General

Guardianes de la democracia

Jul 22 2005

Atilio A. Boron

ALAI-AMLATINA 07/2005, Buenos Aires.- La semana pasada
se dio a conocer en Washington el informe que, bajo el poético
título de «Un Claro en las Nubes», había producido el Diálogo
Interamericano sobre la situación de América Latina y el Caribe en
2005. Distintos boletines de prensa que difundieron la noticia
mundialmente decían -como por ejemplo en el diario conservador
argentino La Nación- que en dicho informe «reconocidos expertos»
alertaban sobre la crítica situación de la democracia en nuestra
región. La nota se abría, no por casualidad, con un párrafo en
donde se decía que los expertos que lo elaboraron, más de cien,
habían concluido que «Venezuela y Haití difícilmente califican hoy
como democracia», mientras que pocas líneas más abajo se
advertía al lector que Cuba no había sido considerada en el estudio
por ser el único estado autoritario en el bienaventurado océano
democrático latinoamericano.

El documento del DI sintetiza los lugares comunes del discurso
oficial norteamericano. La premisa del DI es que, en materias
fundamentales, no existe oposición entre los intereses de los
Estados Unidos y los de sus lastimeros vecinos del Sur. A partir
de tan «realista» supuesto es fácil imaginar los disparates y las
aberraciones a las que llega el informe en su afán por promover el
diálogo entre las dos regiones. «Diálogo» es un eufemismo cuya
traducción exacta es «aceptar mansamente nuestro ineluctable
destino neocolonial bajo el dominio de la Roma americana». Ese
es el objetivo del DI, para lo cual ha reclutado a un sector del
establishment norteamericano, gente que todavía se emociona al
recordar el «idealismo» de Woodrow Wilson pero que pareciera
ignorar su miserable conducta en Versailles, en las negociaciones
que siguieron al fin de la Primera Guerra Mundial, o su «idealista»
decisión de enviar marines a México, Nicaragua y Haití a restaurar
el orden amenazado por la plebe. También se emocionan con
Franklin D. Roosevelt y su política del «buen vecino», pero olvidan el
apoyo que le brindara a alguna de las más feroces satrapías de las
Américas, como las inaugurada por Anastasio Somoza en
Nicaragua. Se enternecen con el recuerdo de John F. Kennedy y
su «Alianza para el progreso», pero olvidan la invasión de Playa
Girón, la «Operación Mangosta» contra Cuba y el martirio de
Vietnam. En fin, gente bien intencionada pero un tanto
incoherente. El DI tiene como contraparte a una amplia cohorte de
políticos e intelectuales latinoamericanos, en general,
protagonistas de la tan exitosa «transición democrática» que
hemos experimentado por estas tierras desde el fin de las
dictaduras. Desde su creación, el DI ha publicado reportes
permanentes sobre la situación de América Latina. La elocuencia
con la que nos tranquiliza al hablar de los grandes avances de la
democracia gracias a la obra de Alfonsín, Sanguinetti, Cardoso y
Lagos, sin embargo, se convierte en un estridente mutismo a la
hora de producirse el fallido golpe de Estado liderado por Carmona
y sus secuaces en Venezuela. Hasta donde se sabe, como lo
atestigua el sitio web del DI, no hubo para tal ocasión ninguna
declaración.

Apostando temerariamente a la amnesia de sus lectores
argentinos el diario La Nación informa que entre los «expertos» en
cuestiones democráticas y de progreso económico y social se
incluye José María Dagnino Pastore, de quien se dice que fue ex-
ministro de Economía y Trabajo de la Argentina. Lo que no se dice
es que lo fue durante dos brillantes etapas democráticas de ese
país: una, presidida por el General Juan Carlos Onganía, como
gestor del infame golpe oligárquico- clerical de la llamada
«Revolución Argentina» y su noche de los bastones largos contra
los científicos de la Universidad de Buenos Aires y otra inaugurada
por el General Jorge Rafael Videla en 1976 y que cristalizara en la
dictadura genocida que llevaría a la Argentina a su ruina. Este es
uno de los expertos cuyo juicio hemos de aceptar como inspirado
en los más elevados ideales democráticos. Entre otros notables
demócratas sobresalen Enrique Iglesias, presidente del BID, ex-
Secretario Ejecutivo de la CEPAL, y el hombre que en esta última
institución borró con meticulosidad todas las huellas críticas
dejadas por el pensamiento de Raúl Prebisch. Desde el BID
convirtió a esa organización en una rueda de auxilio del FMI, a
cuyos dictados se sometió indignamente imponiendo brutales
«condicionalidades» a los gobiernos de la región que quisieran
obtener los préstamos del BID. Con tales políticas, el BID
contribuyó decisivamente a la imposición del neoliberalismo y sus
secuelas de pobreza, exclusión social y deslegitimación
democrática. Otro de los «expertos» que avalan el informe es el
inefable Mario Vargas Llosa, celosísimo custodio de los derechos
humanos y la democracia en América Latina, pluma incansable al
servicio de las mejores causas del imperio pero cuya elocuencia
se transfigura en un sospechoso mutismo a la hora de juzgar las
tropelías y crímenes cometidos por sus benefactores en la Base
Naval de Guantánamo, en la prisión de Abu Ghraib, o cuando
amparan terroristas o envían a sus detenidos a ser interrogados en
países en los que la tortura es legal. Otros distinguidos miembros
del DI son el ex- presidente mexicano Ernesto Zedillo, célebre por
la forma democrática como manejó el conflicto con los Zapatistas;
el ex-presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada,
eminentísimo varón cuya incomprendida lucha por la libertad, la
justicia y la democracia originó las iras de un pueblo conocido por
su ancestral ingratitud hacia sus gobernantes. La dirección de este
selecto grupo de expertos recayó en Fernando H. Cardoso, quien
como presidente de Brasil aconsejara a sus lectores que «se
olviden de todo lo que escribí» (cosa que él mismo había hecho
unos años antes, habida cuenta del insalvable hiato que separaría
sus escritos como científico social de sus obras como presidente)
antes de abrir de par en par las puertas de Brasil al Consenso de
Washington, haciendo del Brasil el país más injusto del planeta.
Completa la composición de este panel una tenebrosa lista de
funcionarios de casi todas las dictaduras de la región, políticos y
«expertos» de nuestras capitulantes pseudo- democracias y
voceros de las transnacionales.

Esta es la gente que dice que Cuba es autoritaria y que Venezuela
difícilmente califique como democracia. Para estos expertos el
Chile regido por la constitución pinochetista, con un régimen
electoral increíblemente irrespetuoso de los derechos políticos de
las minorías y sin supremacía civil sobre las fuerzas armadas era
una democracia; pero la Venezuela de Chávez, con sus ocho
elecciones consecutivas ganadas limpiamente, bajo el ojo avizor
del Centro Carter y de la OEA – instituciones que habrían
decretado la nulidad de las elecciones presidenciales de los
Estados Unidos en el año 2000, que culminaron en el «golpe de
estado institucional» que consagró a George W. Bush Jr. como
presidente- no lo es. Países que jamás conocieron un referendo
popular, o que reforman sus constituciones a puertas cerradas,
son bendecidos como democracias, mientras que un presidente
que se somete a mitad de mandato a un referendo revocatorio,
como Chávez, no es democrático. Venezuela es el único caso de
un Estado que somete la reforma constitucional a un veredicto
popular. En los demás las reformas se hicieron a puertas cerradas,
en nombre de la «democracia representativa». Países que
entregaron sus riquezas y el control de sus economías a las
transnacionales sin la menor consulta a la ciudadanía; o que,
como México y Chile, firmaron un tratado de libre comercio con los
Estados Unidos que los somete para siempre a los dictados del
imperio sin ofrecer a la ciudadanía la más mínima información y,
mucho menos, la posibilidad de una decisión popular por la vía del
referendo, son exaltados como vibrantes democracias, mientras
que espesas sombras de sospecha se arrojan sobre Venezuela y
se condena a Cuba, el único país de América Latina con acceso
universal y gratuito a la salud y la educación. Con demócratas
como éstos, ¿cómo no va a estar en crisis la democracia?