuló que ?seguridad, libertad y paz son bienes irrenunciables?, que ?cuestan y se pagan (con armas), porque no se pueden garantizar y defender sólo con manifestaciones y marchas?. (FIN/2005)