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¿NOSOTROS? NUNCA

Nov 22 2005

Por JUAN GELMAN
Altercom

«Nosotros no torturamos», dijo W. Bush en Panamá. Seguro. Fotos de Abu
Ghraib aparte y por las dudas, amenazó luego con aplicar el primer veto de
sus dos mandatos a una emmienda que prohíbe los tratos «crueles, inhumanos
o degradantes» a detenidos por la llamada guerra antiterrorista (The New
York Times, 13-11-05). La enmienda, presentada por el republicano John
McCain, fue aprobada en el Senado por 90 votos contra 9 y la Casa Blanca
aprieta al Congreso para que la anule. El vicepresidente Dick Cheney
quiere que al menos la CIA -ya involucrada, que se sepa, en el asesinato
por tortura de cuatro prisioneros- sea eximida de la prohibición.

Por su parte, Donald Rumsfeld se niega a permitir que una misión de las
Naciones Unidas entreviste a los 540 prisioneros en Guantánamo para
verificar las denuncias sobre sevicias varias que vienen formulando varios
organismos de derechos humanos. El jefe del Pentágono calificó la huelga
de hambre de una buena mitad de los allí concentrados -siempre sin
proceso- como una «dieta» para atraer la atención de los medios. Manfred
Novak, relator especial sobre tortura de la ONU, declaró al Washington
Post: «Dicen que no tienen nada que ocultar. Si no tienen nada que
ocultar, ¿por qué se nos impide hablar en privado con los detenidos?». Un
informe del Centro de Derechos Constitucionales (CCR, por sus siglas en
inglés) parece haber contestado esa pregunta: los carceleros alimentan a
la fuerza a los huelguistas introduciéndoles por la nariz «tubos del
grosor de un dedo» que les llegan al estómago «sin anestesia o sedativos».

Los tubos se reinsertan sin transición y «los detenidos podían ver en
ellos los restos de sangre y bilis de otros prisioneros» (www.ccrny.org).
Y crece el escándalo de las actividades de la CIA en países de Europa.
Entre otras, el establecimiento de una red de prisiones clandestinas donde
«desaparecieron» ya algunos sospechados de terrorismo.

Varios gobiernos europeos han comenzado a investigar si centenares de
vuelos de la flotilla de la CIA con escala en aeropuertos o bases
militares locales han servido para transportar secretamente detenidos a
otros países en violación manifiesta de tratados internacionales. Es
notorio que Italia ha pedido la extradición de 22 agentes de la CIA que
secuestraron a un clérigo árabe en Milán en 2003 y lo trasladaron a
Egipto, donde fue torturado. Un fiscal de Alemania inició el miércoles
pasado un presumario penal para determinar si el clérigo fue llevado a la
base aérea de Ramstein antes de expedirlo a El Cairo. Otro fiscal alemán
indaga el secuestro en el 2004 de un compatriota que estaba de vacaciones
en Macedonia: agentes yanquis lo tuvieron preso tres meses en Afganistán
por acciones terroristas que nunca realizó. España, Irlanda y Dinamarca
también investigan si aviones de la CIA han hecho escala en aeropuertos
locales transportando prisioneros a Guantánamo o a otras cárceles
clandestinas esparcidas por el mundo (The Washington Post, 17-11-05). Por
ejemplo, las instaladas en Rumania y Polonia, según precisó Human Rights
Watch. En todas, claro, no dejarán de practicarse lo que algunos llaman
«apremios ilegales». El papa Inocencio IV fue menos elegante en su bula Ad
extirpanda de 1252: usó directamente la palabra tortura cuando la autorizó
para aplicarla a judíos, marranos, cátaros y demás herejes.

La libertad y la democracia que Washington instaló en Irak no excluye el
ejercicio de libertades propias: la RAI italiana dio a conocer hace días
un video que documenta el uso de bombas de fósforo blanco que incineraron
a centenares de civiles iraquíes cuando los efectivos estadounidenses
atacaron Faluja hace un año. En Vietnam utilizaron napalm y no parece
casual que la opinión pública norteamericana se aproxime a las
temperaturas que vivió una generación atrás, a pesar de las no escasas
diferencias que existen entre las dos aventuras bélicas: la invasión y
ocupación de Irak dura menos de tres años, el conflicto en Vietnam se
prolongó el doble; las bajas mortales estadounidenses se acercan a 2100 en
el primer caso, fueron más de 50.000 en el segundo; no se presencian hoy
las grandes manifestaciones contra la guerra que marcaron a EE.UU. en los
’60 y los ’70. Sin embargo, una encuesta de USA Today/CNN/Gallup que se
realizó del 11 al 13 de este mes revela que el 52 por ciento de los
interrogados desea la retirada inmediata de Irak o en un plazo de 12 meses
como máximo; en 1970, un porcentaje similar pedía la retirada de Vietnam.
El 54 por ciento considera que enviar tropas a Irak fue un error; en 1970,
un 56 por ciento pensó que había sido un error enviarlas a Vietnam (USA
Today, 15-11-05).

La Casa Blanca y el Pentágono están al borde de un ataque de nervios: los
datos de la encuesta mencionada indican que el 60 por ciento desaprueba el
desempeño general de W. como presidente, un incremento de 20 puntos
respecto de febrero de este año; el 63 por ciento le reprocha la situación
en Irak, contra el 48 por ciento registrado en febrero; el 61 por ciento
le critica el manejo de la economía del país, contra el 47 por ciento en
febrero; el 52 por ciento afirma que no es honesto ni veraz (USA Today,
14-11-05). Una encuesta reciente de Hart/McInturff publicada por The Wall
Street Journal muestra que el 57 por ciento de los consultados asegura que
W. Bush «engañó deliberadamente al pueblo» con los argumentos que esgrimió
para invadir Irak, 16 puntos más que en marzo último
(www.angus.reid.com/polls, 14-11-05). El «miente, miente, miente, que algo
quedará» de Joseph Goebbels se destiñe poco a poco en la conciencia cívica
norteamericana. W. Bush no lee en general ni a Abraham Lincoln en
particular. Si lo hiciera, encontraría que el asesinado presidente sabía
que se puede engañar a todo un pueblo por un tiempo, a una parte del
pueblo todo el tiempo, pero no a todo un pueblo todo el tiempo.
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