General

Racismo Ambiental

May 26 2005

Por Mark Sommer (*)

ARCATA, CALIFORNIA, May (IPS) – En todos los tiempos y en todas las
latitudes, los pobres y los discriminados por motivos raciales han sido
desplazados hacia las tierras menos favorecidas y menos fértiles, más
propensas a inundaciones y sequías.

Pero sólo en las últimas décadas ha quedado en evidencia cómo las industrias
tóxicas se sitúan en forma desproporcionada en las vecindades de estos
grupos poblacionales, que carecen de recursos para oponerse eficazmente o
trasladarse a lugares más seguros.

El racismo ambiental es un fenómeno estrechamente asociado a la
globalización económica.

La mayoría de las empresas multinacionales del Norte prefiere deshacerse de
sus residuos en los países del Sur, donde la pobreza y la falta de empleo
transforman al manejo de la basura tóxica en una trágica necesidad. Es
asimismo neta la tendencia de las industrias contaminantes a instalarse en
países donde la mano de obra es barata, como China e India. Con ello no sólo
disminuyen los costos laborales, además eluden las regulaciones ambientales
que rigen en sus países de origen y que harían a sus productos menos
competitivos.

La discriminación se reproduce en algunos países del Sur. Por ejemplo, en su
precipitada arremetida hacia el desarrollo económico, China está sometiendo
a sus ciudadanos más pobres a grandes riesgos al mantener en sus cercanías
actividades manufactureras sin tener en cuenta sus letales impactos en el
aire, el agua y el suelo que los rodea.

A menudo los medios de comunicación conceden una cobertura fugaz a los
accidentes industriales distantes. El catastrófico derrame de químicos
letales en una instalación de la Unión Carbide en Bhopal, India, hace dos
décadas, provocó 3.000 muertes y 500.000 heridos. Fue el peor accidente
industrial de la historia.

Sin embargo, mientras el ataque al World Trade Center en Nueva York en
septiembre de 2001, que mató a una cantidad semejante de personas que en
Bhopal, pero que hirió a menos, atrajo la atención mundial hasta el punto de
transformar la agenda global, Bhopal fue pronto olvidada.

Aún en una nación opulenta como Estados Unidos, los polos de pobreza atraen
a las industrias contaminantes.Los residentes pobres y en mayoría no blancos
de las comunidades que bordean las plantas petroquímicas gigantes en el
llamado “Callejón del Cáncer? en el estado de Luisiana y en otros sitios
alrededor del país, son afectados en forma desproporcionada a causa de la
contaminación del aire, el suelo y el agua, y de envenenamiento por
pesticidas y plomo.

Pero no es fácil realizar estudios probatorios de las relaciones
causa-efecto entre la contaminación y las enfermedades. Se requieren
investigaciones a largo plazo y costosas que casi siempre los afectados no
pueden exigir.

En Diamond, Luisiana, una comunidad afro-americana situada junto al río
Mississippi a lo largo del llamado Corredor Químico entre Nueva Orleans y
Baton Rouge, varios cientos de descendientes directos de esclavos viven
entre dos enormes refinerías químicas instaladas por la corporación
petrolera Shell. Durante medio siglo ellos han subsistido con un cóctel
tóxico de aire contaminado, quemas masivas de gas y periódicos accidentes
industriales.

Los residentes de Diamond han padecido enfermedades que según ellos
provienen de su exposición a las operaciones químicas de Shell: dolores de
cabeza, alergias, asma, males respiratorios, afecciones a la piel, además de
numerosos casos de cáncer que han cobrado muchas vidas.

Sin embargo, en la comunidad de Norco (que incluye oficialmente a Diamond)
el 98% de los habitantes son blancos. Las dos comunidades están separadas
por una franja arbolada y por un abismo de cultura y experiencia que las
convierte en mundos aparte. Al contrario de los residentes de Diamond, pocos
de los cuales han podido conseguir un trabajo en Shell, en la comunidad
blanca de Norco prevalecen los empleados de la corporación, que ha
proporcionado escuelas, hospitales y otras forma de asistencia a varias
generaciones de residentes.

Mientras los habitantes de Diamond denunciaban síntomas severos de
contaminación química sus vecinos de Norco sostenían que su estado de salud
era mejor que el promedio nacional. Las contrastantes percepciones de las
dos poblaciones muestran las consecuencias de la segregación
institucionalizada.

A mediados de los 90, los residentes negros de Diamond se embarcaron en una
ardua campaña para conseguir que Shell les comprase sus terrenos a precios
que les permitieran reubicarse. Resistente al principio, Shell sucumbió
finalmente a las presiones de una campaña orquestada magistralmente por
militantes ambientalistas en todo el país, y a la acción de expertos legales
y científicos que rebatieron exitosamente los argumentos de la industria y
del gobierno.

Ayudaron a la campaña otros casos de lucha ambientalista, como la notoria
represión de Shell sobre la comunidad Ogoni, en el delta del Níger. Durante
una conferencia internacional sobre cambio climático, la dirigente de base
de Diamond, Margie Richard, le mostró a un funcionario de Shell una muestra
del cóctel tóxico de Diamond y le pidió que lo oliese. Asombrado y
conmovido, Robert Kleiburg movilizó rápidamente a la alta dirigencia de
Shell para adoptar acciones que impidan la repetición de una experiencia
semejante a la de Nigeria.

Con el tiempo, el aparentemente quijotesco reclamo de una indemnización por
parte de Diamond no sólo tuvo éxito, sino que se convirtió en un modelo para
las campañas por la justicia ambiental en otros países..

Entre las muchas lecciones de esta experiencia ,se destaca la de que el
éxito depende de la coordinación de diversas estrategias complementarias:
activismo de base, experiencia científica y legal, obtención de fondos de
fundaciones, participación de celebridades y políticos y la movilización de
diversas asociaciones en los niveles local, nacional e internacional. Y se
requiere presteza tanto para erigir barricadas como para tender puentes, en
el marco de un entendimiento compartido entre los aliados de que tales
tácticas, aparentemente contradictorias, son a menudo esenciales. Así como
es decisivo permanecer fiel a los principios originales, es fundamental
comunicarse a nivel humano con aquellos que desde “el otro lado? defienden
intereses diferentes a los nuestros pero igualmente respetables. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) El periodista estadounidense Mark Sommer dirige el Mainstream Media
Project y coordina el premiado programa radial «A world of possibilities».