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LA HORA DEL CENTRO-IZQUIERDA

Abr 5 2006

Por Massimo D’Alema (*)

ROMA, Abr (IPS) – Los italianos se aprestan a votar el 9 de abril con una
certidumbre: la derecha ha sido incapaz de responder a las exigencias de
trabajo, de seguridad y de bienestar que Silvio Berlusconi había
interpretado en las elecciones del 2001 que ganó al ofrecer la imagen de un
gobierno que mejoraría las condiciones de vida de la población. .

Este gobierno ha fracasado debido a su incapacidad de renovar el país y de
hacerlo más moderno y competitivo porque no ha sabido movilizar sus mejores
aptitudes: la cultura, la creatividad, la laboriosidad, la solidaridad. Con
sus desaciertos ha cosechado lo que es quizás el más grave efecto de su
política: la división de la sociedad italiana. El resultado está a la vista:
un país lacerado por conflictos y no solo debilitado social y
económicamente, sino también decaído en el escenario internacional.

El gobierno de Berlusconi se ha alejado de la tradicional política de paz de
Italia. Esa política que, por ejemplo, convirtió a este país durante largo
tiempo en el centro del diálogo entre los pueblos del Mediterráneo, no es
una política de izquierda. Es una política italiana y ha sido compartida
durante decenios por la Democracia Cristiana, el Partido Socialista y el
Partido Comunista.

Le corresponde ahora a nuestra coalición de centro-izquierda afrontar el
gran desafío de promover la justicia social, la innovación, el cambio y
restituir dinamismo a la sociedad italiana mediante la construccióN de una
alianza entre las fuerzas del mundo empresarial, laboral y de la cultura.

Ante las elecciones del 1996 el mensaje de nuestro candidato Romano Prodi
fue claro y simple: Italia enfrentaba el riesgo de distanciarse de Europa.
En ese cuadro el gobierno de centro–izquierda, al prodigar esfuerzos y
sacrificios para avanzar junto con sus socios continentales y formar parte
de la vanguardia de países que crearon la moneda única europea, dió un
impulso a la modernización del país.

Vemos hoy en Europa una realidad más problemática. Ahora tenemos que
preguntarnos, no tanto cómo Europa puede ayudar a Italia, sino mas bien qué
podemos hacer nosotros para dotar a Europa de las condiciones para estimular
el crecimiento innovativo y la competitividad en toda la región.

Necesitamos una Europa más fuerte y capaz de coordinar las políticas
económicas de sus integrantes, pues sin ello es insostenible a largo plazo
un área con una moneda común. Necesitamos una Europa liberada de un
monetarismo ortodoxo, no por oposición al indispensable rigor
presupuestario, sino porque ese rigor debe distinguir entre el gasto público
corriente y las inversiones. Y en el marco de las inversiones se debe
privilegiar la calidad, la innovación y la producción de riqueza.

Esa Europa hoy en día no existe. Por lo tanto, el tema fundamental que debe
encarar un gobierno de centro-izquierda es colocar a Italia en la primera
línea de la reflexión para retomar el camino hacia la carta constitucional
europea, estimulando el diálogo sobre los principios y las grandes opciones
institucionales. Al mismo tiempo, tenemos que proyectar nuevas experiencias
en el campo de la cooperación y en especial tenemos que intensificar el
acercamiento con Gran Bretaña, interlocutor indispensable para la
conformación de una política exterior y de una política de defensa que
conviertan a Europa en una gran potencia de paz. Se trata de un requisito
para el establecimiento de un orden mundial multilateral, ya que mientras no
aparezcan nuevos protagonistas con la capacidad de asumir responsabilidades
en el escenario global, este objetivo continuará siendo materia de debate
pero no de una práctica política concreta.

Los cambios que he enunciado deben constituir las primeras señales de un
viraje con relación a una política que ha marginado
a Italia de Europa y ha contribuído a la división de Europa antes que a la
búsqueda de soluciones comunes, y ha obstaculizado los procesos de
integración comunitaria en diversos planos y particularmente en los de la
justicia y la seguridad comunes. Yo identifico en estas esferas los errores
más graves y las opciones más negativas del gobierno de la derecha, ya que
han comprometido y afectado el perfil internacional de Italia.

El objetivo de la coalición de centro-izquierda es el de obrar para unir a
la sociedad italiana como paso indispensable para que nuestro país vuelva a
encaminarse hacia al progreso y la innovación, y participe como actor en una
globalización que tenga un sentido diverso de la guerra y de las injusticias
que hemos presenciado en estos años. Como el gobierno de la globalización
mediante la política implica el fortalecimiento de las grandes
institucionales supranacionales -las Naciones Unidas y la Unión Europea en
primer término- la política exterior italiana debe operar para que esas
instituciones desempeñen un papel de protagonistas en el ordenamiento
mundial. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Massimo D’Alema, ex primer ministro de Italia y presidente del partido
Democráticos de Izquierda, que integra la coalición de centro-izquierda.