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Si ?frica pudiera, votaría contra la Constitución Europea

May 27 2005

Por Aminata D. Traore (*)

BAMAKO, May (IPS) – El debate sobre el Tratado Constitucional Europeo que en
estos días enfervoriza a los franceses tiene para ellos una dimensión
nacional o, a lo sumo, europea. La aprobación o la oposición a la propuesta
sobre la libre competencia incluida en el referéndum constitucional del 29
de mayo es uno de los temas que desencadenan pasiones y desgarran a los
partidos políticos franceses. Sin embargo, numerosos actores de esta
controversia no advierten que también existe una dimensión extranjera y
particularmente africana.

Pero yo estoy convencida de que son tan grandes el peso del pasado colonial
y la influencia de Francia en la vida política y económica de su «patio
trasero» que es interés de los países africanos tomar parte en la discusión
sobre el referéndum, especialmente sobre los temas vinculados con los retos
y los costos del modelo neoliberal. Si así fuese, el conflicto en Costa de
Marfil, la crisis en Togo y la que afecta a los países africanos productores
de algodón podrían ser vistos a través de un enfoque esclarecedor. Quiero
significar que los mismos padecimientos y descontentos consiguientes a las
reformas neoliberales deberían ser interpretadores de igual manera desde
Paris o desde Abidjan. A menos que los poderosos de este mundo hayan
decidido que los debates que cuentan sobre el sentido de las reformas y de
la historia están reservados a las naciones «ricas y civilizadas» y que los
pueblos pobres y hambrientos del Sur sólo tienen el derecho de votar para
elegir a hombres y mujeres que lleven a la práctica las políticas económicas
que aún en el Norte generan malestar y resistencia.

Los partidarios del Sí aseveran que la nueva constitución implica un
progreso en relación a los tratados precedentes, precisamente debido a sus
costos sociales y humanos elevados. Y no toman en cuenta las consecuencias
nefastas de los programas de ajuste estructural aplicados a Africa con el
respaldo de Europa y cuya lógica es la misma de los tratados de Maastricht,
Amsterdam y Niza.

Es verdad que los africanos no nos hemos empeñado en denunciar esos
tratados. Y nos hemos ilusionado con la idea de que estamos construyendo la
democracia en nuestros países, mientras lo que realmente hacemos es seguir
los dictados de las naciones industrializadas para la creación de un entorno
político y económico en conformidad con sus normas, valores e intereses.

Si aceptamos, como sostienen los partidarios del Sí, que la nueva
constitución contribuirá a suavizar las costumbres europeas (de las que
hasta ahora los africanos sólo hemos experimentado sus aspectos mercantiles)
al colocar el acento sobre la ocupación, la solidaridad y la igualdad…
¿qué consecuencia puede tener esa evolución sobre la cooperación entre la
Unión Europea y Africa, El Caribe y el Pacífico (UE/ACP)? ¿Acaso serán
revisados los acuerdos de asociación económica que se negociarán en el marco
de Acuerdo de Cotonou a fin de completar la apertura comercial de nuestros
países? ¿La pesada carga de la deuda exterior de Africa, será quizás
aliviada con una política más efectiva que la de la infructuosa iniciativa
para los Países Pobres Altamente Endeudados? ¿La Europa que se perfila en la
nueva constitución será más justa en relación a los precios de nuestros
productos básicos y al tratamiento de nuestros emigrantes?

Ya que no podemos elegir a nuestros dirigentes en función de sus posturas en
esos asuntos vitales -nuestras democracias se limitan a la organización de
elecciones transparentes- y considerando además la notable influencia de
Francia sobre nuestras naciones, los africanos deberíamos irrumpir en el
debate sobre el tratado constitucional para denunciar cómo la Europa en
construcción nos impone reformas que generan pobreza, odio y guerras.

La Francia oficial se equivoca al creer que, en el marco de la construcción
regional, podrá fusionarse en la Europa de 25 países relegando al olvido su
pasado colonial y renegando su parte de responsabilidad en el estado actual
del continente africano.

Los problemas de Costa de Marfil, de Togo y de otros países africanos deben
enfocarse en términos de participación económica ya que, a diferencia de los
europeos, no tenemos los medios para hacer frente a la naturaleza
depredadora y alienante del sistema económico que decide nuesto destino.

En resumen, si pudiéramos votar diríamos No al Tratado Constitucional
europeo para recordarle a Francia que ayer despojó al continente africano
(esclavitud, saqueo de materias primas) y hoy lo está arraastrando hacia una
globalización mercantil a través de su política de cooperación sin
reconocerle los costos sociales, políticos
y económicos de la aventura.

Solamente una Europa perfectamente consciente del grado de deshumanización
del mundo actual y decidida a remediarlo en su propio ámbito puede ser capaz
de ayudar a que hagan lo mismo los pueblos oprimidos y desemparados de
Africa y del Sur. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Aminata D. Traore, escritora y ex ministra de cultura de Malí.