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LOS OCHO GRANDES ELUDEN LOS GRANDES PROBLEMAS

Jul 21 2005

Por Ann Pettifor (*)

LONDRES, Jul (IPS)- La declaración emitida por el G8 el 8 de julio pone de manifiesto los muchos puntos débiles, las hondas divisiones, la falta de ambición y, sobre todo, el fracaso en ejercer el liderazgo mundial por parte de ocho presidentes y primeros ministros. Sus puntos débiles han crecido enormemente, sus divisiones se han profundizado y sus ambiciones en cuanto al cambio climático y al continente africano se han visto reducidas radicalmente para ponerse a tono con la apatía y de las compañías petroleras estadounidenses y de los grandes contribuyentes. La pregunta que debemos hacernos es ¿merecen estos hombres el honor de ser llamados “lideres mundiales??

En primer termino debemos examinar sus puntos débiles. El gobierno de George W. Bush, respaldado por las compañías petroleras, esta fingiendo no ver el peligro del calentamiento global del planeta (por cierto que insistió en eliminar la primera frase de una declaración que se refería al “calentamiento de la tierra?). Al hacer tal cosa, Bush y su gobierno están poniendo en peligro al planeta y al futuro de todos sus habitantes. Otros presidentes y primeros ministros mas conscientes del peligro, resistieron y aislaron a Bush. En cambio, ellos capitularon al emitir una pobre declaración, mas débil aun que pronunciamientos previos del G8 sobre cambio climático que incluian, significativamente, a Bush padre.

El G8, en momentos en que los científicos de todo el mundo están aterrorizados ante el calentamiento mundial, no llegó a ningún compromiso concreto para reducir las emisiones de gases que causan el calentamiento. En lugar de ello, los integrantes del G8 han puesto sus firmas a frases sin sentido concreto -“abordar el cambio climático, promover una energía limpia y alcanzar un desarrollo sustentable?- que denotan falta de visión, de coherencia, de coraje y de ambición.

El segundo punto débil tiene que ver con la economía mundial. Muchos comentaristas están advirtiendo sobre peligrosos desequilibrios e inestabilidad en la economía mundial. Ellos se refieren concretamente a las amenazas que surgen de la históricamente sin precedentes expansión del endeudamiento externo de Estados Unidos y al crecimiento de enormes e improductivas reservas en los bancos centrales de aquellos países que están financiando el déficit de Estados Unidos, o sea Japón, China e India. Los comentaristas advierten también acerca de los riesgos que presenta la transferencia de capitales desde países pobres donde son escasos, hacia países ricos donde abundan, como Estados Unidos y el Reino Unido.

Otros advierten sobre los peligros del encarecimiento del petróleo, de la creciente demanda de combustibles fósiles y de su escasez. Sobre todo, observan que el desempleo en algunas partes del mundo rico es tan alto, si no más alto, que en el período que llevó a la Gran Depresión, mientras en muchos países pobres es mucho mayor que durante la década del 30. Ninguna de esta amenazas y crisis parece haber quitado el sueno al grupo de ocho gobernantes que se reunió en Gleneagles. Su declaración sobre la economía global rezuma complacencia y autoconfianza. Los ocho discutieron y escuetamente nos dijeron que “la perspectiva para el crecimiento de la economía global… se espera que siga siendo vigoroso?.

Pese a las amenazas deflacionarias planteadas por los “mercados abiertos? de capitales y de bienes que giran vertiginosamente y sin controles ellos “reafirmaron su compromiso de abrir mas ampliamente los mercados ..? y reducir “los subsidios domésticos que distorsionan el comercio …. para una fecha final creíble.? Eso es todo.

Pero es en relación con ?frica que esos ocho hombres han puesto más en claro la debilidad de su liderazgo. Estaba en discusión la propuesta de incrementar la ayuda a ?frica en 50.000 millones de dólares en el ano 2006 para atacar la plaga del SIDA, para recompensar por el pasado despojo de activos y bienes africanos y para hacer frente al empobrecimiento de este continente. En lugar de ello, después de una larga declaración en la que conminaban a los lideres africanos reclamándoles “buen gobierno? y “promover el crecimiento?, los ocho no prometieron nuevos aportes de dinero en el 2006. En cambio, simplemente reiteraron viejos compromisos de incrementar la ayuda para ?frica por valor de 25.000 millones de dólares en el curso de cinco años. Como hizo notar una ONG del Reino Unido, solo 10.000 millones de dólares de este compromiso constituirán un aporte nuevo en 2010, o sea mucho menos de los 50.000 millones de dólares adicionales para el 2006 por los que el movimiento social “Hacer que la pobreza sea Historia? hizo campaña.

La Cumbre de Gleneagles de 2005 mostró el peligroso vacío existente en el liderazgo mundial. Será probablemente recordada por futuras generaciones como una reunión de ocho hombres ineficaces que, a expensas de sus contribuyentes, se aislaron en unas remotas colinas de Escocia de las realidades de la inestabilidad económica, climática y política. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Ann Pettifor, directora de Advocacy International y editora del Real Word Economic Outlook, Macmillan, Londres (pettiforann@yahoo.co.uk).