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Acoso sexual, odisea judicial

Sep 30 2005

Por Kaci Racelma

ARGEL, sep (IPS) – Embarcarse en un juicio por acoso sexual puede ser un riesgo para una mujer en Argelia, donde el sexo es tabú y los hombres dominan el mercado laboral. No obstante, cientos de ellas han utilizado el Centro Diurno de Asistencia para Víctimas Femeninas de Acoso Sexual, creado hace dos años en Argel.

Los principales objetivos de la institución, financiada por el Sindicato General de Trabajadores Argelinos, son «romper el silencio» en torno al acoso y crear una organización no gubernamental que pueda enfrentar con más vigor este delito, explicó Soumia Souilah, fundadora del centro.

Sin embargo, relativamente pocas de quienes visitan la institución han dado el importante paso de presentar demandas contra sus agresores.

«Tenemos miedo de perder nuestro trabajo si los demandamos y quedarnos sin un medio de sustento», dijo a IPS un grupo de víctimas de acoso sexual.

Una periodista coincidió con este punto al señalar que «para una mujer que trabaja y recibe un salario mensual para cubrir las necesidades de sus hijos, resulta muy difícil entregar a los acosadores si eso significa que podría quedarse sin trabajo».

Mientras los castigos a los acosadores están claramente estipulados, las mujeres alegan que el delito en sí mismo puede ser difícil de probar. «No sólo no tenemos las pruebas materiales necesarias para ganar un pleito, sino que el concepto de acoso todavía es vago y esto dificulta el proceso judicial», expresaron las víctimas de acoso.

La experiencia de aquellas que se han sometido a un juicio no contribuye a aliviar tales preocupaciones: hasta la fecha, ninguna ha visto que sus agresores sean encontrados culpables.

En el caso de las demandas hechas por un grupo de estudiantes de la Universidad de Dergana, en Argel, los interrogatorios parecen interminables.

Hace varios meses, las estudiantes pidieron al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika (en el poder desde 1999), que tomara medidas contra el director de sus viviendas universitarias, a quien acusaron de acoso sexual, agresiones físicas y chantaje. En octubre de 2004, el jefe de Estado ordenó al ministro de Educación, Rachid Harraoubia, que comenzara a investigar el asunto.

Casi un año después, sin embargo, la investigación aún no ha terminado. Este mes, las estudiantes volvieron a reclamar que se sancione a los acosadores.

Aparte del miedo a perder el trabajo y las dificultades de llevar los casos de acoso a los tribunales, las normas culturales también obstaculizan el camino de las mujeres que presentan demandas contra los agresores: el sexo es considerado un tema tabú en este país islámico.

En respuesta a estas dificultades, el Comité Nacional de Mujeres Trabajadoras y organizaciones defensoras de los derechos humanos han realizado una campaña en los meses recientes para convencer a las mujeres de que lleven a los presuntos acosadores a los tribunales.

«No es sólo tiempo de escuchar», dijo Souilah, señalando que las mujeres necesitan ir más allá de una simple denuncia.

Las personas convictas por acoso sexual pueden ser sentenciadas a prisión por hasta 12 meses y multadas con entre 600 y 1.200 dólares.

La aprobación de penas de prisión para acosadores sexuales tuvo lugar en octubre de 2004, a solicitud del Comité Nacional de Mujeres Trabajadoras y de la Liga Argelina para los Derechos Humanos, y fue considerada un avance significativo a la luz de la postura conservadora del país en asuntos sexuales.

Según el Comité, las edades de las víctimas de acoso sexual oscilan entre los 21 y los 55 años. Tanto mujeres solteras como casadas son afectadas por este delito, que es perpetrado en el sector público más a menudo que en el privado, principalmente en escuelas y centros de salud.

«Es el deterioro total de los valores morales de nuestra sociedad, aunque están basados en los preceptos islámicos», se quejó una mujer trabajadora. «En el pasado, sólo las mujeres solteras eran acosadas, pero hoy los acosadores toman por objetivo a cualquiera que esté en su línea de visión», dijo.

Mientras algunos ven a la religión como un baluarte contra el acoso, otros parecen usarla para legitimar esta práctica.

Un comunicado de prensa emitido este mes por una organización anónima de radicales islámicos advirtió que las mujeres deberían «vestirse conforme a las normas o correr el riesgo de ser tratadas como objetos sin valor».

La declaración recordó a muchos las matanzas de la década de 1990, cuando más de 150.000 personas fueron asesinadas durante una campaña de extremistas islámicos. Muchas mujeres también fueron violadas en esa ola de violencia, mientras que miles de ciudadanos desaparecieron sin dejar rastro.

La campaña se disparó con la toma militar de Argelia, en 1992, previo a elecciones generales que probablemente iba a ganar el Frente Islámico de Salvación. El partido había tenido un resultado favorable en la primera vuelta electoral, realizada en diciembre de 1991.

El jueves 29, los argelinos celebraron un referendo en que se pronunciaron por abrumadora mayoría a favor de una propuesta gubernamental de amnistía para los responsables de los asesinatos en los años 90. ( (FIN/2005)