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LECCIONES DE ITALIA Y PERU

Abr 19 2006

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Abr (IPS) – A riesgo de error por simplificación, algunas lecciones
pueden derivarse de los ejercicios de sufragio en Italia y Perú el pasado
domingo (y parte del lunes italiano). En primer lugar, con relación al
populismo, ese fenómeno político, cíclico y tenaz, que a ambas orillas del
Atlántico persiste en incomodar y fascinar a los electorados, puede
aventurarse que en Europa está en retroceso, sobretodo en su variante de
derecha, mientras que en Latinoamérica refuerza el patrón imperante, teñido
de nacionalismo y autoritarismo.

Es curioso comprobar cómo en Italia, la cuna del populismo que tan bien supo
imitar Juan Domingo Perón, el padre de la familia latinoamericana, se ha
conseguido frenar la era de Berlusconi, arropado por su imperio mediático y
se ha dado un nuevo brío al arduo camino de la integración europea, en la
que el “caballero” era un obstáculo, ahora solamente llorado en la Casa
Blanca. Bruselas, que no fue nada amable con el profesor Romano Prodi, el
vencedor de las elecciones, cuando era Presidente de la Comisión, respira
aliviada.

Por otro lado, también para preocupación de Bush, la ola populista y
nacionalista sigue sumando fichas de dominó en América Latina, ahora a la
espera de la anticipada victoria de López Obrador en México. Además, la
elección de Ollanta Humala, que deberá esperar a su ratificación dentro de
un mes en segunda vuelta, confirma la mala noticia para todo el movimiento
democrático de América Latina en lo que concierne a la desaparición
progresiva e implacable de los partidos políticos tradicionales.

Obsérvese que las dos formaciones que siguieron en las preferencias de voto
de los peruanos tienen su base ideológica, por un lado, en la Democracia
Cristiana que arropa la candidatura de Lourdes Flores, demasiado escorada
hacia la derecha, mientras el APRA de Alan García sigue fiel al ideario
socialdemócrata acuñado por el fundador Haya de la Torre. No en vano ha
logrado igualar en número de escaños a Humala en el Congreso.

Por lo menos, esta base sigue presente en las dos grandes coaliciones que se
han disputado el poder en Italia, y que al mismo tiempo son la clave
histórica de la estabilidad europea general y de la evolución de la propia
Unión Europea. Sin la colaboración de la gran familia socialista que
demandaba justicia social y defendía las reivindicaciones laborales propias
del Estado de Bienestar, y la inteligencia de la Democracia Cristiana que
abogaba por el equilibrio de la libertad económica respetando los básicos
derechos, no habría sido posible la paz social que Europa ha disfrutado
desde la Segunda Guerra Mundial. Cuando un sector u otro se ha desmandado,
la corrección ha llegado rauda. Es una de las lecciones de Italia, cansada
del autoritarismo mediático de Berlusconi.

En América Latina, curiosamente, esa colaboración entre las dos grandes
familias europeas solamente sobrevive en Chile, donde gobiernan
conjuntamente en la coalición liderada por Michelle Bachelet. En lugar de
enfrascarse en una lucha fraticida, hicieron primero frente a la tenacidad
pinochetista y ahora han amaestrado a la derecha civilizada que sabe
sabiamente que no tiene otro futuro mejor que su lealtad a la democracia. En
Perú, de momento, habrá que esperar a la evolución de una nueva formación
populista, que en lugar de asemejarse al experimento de Chávez, parece
impelida por la nostalgia del régimen militar de Velasco Alvarado en los 60.

Mientras en el Perú habrá que esperar a la segunda vuelta, la clave estará
en cómo se comporte el amplio sector que no le ha dado el 50% de los votos a
Humala. La brecha ideológica entre apristas y conservadores no augura nada
bueno en cuanto a ejercer una oposición firme y efectiva ante las probables
y temidas medidas populistas y radicales del ex militar que reclama raíces
indígenas. Es dudoso el respaldo mutuo que los seguidores de García y Flores
pueden darse cuando solamente uno compita con Humala. Naturalmente, el
panorama también dependerá de lo inteligentemente que responda la Casa
Blanca ante la más que posible victoria final de Humala. A la vista de la
experiencia de la actuación ante Chávez, las predicciones no son buenas.

Regresando a Italia, el resultado quizá sirva de lección a la izquierda para
lograr una cohesión que evite, por menos por un período tan largo como el
disfrutado por Berlusconi, la inestabilidad, tan innecesaria en un país
clave para la UE en una fase difícil de su historia. De la misma manera que
se dice y asume que no hay Unión Europea sin Francia y Alemania, tampoco
tiene sentido sin el protagonismo eficaz de media docena de otros países,
como son los casos de Italia, España, Polonia y siempre el Reino Unido en su
peculiar papel.

¿Quién sabe? Después de un mediocre paso por la Comisión, Prodi tiene ahora
una oportunidad dorada de redimirse en Europa. De Humala se ignora todo:
nunca elegido, golpista en ciernes, es un enigma. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la
Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).