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UNA POLITICA INHUMANA PARA REDUCIR LA SUPERPOBLACION

Sep 28 2005

Por Kerry Kennedy (*)

NUEVA YORK, Sep (IPS) – Al mismo tiempo que los líderes internacionales se
reunan a mediados de setiembre en las Naciones Unidas para aplicarse a la
ejecución de planes para erradicar la pobreza, el gobierno de George W. Bush
notificaba al Congreso que Estados Unidos negar su contribución anual de 34
millones de dólares al Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA)
por cuarto año consecutivo.

Ese fondo proporciona servicios vitales para las mujeres y muchachas más
pobres del mundo. Entonces por qué Estados Unidos se niega a dar su
contribución? Porque, a pesar de que el Departamento de Estado aduce lo
contrario, el gobierno sostiene que el fondo apoya la política de
esterilización forzada de China. La verdad es, que a fin de hacer cambiar esa
política, Washington deberá apoyar al UNFPA, no debilitarlo.

Hace 25 años, China comenzó un esfuerzo draconiano para controlar el rápido
crecimiento de su población y para ello recurrió a una violación masiva de los
derechos civiles. El gobierno comunista era incapaz de satisfacer las
necesidades básicas de su pueblo y pensó que la desocupación, la pobreza y el
hambre crecientes podían ser evitadas si cada familia tuviera sólo un hijo.
Por medio de la represión, China pudo reducir el crecimiento de su población,
pero a un costo terrible.

Estados Unidos tiene ahora la oportunidad de inducir a China a dejar de lado
la coerción y de abrazar la libertad en sus políticas de población, tal como
hizo con su economía, en la que abandonó la coerción y adoptó el libre mercado.

En China, una mujer que desafía la regla de sólo un niño puede ser multada,
tanto ella como su familia y su aldea. También puede ser castigada, excluida
de su comunidad o detenida. Sus muebles, su vaca, su cerdo podrían
desaparecer. Podría también tener que hacer frente a un aborto forzado sin
importar si está en su noveno día o en su noveno mes de preñez. China dice que
solamente en 2002 hubo 6 millones 800 mil abortos. Una cantidad excesiva de
ellos se produjo porque los sonogramas efectuados a las mujeres embarazadas
mostraron que los fetos eran niñas, lo que no es bienvenido en una cultura
que prefiere a los niños.

Si la mujer tiene suerte, el aborto puede ser ejecutado por la inserción de
un dispositivo intrauterino. Si no tiene suerte puede ser esterilizada
forzadamente. Pekín dice que el 38% de las mujeres en edad de procrear han
sido esterilizadas.

China prometió cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos en
1994, cuando se unió a 179 naciones en la Conferencia Mundial sobre Población
y Desarrollo, que acordó que todos los individuos tienen el derecho a
decidir, libres de toda coacción, el número de hijos y el momento de
engendrarlos, así como a tener acceso a servicios calificados de planificación
familiar. Este enfoque se ha demostrado válido para reducir el número de
abortos, dilatar la fecha de nacimiento del primer hijo, reducir el número de
nacimientos y mejorar las posibilidades de que los niños sean queridos por
sus padres. No sólo es moralmente correcto sino que además funciona.

Qué podemos hacer para que China cumpla con su promesa?

En primer lugar, deberíamos apoyar por completo al UNFPA. En China es el único
organismo que promueve la planificación familiar voluntaria y la defensa de
estos derechos humanos. Actualmente, en aquellas regiones en las que opera
el fondo, el 90% de las mujeres está eligiendo sus propios métodos de control
de la natalidad y la tasa de abortos ha bajado radicalmente del 70% al 30%.

En segundo lugar, a Pekín debe hacérsele ver que satisfacer las necesidades
humanas en materia de salud, educación y oportunidades es el mejor camino
para reducir el crecimiento de la población.

En tercer lugar, las grandes empresas estadounidenses pueden hacer aportes
importantes. Por ejemplo, una mujer trabajadora que ilegalmente está
embarazada es degradada en su categoría laboral o despedida en muchas partes
de China, pero las compañías estadounidenses pueden rehusarse a aplicar esas
medidas en sus empresas.

El gobierno de Estados Unidos puede influir mucho en el cambio. Ello es
difícil, porque China es un importante socio comercial y porque posee una
parte cada vez más grande de la deuda estadounidense. Por lo tanto, también
necesitamos comprometer a la comunidad internacional en el esfuerzo por
hacer cambiar la política china de población.

Motivada por el horror que despiertan en mí los abusos de China con su
política de un solo niño, sostengo que debemos apoyar muchos esfuerzos, y ello
incluye al UNFPA.

Elie Wiesel, que sobrevivió al Holocausto, dijo que lo opuesto al amor no es
el odio sino la indiferencia. No podemos seguir con indiferencia lo que está
sucediendo en China. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Kerry Kennedy, fundadora del Centro para los Derechos Humanos Robert F.
Kennedy.