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Brasil: La carcajada de las hienas

Jul 18 2005

Emir Sader

La derecha está eufórica. Es como se hubiera caído otro muro de
Berlín. Si el PT también está envuelto en la corrupción, nada
mejor, todo es igual y la derecha, responsable del campeonato
mundial de la desigualdad que vergonzosamente ostentamos,
puede continuar gobernando Brasil como siempre hizo.

«Tucanes» (1) y pefelistas (2) salivan, pavlovianamente, degustando
anticipadamente el retorno al gobierno para continuar
reproduciendo el Brasil de las inequidades, desigualdades,
miseria, abandono, corrupción, privatizaciones y renuncia a la
soberanía nacional. Periodistas que nunca votaron en la izquierda,
se decepcionan con el gobierno Lula, pero no con la política
económica, que siempre apoyaron, mientras el clima bushiano de
«guerra fría» invade portadas y páginas de revistas y periódicos de
la prensa monopolista privada.

Está abierta la mayor campaña de denuncias patrocinada por los
mass media, incomparable a lo que fue hecho contra Collor y,
sobre todo contra Fernando Henrique Cardoso (FHC), que
protagonizó uno de los mayores casos de corrupción de la historia
de Brasil, como son las privatizaciones, ¡que ni siquiera
merecieron CPI! (Comisión Parlamentaria de Investigaciones).

El gobierno Lula y el PT permitieron la ofensiva de la derecha. La
opción por el continuismo de la política económica heredada de
FHC, inicialmente considerada «herencia maldita», pero después,
adoptada e intensificada por el equipo económico, bloqueó la
capacidad de promover la prioridad de lo social, compromiso
histórico del PT y reafirmado por la campaña de Lula, en 2002. Si
hubiera osado, como hacen otros gobiernos de América Latina con
mucho menos condiciones que el propio gobierno Lula, habría no
solo mantenido y ampliado el apoyo popular, sino conseguido el
apoyo parlamentario, porque pocos arriesgarían quedarse fuera de
un proceso inédito de democratización de la mayor dictadura
social del mundo. El gobierno Lula y el PT fueron igualmente
responsables por la búsqueda de apoyo por medio de
negociaciones que, comprobadamente o no a través de la
compraventa de votos, se hicieron de forma anti-ética,
reproduciendo algunos de los peores vicios de la política brasileña
y prestando un enorme servicio a los grandes intereses
económicos, que quieren desmoralizar la política para continuar
imponiendo la lógica del capital especulativo.

El PT es responsable, no sólo por las prácticas que desarrolló,
sino también por negarse a ser el portador de las propuestas
históricas del partido y de los movimientos sociales, en un
gobierno que, aun así, abrigó políticas innovadoras, como la
política externa, la política de educación y de cultura, entre otras,
aunque haya incentivado la hegemonía de una política económica
del ajuste fiscal, de las tasas de intereses reales más altas del
mundo, de la restricción de recursos de las políticas sociales, etc.
Callarse y hacer callar la insatisfacción de la militancia del partido,
de los movimientos sociales y de la izquierda en general, fueron
errores que contribuyeron a la crisis actual del partido.

Al cambiar su dirección, el PT adquirió una nueva oportunidad,
probablemente la última, de rescatar su bella trayectoria histórica,
preservando la acumulación de fuerzas de las tres últimas
décadas, un patrimonio que no es sólo del partido sino de la
izquierda, de los movimientos sociales y de las luchas del pueblo
brasileño. El PT necesita poner la casa en orden, como condición
para retomar su credibilidad, pero sólo eso no es suficiente para
rescatar la imagen de la izquierda que, hoy, sufre las
consecuencias de la crisis del PT y de la trayectoria asumida por
su gobierno. Lula necesita retomar la iniciativa política, debe
aliarse a todas las fuerzas de izquierda, de dentro y de fuera del
gobierno, de dentro y de fuera del PT, a los movimientos sociales,
a la intelectualidad crítica, a todos los que se oponen al
neoliberalismo y a la hegemonía imperial del mundo.

Es preciso hacer un balance autocrítico, político y de los métodos
de organización, esas dos dimensiones inseparables, retomar los
temas fundamentales de la izquierda, comenzando por la ética en
la política y por la prioridad de las políticas sociales, pero,
también, por un modelo económico centrado en el mercado interno
de consumo popular, por la reforma agraria, por la economía
familiar campesina, por la lucha contra los transgénicos, por los
derechos de los pueblos indígenas, por la defensa de la Amazonia,
por el presupuesto participativo, por una reforma política
democrática y pluralista, por la integración latino- americana y del
Sur del mundo, por una reforma universitaria que refuerce las
universidades públicas, por el fortalecimiento de la educación
pública en todos sus niveles, por la universalización de las
políticas sociales de educación, salud, saneamiento, cultura y
recreación.

En suma, si el PT quiere superar su crisis actual, necesita abrir el
debate sobre una plataforma de izquierda para el país con todas
las fuerzas sociales interesadas en esa alternativa y que, por lo
tanto, están descontentas y dispuestas a luchar contra el modelo
económico y sus fraccionamientos, esos mismos que están en la
raíz de la crisis política actual. Debe reconocer el agotamiento de
su política económica con sus crueles efectos en el plano social,
proponiendo los ejes de una alternativa donde puedan prevalecer
los pilares del «otro mundo posible» con el cual la izquierda está
comprometida y que ya fueron expresados en el manifiesto de los
movimientos sociales denominado «Carta al pueblo brasileño».

Sólo existe una sola salida positiva de la crisis brasileña y ella
pasa por la reafirmación de la izquierda con perfil y características
propias. Sólo así será posible sofocar la carcajada de las hienas y
hacer que vuelva la sonrisa de esperanza al pueblo brasileño, esa
víctima permanente de las élites en el poder y único protagonista
de cualquier política, gobierno y partido que se pretendan de
izquierda. (Traducción ALAI)

(1) Se denominan «tucanes» a los integrantes del Partido Social
Demócrata de Brasil (PSDB).

(2) Pefelistas, miembros del Partido del Frente Liberal (PFL).

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