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Se multiplica el repudio a la guerra entre opinión pública y cúpula política de EU de Irak

Nov 30 2005

DAVID BROOKS CORRESPONSAL
Nueva York, noviembre.

Aunque el presidente George W. Bush perdonó las vidas de dos pavos que vivirán el resto de sus días en Disneylandia en el rito oficial anual del Día de Acción de Gracias, mil 200 de sus soldados no gozan de la misma suerte y todo indica que la mayoría de los estadunidenses no está dispuesto a perdonar la política bélica de la Casa Blanca y menos dar las gracias.

Esta noche manifestantes harán todo lo posible para intentar que Bush no goce de la cena de Día de Gracias sin ser recordado del creciente repudio de su guerra en Irak. Ayer, 12 manifestantes fueron arrestados por rehusar órdenes de retirarse de las afueras del rancho de Bush en Crawford, Texas, adonde llegó con su familia para festejar el Thanksgiving. Entre los detenidos se encuentran la diplomática estadunidense Ann Wright, quien renunció a su puesto en protesta contra la guerra, la hermana de Cindy Sheehan (quien está por llegar) y Daniel Ellsberg, famoso por su papel en filtrar los históricos Papeles del Pentágono durante la guerra de Vietnam.

«Aquellos de nosotros que finalmente vimos a través (de las mentiras) de Vietnam vemos el juego de esta guerra, y todas las acciones que fueron necesarias para acabar con la guerra en Vietnam serán necesarias aquí. Creo que el pueblo estadunidense nos sacará de esta guerra», afirmó Ellsberg ayer antes de ser arrestado.

De hecho, esta coyuntura se parece mucho a la de la última etapa en Vietnam, con la Casa Blanca advirtiendo del peligro mortal para el mundo de un retiro de tropas frente a una creciente oposición popular, de funcionarios, y hasta de militares. En la encuesta más reciente, 63 por ciento de estadunidenses favorece el retiro de las tropas de Irak, según Gallup (un nivel superior a los que favorecían un retiro en Vietnam en 1970, cuando el número de bajas había llegado a 54 mil estadunidenses). Esa presión de la opinión pública junto con mayores expresiones disidentes dentro de la misma cúpula política, han provocado lo que podría ser el inicio del fin de la guerra.

Todo culminó cuando el representante demócrata conservador John Murtha declaró hace una semana que era hora del retiro de las tropas de Irak y provocó un estremecimiento en la capital. Murtha es un ex marine quien votó en favor y defendió la guerra. Con su declaración estalló la guerra sobre la guerra en Washington.

No funciona contraofensiva

Durante una semana la Casa Blanca y sus aliados han intentado detener esta guerra dentro de la cúpula pero hasta el momento han fracasado. La contraofensiva de la Casa Blanca y sus simpatizantes ya no funciona. Primero incrementaron el tono agresivo contra las voces en favor de un retiro. El presidente Bush y su vicepresidente Dick Cheney denunciaron a políticos, en reacción a lo dicho por Murtha y otros -que seguían insinuando que se había distorsionado la inteligencia y fabricado las justificaciones de la guerra-, y alertaron sobre las graves consecuencias de abandonar el frente de batalla de Irak contra el «terrorismo», con sus diseños de armar un imperio del mal. Pero no funcionó, y para esta semana, ya estaban aceptando que es válido que se dé un «debate» sobre la guerra.

Es como si se le acabara el veinte al gobierno de George W. Bush sobre este (y otros) temas. Ya nadie habla de «triunfo», sólo de «transición» y ahora hasta de «estrategias de salida».

Tan mal van las cosas para el gobierno de Bush en este frente que por primera vez altos funcionarios fueron obligados a comentar de posibles reducciones de tropas. La secretaria de Estado Condoleezza Rice declaró esta semana a CNN: «sospecho que, por mucho más tiempo, las fuerzas estadunidenses no serán necesarias en los números actuales». En tanto, el Pentágono anunció ayer que está considerando realizar reducciones modestas después de las elecciones en Irak programadas para diciembre y, señalaron voceros, si las condiciones de seguridad lo permiten, podrían ser reducidas debajo de 100 mil para el verano próximo. El nivel de tropas por ahora es un poco más de 150 mil.

Todo esto fue detonado en el ámbito público con de las declaraciones del repesentante Murtha el jueves pasado. Ese día, Murtha sorprendió al mundo al convocar una conferencia de prensa en la cual anunció: «nuestros militares han hecho todo lo que se les ha pedido. Estados Unidos no puede lograr nada más militarmente en Irak. Es hora de traer a casa a las tropas», concluyó después de leer un detallado discurso de 7 páginas frente a las cámaras de televisión y decenas de periodistas. La política bélica de Bush en la región, afirmó, «es una política fallida envuelta en una ilusión».

Ese viernes, el debate en la Cámara de Representantes casi llegó a la violencia física (un legislador debió ser controlado por sus colegas) con gritos, acusaciones de traición, cobardía, falta de patriotismo y más por los defensores de la guerra ante una cada vez más furiosa crítica de la política bélica del presidente George W. Bush que ya no queda limitada a sólo los demócratas liberales, sino que ya incluye voces de legisladores de ambos lados, y hasta las propias filas militares y veteranos.

Aunque las voces disidentes han cobrado fuerza en los últimos meses dentro de la propia cúpula del poder, las declaraciones de Murtha parecen haber elevado el debate a un nivel sin precedente. Y es que esta voz no era la de un político más.

Murtha es el segundo en rango del Comité sobre Fuerzas Armadas de la Cámara, quien votó en favor de la guerra, ex marine con 37 años de carrera militar, condecorado con dos Corazones Púrpura (herido en batalla), un Estrella de Bronce y la Cruz Galán de Vietnam, y durante los últimos 31 años ha sido representante federal por Pennsylvania; es un demócrata conservador halcón (pro guerra) que apoyó la intervención militar estadunidense en Centroamérica y el golfo Pérsico. También es considerado muy cercano a los altos mandos militares.

Murtha respondió con ira a las críticas de su ex colega Cheney: «me encantan esos tipos que nunca han estado ahí, criticandonos a quienes sí hemos estado (en las guerras)», y agregó: «me gustan esos tipos que consiguieron cinco aplazamientos (de su servicio militar) y nunca han estado ahí, y envían a gente a la guerra, y después no les gusta escuchar sugerencias sobre lo que se necesita hacer».

El debate en los últimos días reveló que la guerra ha llegado a un punto crítico entre la cúpula en Washington, la cual registra cada vez más la ira y la desaprobación de la mayoría de los estadunidenses, y se ha empezado a considerar los costos potenciales para los políticos. Con el apoyo público al presidente desplomándose, con mayor desconfianza en las justificaciones para la guerra, revelaciones de engaños, encubrimientos y más para promover el conflicto y con las bajas de soldados cada día incrementándose, los políticos -particularmente los legisladores que enfrentan elecciones el próximo año- están empezando a romper filas.

Esta semana el Senado aprobó una resolución -79 contra 19- señalando que 2006 debe ser un año de transición donde los iraquíes asuman mayor responsabilidad por la seguridad y con ello «creando las condiciones para el redespliegue de las fuerzas de Estados Unidos desde Irak». El New York Times opinó que «sin importar cómo la Casa Blanca desea interpretarlo, el Senado de Estados Unidos emitió un voto de no confianza esta semana a la guerra en Irak. Ya era hora».

Ante los argumentos de la Casa Blanca contra un retiro «precipitado» de Irak, vale recordar las palabras del presidente Richard Nixon a finales de 1969 (enviadas a La Jornada por un veterano periodista) ante demandas de un retiro de Vietnam: «Para el futuro de la paz, el retiro precipitado sería entonces un desastre de inmensa magnitud», afirmó, señalando que una «gran nación» no puede traicionar sus obligaciones con sus «aliados», que un retiro sólo provocaría mayor violencia en el mundo y beneficiaría al enemigo, y concluyó: «no llevaría a la paz, sólo llevaría a más guerra. Por estas razones, he rechazado la recomendación de que debería concluir la guerra al retirar de inmediato a todas nuestras fuerzas».

Ellsberg, quien al divulgar documentos secretos comprobando los engaños de la política bélica del gobierno de Nixon y sus planes para ampliar ese conflicto, contribuyó con los esfuerzos para acabar con la guerra contra Vietnam, fue arrestado ayer en las protestas para acabar con esta guerra. Esta vez, según las encuestas, tiene a la mayoría de su lado.