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AFGANISTAN: GRANDES OBSTACULOS EN EL PROCESO ELECTORAL

Ago 29 2005

Por Emma Bonino (*)

KABUL, Ago (IPS) – Después de 25 años de guerra y de regímenes
autoritarios, Afganistán se prepara para elegir el parlamento y los
consejos provinciales en todo el país, el próximo 18 de septiembre. El
JEMB, el órgano mixto afgano-ONU que organiza las elecciones ha dado a
conocer recientemente algunos datos impresionantes sobre sus
características: 5.800 candidatos, 26.000 secciones, 150.000 cabinas,
40 millones de papeletas (muchas más de las necesarias porque los
ciudadanos podrán votar en cualquier sitio de su propia provincia)
135.000 urnas, 140.000 botellas de tinta indeleble.

Del transporte interno se ocuparán 18 aviones cargo, 9 helicópteros,
centenares de camiones de transporte y dos mil asnos. Se han reclutado
160.000 escrutadores, 6.000 coordinadores, 60.000 agentes de seguridad
y 7.000 observadores locales. Las tropas de la Fuerza Internacional
para la Seguridad
(ISAF) ya pasan de 10.000 unidades y las de la coalición guiadas por
Estados Unidos ya suman 28.000.

A esto se añade el problema de los nómades en continuo desplazamiento
– ya se han registrado 130.000- y el de los centros de votación para
los refugiados que regresan de Paquistán y de Irán. Puede decirse que
se trata de la máquina electoral más compleja que jamás se haya
organizado, con una combinación de instrumentos que van desde la edad
de piedra hasta las tecnologías más modernas.

Como sucede cada vez más frecuentemente en esta parte del mundo, la
situación de las mujeres es reveladora de una realidad en movimiento.
De los 12 millones de habitantes que se han registrado para votar el
44% son mujeres, lo que implica un aumento de 35% en relación a las
elecciones presidenciales de octubre pasado. Entre los 5.800
candidatos hay 600 mujeres. En Kabul entrevisté a muchas candidatas,
entre ellas a mi amiga Sima Simar, la presidenta de la Comisón
Independiente para los Derechos Humanos que en 1998 tuvo que cubrirse
con una burka para poder participar en un congreso internacional en
Bruselas. También encontré a la ministra para los Asuntos Femeninos,
Masooda Jalal que responde, cuando le dicen que el lugar para las
mujeres es la casa: «Tiene razón:
nuestro lugar está en la Casa de la Nación, que es el Parlamento.»

Sin embargo, la campaña electoral es muy difícil para las mujeres a
causa de la secular discriminación. Muchos sostienen que la
participación femenina en la vida pública es contraria al islamismo y
en muchas áreas rurales las mujeres no pueden salir de sus casas si no
las acompaña un hombre.
Tienen que afrontar intimidaciones, amenazas y hasta la destrucción de
sus afiches porque las mujeres no deben desvelar sus rostros, o las
trabas para acceder a sitios vedados a las mujeres. Basta pensar en la
contradicción de las candidatas que arengan al público para
convencerlo de sus propósiitos pero no pueden mostrarle sus rostros,
escondidos bajo una burka.

Cuando entrevisto a Azizurrahman Rafiee, directora del Foro para la
Sociedad Civil, me dice: «Usted no me reconoce porque cuando fue
arrestada por los Taliban, en 1997, yo llevaba una barba hasta la
cintura.» Raffie trabajaba para una ONG e hizo de todo para liberarme
del encarcelamiento que dispuso el régimen Taliban para impedirme que
hiciera campaña en favor de las reprimidas mujeres afganas.

Un candidato a diputado, el profesor de física y matemática Ustad
Muqim Khan juzga favorablemente los avances hacia la democracia y el
estado de derecho y sostiene que en su país es necesario implantar un
sistema multipartidario. Pero es pesimista porque teme que las
disfunciones de hoy se perpetúen en las instituciones de mañana. En su
región, Badakhshan, la situación logística es dificilísima. A las
graves carencias de infraestructura, en particular de carreteras
utilizables, se agregó hace más de un mes una inundación que destruyó
el 75% de los puentes. Si no se logra repararlos antes de las
elecciones se calcula que quedará excluido el 30% del electorado.

Todo el proceso electoral está caracterizado por la fragilidad. Aunque
entre los factores positivos desde el punto de vista de la
legitimación valoro el elevado número de votantes que se han
registrado, especialmente entre las mujeres, me preocupan los riesgos
de fraudes en varios niveles y de las más diversas formas de
intimidación, con algunos casos muy graves como el asesinato de tres candidatos.

Desde el punto de vista de la seguridad lo que más me alarma no es el
aspecto estrictamente militar, el de la lucha contra el terrorismo y
el debate sobre si los Taliban pueden ganar o perder la guerra, sino
el riesgo de atentados de alta y baja intensidad dirigidos a socavar
el proceso al fijarse como objetivo privilegiado el aparato electoral.
Es inquietante comprobar la cantidad de escondites repletos de
explosivos que han sido descubiertos y si asimismo tenemos en cuenta
la porosidad de la frontera con Paquistán, donde circula de todo, no
se puede excluir la posibilidad de atentados en gran escala.

Pese a todo, es fascinante contemplar como este proceso se está
desplegando en medio de tantas insidias políticas, culturales y
organizativas. Mas allá de los resultados, se tratará de un buen éxito
solo si los afganos adquirirán conciencia de su valor y de su
necesidad fundamental para el futuro del país, y si reconocen que el
proceso en su conjunto es un factor positivo con respecto a la inercia
política, al estado de guerra permanente y al sentido de frustración
por el presente y de pesimismo por el futuro. (FIN-COPYRIGHT IPS)

(*) Emma Bonino, parlamentaria europea y jefa de la misión de
observadores de la Unión Europea para las elecciones en Afganistán.