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¿QUIEN MUEVE LA MANO INVISIBLE?

Ago 30 2005

Por Hazel Henderson (*)

ST. AUGUSTINE, MIAMI, Ago (IPS) – En Estados Unidos, una encendida ola de
protestas acomete contra los subsidios de 12 mil millones de dólares
incluidos en la nueva ley energética y contra los esfuerzos de la derecha
religiosa para hacer que en las escuelas se enseñe el «diseño
inteligente» (también conocido como «creacionismo») en oposición a la
teoría de la evolución de Charles Darwin.

En esta nuestra Era de la Información las fuerzas masivas del cambio-
globalización de las economías y de la tecnología requieren reformas
revolucionarias en los sectores de la energía y de la educación. La
industrialización debe pasar de la utilización de los combustibles de
origen fósil al uso de energía renovable como las del sol, el viento, los
océanos, etcétera, a fin de enfrentar los problemas de la contaminación y
del cambio climático. La educación debe preparar a los ciudadanos para un
aprendizaje que durará toda la vida, ahora que la información y el
conocimiento se han convertido en factores clave de la producción.

De ahí que sea muy triste el espectáculo de un Congreso de Estados
Unidos que aprobó un proyecto de ley destinada a subsidiar a las
compañías de combustibles de origen fósil firmado por el ex petrolero
George W. Bush. Los grupos preocupados por el actual problema energético
señalan que es evidente que no fue la «mano invisible» del mercado en
este caso la que guió a los mercados. Por otro lado, es también claro el
rechazo ante las exigencias de que en las escuelas se cuestione la teoría
evolucionista de Darwin y se enseñe, en cambio, el llamado «creacionismo»
o «diseño inteligente» de origen divino.

¿Son tales irracionalidades el síntoma de que la sociedad estadounidense
está perdiendo el rumbo? ¿O es que está en preparación una crisis
política a medida que las dudas sobre la guerra de Iraq incrementan la
confusión en la profundamente dividida población? Todos estos factores
cuentan, junto a las presiones de los declinantes, pero aún poderosos
sectores del petróleo, el carbón, la energía nuclear, el automóvil, el
acero y el agronegocio.

En materia de política de educación, los niños estadounidenses de las
próximas generaciones se convertirán en peones en tales juegos de poder,
mientras que sus escuelas necesitan reparaciones, mejores textos
escolares, computadoras y maestros adecuadamente pagados.

En cuestión de política energética, el verdadero diseño inteligente
sería el de simplemente desmantelar los multimillonarios subsidios a los
combustibles de origen fósil, a la energía nuclear, a los vehículos
devoradores de combustible y a los despilfarradores procesos en la
industria, la construcción y la agricultura. Este sería el primer gran
paso hacia la obtención de energía limpia y renovable, la preservación de
los recursos naturales y un diseño productivo eficiente.

En lugar de ello, fueron apilados innecesarios subsidios adicionales
(fundamentalmente al carbón, al petróleo y al nuclear) por valor de 12
mil millones de dólares Y lo que es peor aún, el pequeño porcentaje de
esos subsidios destinados a la energía de origen solar y eólico o con
biomasa u otras fuentes renovables está simplemente llevando a una
escasez de paneles solares y similares. Las industrias que los producían
fueron perjudicadas o suprimidas por subsidios perversos durante décadas.
Ahora no se pueden expandir en forma suficientemente rápida como para
satisfacer la demanda.

De modo que los precios de los paneles solares y de otros equipos son
ahora mucho más altos. De ahí que los consumidores estén pagando tres
veces más por su energía y por las conversiones necesarias para las
nuevas tecnologías, en tanto que los contribuyentes son recargados con
innecesarios subsidios.

Con un dólar débil, con la pesada carga de la impopular, trágica y cada
vez más estancada guerra en Iraq, con líderes que dan traspiés y una
opinión pública dividida, Estados Unidos no puede permitirse por más
tiempo falsos debates sobre el creacionismo, sobre cuando empieza la vida
humana, sobre la investigación científica en materia de células o acerca
de quien debería guiar a la «mano invisible» del mercado. Es hora de
admitir que son los seres humanos quienes crean los mercados y no el Dios
de algunos.

La evolución, así como las opiniones científicas sobre el cambio
climático, son incontrovertibles. Bush admitió en la cumbre del G-8 en
Escocia que los seres humanos están provocando el cambio climático.
Lamentablemente, el Presidente impulsa a los fundamentalistas
norteamericanos a enseñar el «diseño inteligente» a los estudiantes. La
población de Estados Unidos merece un mejor liderazgo tanto en materia
gubernamental como económica. En este siglo XXI el Congreso
estadounidense debería rechazar el fundamentalismo en todas sus formas.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Hazel Henderson, economista, autora de»Beyond Globalisation» y
otros libros.