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LA VERDADERA AMENAZA ES EL TERRORISMO NUCLEAR

Jul 22 2005

Por Dietrich Fischer (*)

NUEVA YORK, Jul (IPS) – Si el mundo continúa en su actual curso las bombas
terroristas en Londres deberían ser consideradas como un mero anticipo de
mucho peores futuras catástrofes. En tanto las grandes potencias insistan en
mantener armas nucleares, que según ellas necesitan para proteger su
seguridad, no podrán impedir que otros países y organizaciones terroristas
adquieran y usen- esas mismas armas.

La bomba atómica lanzada en Hiroshima mató a más de 200.000 personas. Las
bombas nucleares actuales son mucho más poderosas. Si un solo artefacto
nuclear fuera hecho detonar en un automóvil estacionado o en un barco de
vela en el Támesis, el centro de Londres quedaría cubierto de humeantes
escombros radiactivos, más de un millón de personas morirían
instantáneamente y varios otros millones fallecerían lentamente por
enfermedades causadas por la radiactividad.

La utilización de dos raseros que comporta la utilización de frases del tipo
de «las armas nucleares son buenas para nosotros pero malas para usted» es
estúpida y para nada convincente, ya que implica creer ingenuamente que la
tecnología para fabricar armas nucleares puede ser mantenida en secreto para
siempre.

Aquellos que todavía creen en el cuento de hadas de la «teoría de la
disuasión» es mejor que se den cuenta de que estamos en la época de los
atentados suicidas. La amenaza de una represalia apocalíptica no sirve para
disuadir a una persona convencida de que irá directamente al cielo después
de hacerse volar por una bomba.

Los gobiernos que ordenan hacer llover toneladas de bombas sobre Irak y
Afganistán no deberían sorprenderse de que ello inculque ideas en las mentes
de vehementes imitadores.

¿Qué cambios debemos hacer si queremos que la humanidad sobreviva?

En primer lugar, debemos dejar de creer que los problemas pueden ser
resueltos mediante la aplicación de la fuerza militar ofensiva, que sólo
alienta a otros a pagar con la misma moneda. Vigilar para detener a los
criminales y defenderse contra un ataque externo es justificado, pero no lo
son las intervenciones militares en el extranjero.

En segundo lugar, 37 años después de la firma del Tratado de No
Proliferación Nuclear es hora de que las
potencias nucleares cumplan con sus compromisos de desarme. También
necesitamos un mundo mucho más abierto en el que todas las armas nucleares
existentes puedan ser verificadamente destruidas y que la fabricación de
otras nuevas no pueda ser ocultada. La Agencia Internacional de Energía
Atómica (AIEA) puede ahora inspeccionar sólo a los países miembro que
voluntariamente aceptan su supervisión. Tal «inspección» carece de sentido.
La AIEA debe tener el poder de inspeccionar toda instalación nuclear
sospechosa en cualquier parte del mundo, sin previo aviso, pues de otro modo
será imposible impedir la proliferación de las armas nucleares.

Los gobiernos que ahora poseen armas nucleares se oponen a tales
inspecciones con el argumento de que son «una violación de su soberanía».
También muchos pasajeros de aviones protestaron inicialmente contra las
revisaciones a sus equipajes en busca de armas cuando fueron introducidas
luego de una serie de secuestros de aviones con fatales consecuencias.
Actualmente, los pasajeros se dan cuenta de que tales inspecciones sirven
para protegerlos a ellos mismos. Quienes no tienen nada que ocultar tampoco
tienen nada que temer. Tarde o temprano los gobiernos llegarán a la misma
conclusión en el caso de las armas nucleares. La cuestión es saber si ello
ocurrirá antes o después de que detone la primera bomba nuclear terrorista.

En tercer lugar, necesitamos enfrentar la causa fundamental del terrorismo:
los conflictos enconados no resueltos. Cómo lograr la solución pacífica de
esos conflictos es un oficio que puede ser enseñado y aprendido. Johan
Galtung, ampliamente considerado como el fundador de la especialidad de
búsqueda de la paz, fue capaz de ayudar a poner fin a un añejo conflicto
fronterizo entre Ecuador y Perú por el cual los dos países combatieron
cuatro guerras, al sugerir que ambos hicieran del territorio en disputa una
zona binacional administrada conjuntamente en la cual se crearía un parque
natural. Esta intervención pacífica no costó casi nada en comparación con
una operación militar para el mantenimiento de la paz.

Necesitamos una Organización de la ONU para la Mediación, con varios cientos
de mediadores bien entrenados que pueden ayudar a impedir que los conflictos
lleven a la violencia. Esta es una valiosa intervención a favor de la
supervivencia humana de muy poco costo si se la compara con el billón de
dólares que el mundo gasta cada año para armar a millones de soldados, lo
que sólo hace que el mundo sea colectivamente menos seguro.
Si nos aferramos a modos de pensar obsoletos como los de creer que amenazar
a otros nos da seguridad- nos enfrentamos a la extinción de la especie
humana y desapareceremos como otras especies que fracasaron en adaptarse a
nuevas condiciones.

¿Librarse de todas las armas nucleares es una perspectiva realista? Por
cierto que es más realista que esperar hasta que sean usadas. Algunos han
afirmado que no podemos «desinventar» a las armas nucleares y que por lo
tanto tendremos que vivir con ellas tanto tiempo como la civilización
exista. Pero nadie «desinventó» tampoco el canibalismo, sino que simplemente
aprendimos a abominarlo. ¿Y no podremos aprender a abominar la incineración
de ciudades enteras con armas nucleares? (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Dietrich Fischer es Director Académico del «European University Centre
for Peace Studies » de Stadtschlaining, Austria, y miembro de TRASCEND, una
red por la paz y el desarrollo