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MES DE LA \»HISTORIA\» DE LAS MUJERES

Abr 6 2006

Mumía Abu-Jamal

Al celebrar el Mes de la Historia de las Mujeres, algunos grupos lo hacen en sociedades hostiles a la mujer, sociedades a las que, a pesar de celebrar, les importa poco la Historia de las Mujeres.

Con ésto quiero decir que en la mayoría de recuerdos de esa historia, se nombran sólo a mujeres que han servido en una forma ú otra al Estado, como políticas.

Esas mujeres son recordadas porque defendieron el poder Estatal, que es, por definición, expresión pura de la supremacía masculina.

Raramente se recuerda a las verdaderas rebeldes, porque ellas se opusieron al Estado, especialmente si lucharon contra el capitalismo y contra el imperialismo.

Pongámoslo de otro modo: pocos van a celebrar los trabajos de la brillante revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo (1871-1919).

Y pocos en los Estados Unidos de Norteamérica van a celebrar el trabajo, que aún continúa, de la brillante Angela Y. Davis, erudita, activista y educadora.

Pocos burócratas van a marcar el mes recordando a mujeres como Fannie Lou Hamer, la mujer de corage extraordinario que luchó por el derecho a votar; o a Ella Baker, la incansable organizadora y maestra; o a las docenas de almas bravías que, como ellas, hicieron posible los movimientos construyéndolos desde abajo, desde las raíces mismas del pueblo.

No puede haber un verdadero «Mes de la Historia de las Mujeres» si no se reconoce que sólo se trata de una creación política que ignora grandes verdades, deliberadamente enterradas.

Toda verdadera historia sería la historia de «ellas,» porque al principio de todo se encuentra una mujer. Porque todos los seres humanos que viven hoy en esta Tierra, de todas las razas y climas, de los Inuits en el Norte, a los AmaZulu en el sur de Africa, tienen una madre común –una mujer africana que generosamente donó su ADN a sus hijos; y ese regalo genético vive en cada una de las células de todos los seres humanos de la Tierra.

Huey P. Newton, fundador del Partido de Las Panteras Negras, escribió allá por 1974, sobre las investigaciones de la psicobióloga Mary Jane Sherfrey y su afirmación que la llamada «ciencia» ha tratado de ingnorar la ciencia, especialmente cuando ésta contradice las creencias bíblicas. Huey escribió en, «Eva – La Madre de Todos Los Vivientes»:

«… Adán vino de Eva, y no al contrario, como nos han enseñado por miles de años. Vamos a aceptar sin discusión a nuestro riesgo la fantasía del Génesis, como Ms Sherfrey y el movimiento de liberación femenina nos han dicho últimamente. Pero el conflicto entre las apariencias y la realidad es quizás más profundo que lo que aún el mismo movimiento de la mujer sugiere.

«El primer principio de la naturaleza misma parece ser hembra. El Génesis es un asombroso testamento de cómo el hombre comprendió esa básica identidad. Vemos allí como la vieja Madre Naturaleza es cooptada por un dios barbudo, super-masculino y patriarcal. El trauma de la primacía femenina es aún más negado cuando se hace a Eva una mera extensión del hombre, Adán, al ser sacada de una parte de su cuerpo!

«Las *agrupaciones* y tribus primitivas, por lo que sabemos, primero fueron matriarcales y matrilocales, o por lo menos, descendientes en línea materna, con el hermano de la madre en el poder. *Todas* las mitologías primitivas concuerdan en identicar la creatividad, el poder y la primacía de la hembra. La Madre Naturaleza y la Tierra Madre son modelos universales de *toda* creación, humana y metafísico. Pero cuando la Biblia fué escrita, la mujer ya había sufrido su histórica derrota universal y la venganza del hombre fué total.» [Huey P. Newton, en *Los Escritos de Huey P. Newton* [The Huey P. Newton Reader. (David Hilliard & Donald Weiss, eds.) (New York: Seven Stories Press, 2002), pp. 313-314.]

A pesar de esta historia escondida, la marca de Eva está profundamente inscrita en nuestro código genético común. Todos los que nos consideramos humanos somos hijos de una misma Madre.

Aún después de varios miles de años de misogenia (u odio a la mujer), los recuerdos del poder de la hembra que vemos por todas partes se filtran en nuestra conciencia.

Las mujeres hicieron nacer al mundo. Ellas patrocinaron y aún patrocinan, más que los hombres, los movimientos de cambio social, porque ellas lo saben, por las experiencias que han vivido, que el mundo no es justo y que debe ser fundamentalmente cambiado.

Las mujeres no sólo hicieron nacer al mundo, ellas continúan haciéndolo renacer todos los días, uno por uno, por mellizas y mellizos, como trillizos… Y a veces más.

Las mujeres merecen muchísimo más que un mes-de-fantasía. Merecen nuestro honor diario y nuestra eterna gratitud por hacer esta vida digna de vivirse.

Las mujeres merecen la creación de un mundo en el que ellas son seres de nuestra común adoración, gran estima y mucho respeto.

Copyright 2006 Mumía Abu-Jamal