General

Feroz represión fuera de la vista del mundo

Abr 20 2006

Por Marty Logan

KATMANDÚ, abr (IPS) – Los observadores de derechos humanos de la ONU fueron mantenidos lejos de las calles de la capital de Nepal este jueves, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes, matando a tres y dejando heridos a un centenar.

Hubo también grandes manifestaciones en ciudades pequeñas. En todo el país hubo, como consecuencia, 3.000 arrestos en las últimas dos semanas. Trece personas murieron en los incidentes y 1.200 resultaron heridas.

Voceros de la dictadura del rey Gyanendra advirtieron en las primeras horas del jueves que a los observadores de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) no se les permitiría presenciar las protestas que no cesan desde hace 15 días y que a veces derivan en choques violentos.

Se les permitió, en cambio, salir a la calle al finalizar el día, pero sólo a una cantidad limitada y acompañados de agentes de seguridad, dijo el portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Nepal, Kieran Dwyer.

«No se nos dio acceso libre y restringieron severamente nuestra capacidad de observación», dijo Dwyer a IPS en la tarde del jueves. «No presenciamos las balaceras.»

Tres personas murieron cuando la policía antidisturbios disparó sobre decenas de miles de manifestantes –tal vez 100.000, según diversas versiones– que se habían reunidos en el confín del área de toque de queda, apenas afuera del Anillo Carretero, la vía que rodea Katmandú.

«La policía disparó varias rondas de munición de metal, balas de goma y gases lacrimógenos para dispersar a los agitadores, y se lanzaron con bastones contra los manifestantes», informó el sitio informativo de Internet Nepalnews.com.

«Observadores de derechos humanos en la escena dijeron que personal de seguridad también impidió que voluntarios de la Cruz Roja trataran a los heridos en el lugar», agregó Nepalnews.com.

El gobierno anunció el toque de queda en la tarde del miércoles, luego de que la alianza de siete partidos políticos opositores anunciara que miles de personas saldrían a las calles para desafiar al régimen de Gyanendra.

Las autoridades advirtieron que habría disparos contra quienes transgredieran el toque de queda, y se negaron a entregar salvoconductos para permitir el libre tránsito de periodistas, empleados de hospitales y diplomáticos.

Fue la primera vez en la historia de Nepal en que se le impidió a las ambulancias recorrer las calles durante un toque de queda, según informó la televisora Kantipur este jueves.

La huelga dispuesta por la oposición semanas atrás concitó la adhesión masiva de la población, incluso entre la habitualmente reticente clase media de Katmandú, luego de un año en que las protestas tuvieron una pobre repercusión.

En las últimas dos semanas, profesionales, empleados del Estado y hasta amas de casa se unieron a los militantes políticos en las calles, entonando consignas en favor de la democracia y en contra del rey Gyanendra.

Docenas de empleados del Banco Central fueron arrestados esta semana por negarse a pagar un cheque del ministro del Interior, Kamal Thapa, informó el diario The Kathmandu Post.

En las últimas semanas, el rey Gyanendra dijo estar dispuesto a dialogar con los partidos opositores. Pero sus dirigentes advirtieron que solo lo harán si el monarca renuncia al poder absoluto que se arrogó en el golpe de Estado del 1 de febrero de 2005.

En la tarde de este jueves, Karan Singh, enviado especial del primer ministro indio Manmohan Singh, se entrevistó con el monarca. «Le informé de nuestra preocupación por el deterioro de la situación. Él pareció receptivo», dijo Singh luego de la reunión.

«La pelota está ahora en la cancha del rey. Espero un anuncio suyo en muy poco tiempo», agregó.

El rey Gyanendra se reunió con varios ex primeros ministros el martes y el miércoles. Al menos uno rechazó la oferta de volver al cargo, según versiones insistentes que circulan en Katmandú.

El monarca dio un golpe de Estado por el que concentró todo el poder político al cesar en su cargo al primer ministro y a todo su gabinete hace 14 meses. Ya en 2002, había disuelto el parlamento, que no volvió a integrarse en las urnas.

Entre los motivos que alegó figuraron el fracaso de los partidos en frenar la corrupción y las luchas internas que dominaron al país desde la revolución popular de 1990, cuando el entonces rey Birendra se despojó de su poder absoluto y acordó convertirse en monarca constitucional.

Pero el principal argumento fue la falta de avances del gobierno civil para terminar con la insurgencia maoísta. El conflicto armado se ha cobrado más de 13.000 vidas en 10 años.

Sin embargo, el monarca aún no ha dado muestras de acabar con la insurgencia, y su estrategia de mano dura originó quejas de Estados Unidos, Gran Bretaña e India, lo que le privó de la vital asistencia militar.

En el undécimo año de levantamiento para poner fin al régimen monárquico y acabar con la discriminación contra mujeres, indígenas y dalits (los miembros del escalón más bajo del rígido régimen de castas hindú), 7.000 combatientes de tiempo completo y 25.000 milicianos controlan buena parte del interior de Nepal.

Para colmo, una coalición de siete partidos políticos opositores y el proscripto Partido Comunista de Nepal-Maoísta –que encabeza la guerrilla– superaron sus tradicionales diferencias al alcanzar en noviembre un acuerdo contra el régimen de Gyanendra, el cual incluye la convocatoria de una asamblea constituyente interina.

Desde que dio el golpe de Estado, el monarca se rodeó de políticos experimentados –muchos de ellos del sistema «panchayat», previo a la democracia– y rechazó todos los llamados a negociar con los maoístas y los partidos, a los que amenazó con declararlos «terroristas» si mantenían su pacto con los rebeldes.

El jueves, hasta 100.000 personas se concentraron en la segunda protesta masiva, en el Anillo Carretero. Mujeres, niños, niñas y hombres marchaban sonrientes y saludando a las cámaras de televisión.

Cuando habían incursionado unos 50 metros en la zona declarada como de toque de queda, los organizadores se detuvieron, se tomaron las manos y formaron una cadena humana para impedir el choque entre manifestantes y policías.

Luego de los incidentes, las autoridades extendieron el toque de queda siete horas más, hasta las tres de la madrugada.