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EEUU: LA POL?TICA REAL

Nov 18 2005

Jorge Gómez Barata
ALTERCOM

Al examinar las coyunturas por las que atraviesa la política norteamericana, analistas y expertos confunden sus deseos con las realidades y creen ver grandes crisis donde apenas hay escándalos domésticos, operaciones propagandísticas o manifestaciones sesgadas del modo de operar de esa sociedad.

Lo primero que habría que comprender es que en Estados Unidos, el gobierno responde a los intereses de las elites políticas y no de las mayorías, realiza su gestión en función de la clase dominante y no de una parte de ella y actúa para preservar al sistema, no para complacer a sus críticos.

En Estados Unidos, un país demasiado grande y demasiado poderoso parea ser gobernado desde un centro, la política interna es esencialmente aldeana, es decir local y se realiza con la mezquindad con que suele operarse en esos ámbitos, aunque a una escala incomparable con ninguna otra realidad nacional.

En función de esos intereses se desenvuelven allí todos los procesos políticos internos y son electos representantes, senadores y gobernadores, ninguno de los cuales representa interés nacional alguno, excepto cuando se reúnen y en circunstancias especiales.

En esta lógica existe una sola excepción: el presidente que encabeza el ejecutivo, rector de grandes asuntos que dan coherencia a la Nación y hacen a los Estados Unidos, que no es un país, sino un imperio que quiere además ser otra civilización.

Entre otras esa es la razón por la cual el país que parece dividido en lo interno, es coherente en el respaldo a la gestión externa de la administración. Nunca, en ningún momento ha habido un solo caso en que la población norteamericana ni ningún sector de ella se hayan movilizado contra las políticas imperiales. Estados Unidos ha invadido países, realizado guerras, depuesto, encarcelado y asesinado a presidentes sin que se hayan levantado voces a favor de las victimas de tales desmanes.

Las administraciones norteamericanas han realizado todas sus guerras, comenzando por las que despojaron a México de sus territorios y a España de sus posiciones en América y Filipinas, las reiteradas intervenciones en Latinoamérica y el Caribe, la Primera y Segunda guerras mundiales y la guerra de Corea con total respaldo de su población.

La primera excepción, es decir el momento en que la población norteamericana le escamoteó su apoyo a la administración, apareció con la guerra en Vietnam en la que se produjo una combinación de escasa o nula legitimidad con un alto precio en vidas humanas.

Algo parecido ocurre ahora con la guerra en Irak, donde el respaldo a Bush se resiente, por el alto número de bajas que experimentan las tropas norteamericanas. En ese caso la guerra deviene un asunto de política interna y se convierte en tema electoral. Cuando esto ocurre, la administración comienza a ser atacada por su incompetencia y se promueven escándalos y procesos de diferente naturaleza.

En ese momento la oligarquía toma el mando, crea comisiones, nombra fiscales especiales, promueve en el Congreso, organiza operaciones diversionistas que refuerzan la imagen del sistema legal y de la democracia e incluso hacen hace rodar algunas cabezas.

Desde fuera da la impresión de que el imperio se debilita cuando, en realidad se intenta todo lo contrario.

En tales circunstancias pueden ocurrir sucesos espectaculares como fue la renuncia de Nixon y la llegada al poder de un presidente como Ford que fue Vicepresidente y Presidente de los Estados Unidos sin haber sido electo para ninguno de los dos cargos.

La guerra en Vietnam fue impopular en los Estados Unidos, aunque los vietnamitas y no la impopularidad fueron la causa de la derrota.

La crisis de la actual administración puede librar a los Estados Unidos y al mundo de algunos detestables personajes, puede incluso que del propio Bush pero no nos librara del imperio.

Una buena noticia es que los Estados Unidos tendrán que salir de Irak, la otra es que serán los iraquíes quienes los sacaran de allí.