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¿Hacia dónde va el periodismo?

Jul 12 2005

Apuntes de cuatro experimentados profesionales de la comunicación

La presencia del Internet, los cambios que esto ha significado en el público y la necesidad de mantener la esencia del oficio, son el eje común.

Como parte de la celebración de los 10 años de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por Gabriel García Márquez, se reunieron en Bogotá periodistas nacionales y extranjeros para debatir durante un día en torno a una pregunta: ¿Hacía dónde va el periodismo?

Estos son fragmentos de las palabras de cuatro de los periodistas invitados.

Como el tango
Daniel Santoro
Periodista de ‘El Clarín’ de Buenos Aires

“(…) ¿Somos responsables los periodistas de investigación por la crisis de credibilidad de los políticos? No podemos serlo por aquellos políticos que usan la máquina de mentir frente a la opinión pública y que se enriquecen en forma ilícita cuando llegan al gobierno. Pero si es cierto que algunos periodistas irresponsables se convirtieron en denunciólogos y metieron a todos los políticos en una puerta giratoria de desgaste. En medio del vértigo de las redacciones, no debemos olvidar que sin Estado y sin partidos políticos que practiquen la política con mayúscula no hay democracia. Entonces, es nuestro deber no generalizar, no practicar un periodismo de campanazos, de denuncias vacías que pueden darnos más diarios vendidos un día o más ráting y luego llevan a la gente a no participar de la vida de los partidos políticos.

“Es hora de que los periodistas hagamos una autocrítica. Y aceptemos que nos equivocamos cuando presentamos nuestras investigaciones de corrupción como si fuera únicamente responsabilidad de los políticos y funcionarios. La corrupción es como el tango, se baila de a dos y muy juntitos. ¿Cambiaron en Argentina y Brasil los empresarios que en los setenta sobornaron a funcionarios menemistas o de Collor de Melo para ganar obras públicas o quedarse con empresas del estado? La respuesta es no. Es nuestro deber poner la lupa sobre las dos partes y reclamar reglas de juego claras y transparentes para los negocios (…)?

Peste narcisista
Tomás Eloy Martínez
Escritor y periodista argentino

“(…) Lo que está enfermando a la profesión periodística es una peste de narcisismo. Lamento coincidir en ese punto con el australiano Rupert Murdoch, que tanto daño ha causado comprando medios sólo para degradarlos y venderlos después, pero el narcisismo -del cual el propio Murdoch es un buen ejemplo- se advierte ahora casi a cada paso.

“Una inmensa parte de las noticias que se exhiben por televisión están concebidas sólo como entretenimiento o, en el mejor de los casos, como diálogos donde las preguntas no están sustentadas por información. Y entre las radios y los periódicos se ha creado un atroz círculo vicioso, que empieza -o termina, puesto que se trata de un círculo- con entrevistas que las radios hacen a personajes destacados por los periódicos, para que estos publiquen, a su vez, las reacciones de esos personajes, y así hasta el infinito.

“(…) La necesidad de cortejar a los poderes de turno para asegurar el pan publicitario ha convertido a muchos periódicos que nos hicieron abrigar esperanzas de cambio en meros reproductores de lo que dicen los edictos de los gobiernos u ordenan las empresas de propaganda.

“Crear una agenda propia es otra de las obligaciones fundamentales del periodismo como acto de servicio a la comunidad, pero hasta ‘The New York Times’ se olvidó de esa lección elemental cuando empezaron los abusos de la cruzada contra el terrorismo, y las historias de muertos en Irak o de torturas en Abu Ghraib y en Guantánamo fueron lavadas por muchas aguas antes de saltar desde sueltos menudos en la décima página a crónicas bien informadas en la primera.

“Alguna vez dije que a la avidez de conocimiento del lector no se la sacia con el escándalo sino con la investigación honesta; no se la aplaca con golpes de efecto sino con la narración de cada hecho dentro de su contexto y de sus antecedentes. Al lector no se lo distrae con fuegos de artificio o con denuncias estrepitosas que se desvanecen al día siguiente, sino que se lo respeta con la información precisa.

“ El periodismo no es un circo para exhibirse, ni un tribunal para juzgar, ni una asesoría para gobernantes ineptos o vacilantes, sino un instrumento de información, una herramienta para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta (…)?

Cómo se hace la salchicha
Joaquín Estefanía
Director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid

“(…) Gran parte de la ciudadanía ve a los medios no como una institución representante de la misma y que actúa en su nombre (el célebre contrapoder), sino como parte de un poder establecido del que se sienten apartados (el cuarto poder).

“En este sentido, los periodistas hemos perdido más de un tren, y los medios de comunicación, más que perderlos se han puesto a escoltarles, a servir de caja de resonancia de afirmaciones no siempre verídicas; a atenuar las dudas y a negar las disonancias. Lo contrario de aquello para lo que existen y tienen su función social.

“Ante esta crisis de credibilidad, ¿cómo recuperar el favor de nuestros clientes? Con ocasión del affaire Jason Blair (un reportero que durante muchos años se inventó las historias que publicaba sin que ninguno de los organismos de control del periódico lo detectase) el ‘New York Times’, sin duda una de las cimas del periodismo mundial, abrió un fuerte debate sobre cómo recuperar las cuotas perdidas. Ese debate llevó a un concepto que los medios exigimos todos los días a los demás, pero del que no nos hemos dotado nosotros mismos: la transparencia.

“Para que los ciudadanos consideren imprescindible el periódico, como nosotros queremos, éste ha de abrirse a los ciudadanos.

“El lector tiene necesidad de saber cuál es el funcionamiento real del mundo de los medios, para fiarse de ellos.

“La opacidad refuerza siempre la sensación de manipulación. La consigna es explicar qué hacemos, por qué lo hacemos y por qué es importante para la ciudadanía lo que hacemos.

“¿Cómo se puede dirigir una redacción si estás insistiendo permanentemente (de cara al público y de cara a los propios periodistas) en que todas las demás instituciones del mundo deben ser transparentes, si tú no practicas ese mismo grado de transparencia que exiges?

“Si los medios han de ofrecer información verdadera acerca del comportamiento de las instituciones y de las personas que ostentan cualquier poder, entonces no vale aplicarnos a nosotros el principio de los charcuteros que dicen que no hay que permitir al público ver como se hace una salchicha, porque nunca volverían a comprarla (…)?

Cantidad no garantiza calidad
Jean Francois Fogel
Experto en prensa digital, asesor de ‘Le Monde’

“(…) Tanto los más jóvenes como los más viejos, hacemos parte de la generación que ha conocido la aparición del sexto medio de comunicación de masas. Seremos los periodistas que no tuvieron que conformarse con la utilización del libro, del periódico, del cine, de la radio y de la televisión, sino que pudieron diseñar un medio nuevo, potente y casi libre de cualquier control por parte de los gobiernos.

“Frente a esa oportunidad histórica, la de inventar el futuro del periodismo, existen tres peligros, tres actitudes equivocadas que vamos a rechazar de principio. Son la euforia, la fascinación y la nostalgia.

“La euforia es lo que provoca el auge de los números. Por eso no voy a citar ninguno. Sólo he de recordar una de las leyes que rigen el tráfico digital en la red mundial, la ley de Gilder. Se trata de una premisa sobre la evolución del ancho de banda utilizada en el mundo entero para el tráfico de información. La ley de Gilder dice que el diámetro de ese tubo por donde circula dicha información se duplicaría cada año hasta 2005. Por el momento está demostrado. Algunas veces esa duplicación no necesitó más de cien días en los años noventa. Sí, hay un auge de los números. Pero menos mal la información no se confunde con el periodismo. No hay razón para que los periodistas sean eufóricos.

“La otra actitud peligrosa, la fascinación, amenaza a los que se enfocan en el cambio tecnológico. Veinte años después de abandonar el plomo para componer texto en los periódicos, los PC se conectaban a una red mundial de sitios de información. Y este ensanche de la tecnología no se detiene: alta velocidad, internet inalámbrico, navegadores en los teléfonos, fusión de los contenidos en todos los soportes, etc. No hay un lugar, un momento, una situación donde no se pueda recibir un contenido. Pero menos mal, otra vez, la amplitud de la difusión no garantiza la calidad del periodismo. No hay ninguna razón para que los periodistas se fascinen con el cambio tecnológico.

“Por último está la nostalgia por el viejo oficio. Cuando se hace un balance de lo que se pierde con el nuevo medio es natural echar de menos la cultura del cierre. Esos momentos tan intensos en los diarios de papel o los noticieros audiovisuales no existen en un mundo de información continua. También se ha perdido el concepto de audiencia, una red mundial no tiene las limitaciones de un periódico con su zona de distribución o las de una emisora con su máximo alcance (…)?