General

Brasil: Los desmentidos de la crisis

Ago 23 2005

Emir Sader

ALAI-AMLATINA Río de Janeiro.- 10 lecciones que la
crisis enseña.

La profundidad y la extensión de la crisis actual pueden ser
revelados con el desmentido rotundo a ciertas supuestas verdades,
que intentan ser inculcadas reiteradamente en la cabeza de las
personas por los grandes grupos monopolistas de los mass media
privados. He aquí algunas mentiras que la crisis permite desnudar:

1. El gobierno Lula es el gobierno de la nueva derecha. Quien
hace afirmaciones como ésta, no consigue explicar porque la
derecha, unida, sin que ninguno de sus sectores se quede fuera,
ataca virulentamente al gobierno Lula. Quien amalgama a los
gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (FHC) y Lula, no
alcanzará a comprender por qué la derecha unida predica el
retorno del bloque Partido Social Demócrata de Brasil – Partido del
Frente Liberal (PSDB-PFL). Política externa, política educativa,
política cultural: son por lo menos tres elementos de ruptura con la
política liberal y pro- estadounidense del gobierno FHC. Y,
además de eso, lo que la derecha unida desea no es tanto la
derrota del gobierno Lula, sino la derrota de la izquierda, con
proyecciones históricas, de largo plazo. Las posiciones ultra-
izquierdistas también dijeron que la URSS se había convertido en
una potencia capitalista -e incluso imperialista-, similar o hasta
peor que los Estados Unidos, lo que no explica que fue necesario
derrumbar al régimen soviético para que el capitalismo triunfara en
Rusia.

2. El crecimiento económico garantizará la reelección. Si fuera
verdad que la expansión económica perdió aliento y que el
crecimiento sostenido no fuera nada más que una noticia sin
fundamento del equipo económico, ya que se trata de una
recuperación cíclica de aliento corto, aun así no se puede decir
que vivimos una coyuntura de crisis económica. Sin embargo, por
el carácter selectivo de la expansión, sustentada principalmente en
la exportación y en el consumo de lujo, sus efectos no se traducen
en mejorías sociales para la masa de la población, que no siente
que las políticas gubernamentales estén a su favor, mientras el
gran capital desea ardientemente el mantenimiento del modelo
económico. Si fuera necesario un ejemplo, la economía peruana
sigue creciendo, pero la popularidad de Alejandro Toledo está en
un 8%. Para demostrar que no es cualquier expansión la que
mejora la vida del pueblo.

3. La crisis revela el carácter democrático de los mass media
brasileños. Esta es una de las mayores falacias divulgadas en la
crisis. La dictadura de los mass media monopolistas privados es
y continúa siendo un obstáculo para que Brasil sea una
democracia. La unanimidad de la gran prensa, escrita y televisiva,
revela el totalitarismo que la derecha impone en la formación de la
opinión pública. Basta ver cómo el proceso contra Henrique
Meirelles, presentado a la Justicia por la Procuraduría General de
la República, fundamentado en pruebas claras de los delitos de
enriquecimiento ilícito, evasión del impuesto a la renta, entre otros
crímenes, no fue objeto de ninguna investigación por parte de la
gran prensa monopolista privada, para la cual Meirelles es un
«darling» (querido), dando un tratamiento totalmente diferente
cuando se trata de acusaciones en contra de algún miembro del
PT o de alguna otra fuerza de izquierda.

4. Las Comisiones Parlamentarias de Investigación (CPIs) son
instrumentos eficientes para investigar y castigar a los culpables
por corrupción. Se trata de espectáculos televisivos, en los que el
exhibicionismo de quien sabe qué está siendo enfocado por las
cámaras, utiliza la verborrea demagógica para hacer teatro para la
TV, sin que los trabajos tengan ningún rigor investigativo. El
episodio de la ex- secretaria de Marcos Valério quien se ofrece
para posar desnuda para Playboy, según ella para financiar su
campaña electoral como candidata del PSDB o del PFL, revela de
cuerpo entero el carácter exhibicionista de los 15 minutos de gloria
de los protagonistas de las CPIs.

5. La corrupción y la inmoralidad son exclusivos de la derecha.
Las denuncias revelan, de forma elocuente, que dirigentes del PT
practicaron sistemáticamente actos de corrupción, sea para
comprar votos aliados, sea para obtener beneficios propios,
materiales o de la influencia personal y política. Es correcto que
los votos comprados lo fueron en general para aprobar proyectos
favorables a la derecha, pero fueron crímenes cometidos por
dirigentes del más importante partido de izquierda de Brasil. La
vigilancia ética, por lo tanto, tiene que ser una actitud permanente
de la izquierda, sobre todo y aún más sobre sí misma.

6. El pueblo brasileño no tiene memoria. Las investigaciones de
opinión siguen colocando a FHC como el eventual candidato a la
presidencia con mayor rechazo. Como él salió del gobierno
perdonado por los mass media de las acusaciones de corrupción
que su gobierno cometió como ningún otro en la historia del país,
ha sido otro factor que determina este rechazo: el fracaso en el
ámbito social. No importa que él haya contenido la inflación -al
precio de multiplicar por 11 la deuda pública, que él decía que iba
a combatir-, lo importante es que hizo al pueblo más miserable.
No por casualidad el problema más importante y constante que
aparece en las investigaciones de opinión, es el desempleo. Aun
así, la gran mass media monopolista privada hace todo lo que
puede para promover la amnesia del pueblo, para poder rescatar a
sus nuevos superhéroes, Severino Cavalcanti y Roberto Jefferson.

7. Izquierda y derecha son iguales, hacen las mismas políticas y
practican la misma corrupción. Otra falacia: los dirigentes del PT
involucrados en corrupción, fueron producto de la mentalidad
mercantil que la dirección del partido fue asumiendo en los últimos
años, la misma que se expresa en la política económica del
gobierno -recuerden que Meirelles y Palocci son también
acusados-, y que está en contradicción frontal con los ideales de
izquierda. La política económica es la heredada de FHC y la
mentalidad mercantil es su hermana gemela. La izquierda
privilegia los aspectos sociales y éticos, tiene dirigentes en el PT y
en otros partidos de izquierda que los expresan, así como
gobiernos, aquí y en otros lugares, que los privilegian. La derecha –
desde Pinochet a Salinas de Gortari, desde Menem a Fujimori,
desde Collor a FHC, desde Carlos Andrés Pérez a Sánchez de
Losada- expresa en la corrupción su mentalidad privatizante en
relación al Estado y a los bienes públicos.

8. Derrumbar el gobierno Lula es bueno para la izquierda. La
derecha sabe que derrocar el gobierno es bueno para ella, porque
sabe que la alternativa de hoy es ella, la derecha. La izquierda
necesita saber que, mal con Lula, peor sin él. Porque significaría
la vuelta de la política de servilismo a la hegemonía imperial
estadounidense, con todas las graves consecuencias para Brasil,
para América Latina y para el Sur del mundo. Significaría la vuelta
de la privatización de la educación, de Petrobrás, del Banco de
Brasil, de la Caja Económica, entre otros.

9. La ética justifica la alianza con la derecha para denunciarla.
Nada justifica las alianzas con la derecha, con Antônio Carlos
Magalhães (ACM) -padre y nieto-, con ?lvaro Dias, con Artur
Virgílio, con César Maia Filho, etc. Quien hace eso, hace el juego
a la derecha, se deja manipular por ella. ¿Quién mejor que una
voz proveniente de la izquierda, para condenar a un gobierno electo
por la izquierda? ¡Triste espectáculo de parlamentarios que se
pretenden de izquierda, que no se diferencian en nada de las
denuncias y del vocabulario de los tradicionales parlamentarios de
la derecha! Para la izquierda, la ética es tan importante, que no
puede ser manipulada por la derecha, protagonista de los mayores
casos de corrupción de la historia brasileña, ni siquiera recordados
por esos parlamentarios originarios de la izquierda, hoy parte del
bloque opositor hegemonizado por la derecha.

10. La solución para la crisis es sumar más fuerzas del centro y
de la derecha. El gobierno viene practicando esa solución,
nombrando ministros de los PP (Partido Progresista) y del PMDB
(Partido del Movimiento Democrático de Brasil) que se revela no
soluciona nada. Porque la crisis del gobierno no es por la falta de
apoyo del centro y de la derecha, sino por la falta de apoyo
popular. Si gozara de apoyo social, el gobierno podría enfrentar
esa crisis, aún con sus errores, derrotar a la derecha, expulsar a
sus cuadros involucrados en corrupción, y salir fortalecido. No es
tampoco el fantasma del «chavismo», que asola el gobierno. El
gobierno de Hugo Chávez simplemente promueve la prioridad de lo
social, en la forma posible de un país petrolero: inversión de un
25% de las utilidades del petróleo en lo social. En Brasil, al
disminuir ya el superávit fiscal a 3,75, aceptar el aumento del
salario mínimo a 400 reales y cambiar el equipo económico, el
gobierno puede volver a conquistar el apoyo de los movimientos
sociales y del pueblo. La solución de la crisis es de izquierda o
ella no es solución. (Traducción ALAI)