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PELIGROS EN LA REFORMA DE LA ONU

Jul 8 2005

Por Haroldo Romero Pérez.
http://www.emancipacion.org/

Una de las reformas -aunque no la única- que el gobierno de Estados Unidos aspira a introducir en el sistema de la Organización de Naciones Unidas consiste en consagrar en su Carta, por insólito que parezca, la doctrina de la “guerra preventiva? proclamada por el presidente George W. Bush en el discurso que pronunció en West Point, el 2 de junio de 2003.

En la propuesta, que forma parte del proyecto reformador elaborado por “un panel de expertos de alto nivel de la ONU?, se sugiere que un Estado debe tener el derecho de actuar en defensa propia contra otro, sin esperar a ser atacado por este, para protegerse ante una supuesta “amenaza inminente? proveniente de ese Estado. Los “expertos? asumen su proposición como una “reinterpretación? del Artículo 51 de la Carta.

Pero al consignarse en el citado precepto legal que: “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un miembro de las Naciones Unidas…?, queda en claro que la pretendida interpretación del artículo no es válida, pues según se aprecia en su enunciado, ningún Estado puede alegar legítima defensa para atacar a otro si no es agredido previamente por este último

Analistas, sectores sociales y naciones de todas partes del orbe han recibido con suspicacia o abierto rechazo la propuesta de reinterpretación, desde que el paquete de reformas fue presentado en diciembre del pasado año con vista a su discusión en la Asamblea General de la organización que habrá de iniciarse en el próximo mes de septiembre.

Iraq fue la primera víctima de la belicosa doctrina dos meses antes de ser esta públicamente proclamada porque, según alegaron entonces Estados Unidos y el Reino Unido para atacar y ocupar al país árabe, este representaba una grave e inminente amenaza para la paz y la seguridad internacionales.

Como se conoce, los acontecimientos posteriores han demostrado que la supuesta amenaza nunca existió: Bagdad no poseía ningún tipo de armas de destrucción masiva, ni portadores, ni mucho menos la capacidad de desplegarlos en 45 minutos, como llegó a afirmar Londres.

Sin incluir el desconocimiento a la soberanía nacional y a la integridad territorial de los Estados que, junto a otros principios y normas del Derecho Internacional, entraña la doctrina nacida en Washington:

¿Es racional o ético incluir la “guerra preventiva? en la Carta de la ONU, aun cuando se prevea condicionarla a la previa aprobación del Consejo de Seguridad, si el precedente de la aplicación de esa doctrina ha sido tan escandaloso engaño a la opinión pública y a la comunidad internacional, como la criminal agresión a Iraq?

¿Se comprenderá que el reconocimiento a esa doctrina sería la antesala para legitimar la agresión a los “60 o más oscuros rincones del mundo? hoy amenazados por la Casa Blanca?

¿Sería o no suicida para la comunidad internacional reconocer un derecho cuyo ejercicio, en la práctica, sería privativo de unos pocos países poderosos, y en primer término de Estados Unidos, la agresiva superpotencia hegemónica?

Es opinión generalizada que, a 60 años de su fundación, la más universal e importante de todas las instituciones está urgida de reformas; y son cada vez más los que coinciden en que el origen último de los conflictos que enfrentan a las naciones radica en el injusto, inequitativo e insostenible orden mundial prevaleciente.

Por estas razones, prevalece el criterio de que los Estados deben concentrarse en fortalecer los fundamentos que dieron origen a la ONU, recogidos en el primer artículo de su Carta: mantener la paz y la seguridad internacionales, y fomentar la amistad y la cooperación entre las naciones y los pueblos.

En todo caso, en ninguna circunstancia será válido perfeccionar los procedimientos para hacer nuevas guerras, sino para evitar que ocurran. Engendros como las “guerras preventivas? no debieran existir en los días por venir.