General

¿Qué \’los hermanos sean unidos\’ dijo?

Abr 24 2006

Por Andrés Capelán

Uruguay y Argentina

Los hermanos sean unidos
Porque esa es la ley primera
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea.
Porque sin entre ellos se pelean
Los devoran los de ajuera.
(José Hernández – ‘Martín Fierro’)

Analizado en forma aislada, el conflicto que desde hace meses mantienen el gobierno oriental y el argentino por la instalación de dos fábricas de pasta de celulosa en el fronterizo río Uruguay, puede parecer incomprensible. Un día sí y otro también, en medio de marchas y contramarchas, de acuerdos anunciados y luego fracasados, de negociaciones secretas e intermediaciones pedidas y prohibidas; los gobernantes de uno y otro país no olvidan mentar la proverbial amistad y la ancestral ‘hermandad’ que une a ambas naciones y a ambos pueblos.

Si yo fuera finlandés y conociera algo de Historia Americana, me estaría matando de la risa… Pero bueno, soy uruguayo y el asunto me duele mucho. Es que -como decía Goebbels- ‘una mentira repetida cien veces se convierte en verdad’, y esto de la ‘hermandad’ y la ‘fraternidad’ de los pueblos americanos es nada más que eso: una mentira repetida cientos de miles de veces. En el mejor de los casos, se podría decir que es una aspiración, un deseo, un paradigma; pero nunca que es una realidad.

Cuando a inicios del siglo XIX los americanos se sublevaron contra la corona española, el acuerdo fue mantener las unidades administrativas virreinales, y sobre esa base comenzaron su gesta Bolívar, Artigas y San Martín. Sin embargo, muy poco tiempo después de lograda la independencia, el imperialismo británico y sus aliados locales fueron logrando el desgajamiento y la división de los virreinatos en distintas naciones. Los grandes libertadores fueron traicionados y sustituidos por pequeños caudillos mandatados por las oligarquías locales, y el sueño de una gran nación sudamericana fue sustituido por esta pesadilla hipócrita.

Hace casi dos siglos que -mientras nos autodenominados hermanos- los americanos hemos estado guerreando entre nosotros. Bolivia perdió su salida al mar a manos de Perú y Chile, Paraguay fue destruido a manos de Argentina, Brasil y Uruguay, Panamá fue separado de Colombia, Argentina y Chile estuvieron al borde de la guerra por el dominio del Canal del Beagle, Ecuador y Perú llegaron a ella no hace mucho también por cuestiones fronterizas, etcétera, etcétera, etcétera.

La historia de las relaciones entre Uruguay y Argentina no es una excepción a esta regla fratricida. Los enemigos de José Artigas y su Liga Federal vivían en Buenos Aires, allí se asiló Manuel Oribe cuando lo derrocó Fructuoso Rivera, y los enemigos de Juan Perón se exiliaban en Montevideo (por no abundar). La frontera fluvial entre ambos países es motivo de controversia hasta el día de hoy, y los hechos han demostrado que el rimbombante MERCOSUR no es más que una fantochada, al igual que lo fueron o lo son la OEA, la ALALC, la ALADI, el URUPABOL… La ‘hermandad’ latinoamericana no es otra cosa que un ‘cada uno para sí y todos contra todos’, a pesar de los discursos bolivarianos de Hugo Chávez.

Es que en ninguno de estos países (salvo Venezuela, al parecer) gobiernan los herederos ideológicos de los libertadores, por más socialistas o progresistas que se autodenominen. A pesar de que todos proclamen lo contrario, los intereses que predominan en estos sufridos países, no son los de los pueblos sino los del gran capital, y aunque sea de Perogrullo hay que recordar que el gran capital se rige por la norma del ‘Divide y Vencerás/Reinarás’.

Atrás de los intereses ecológicos del gobierno argentino y de los intereses desarrollistas del gobierno uruguayo no hay otra cosa que ese interés, que esa competencia. En lo que atañe específicamente al Cono Sur, es triste pero es preciso anotar, que tal vez la única oportunidad en la que estos países vivieron armónicamente fue en las épocas del Plan Cóndor. En esos años, las clases dominantes de Chile, Bolivia, Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, cerraron filas para enfrentar a sus más peligrosos enemigos: sus pueblos.

En estos tiempos de pragmatismo rampante es difícil soñar. Pero más difícil aún resulta dejar de hacerlo. Renunciar a creer que otra América, que otro mundo es posible, sería como renunciar a vivir, y ya nada valdría la pena luego de esa renuncia. Por eso, a pesar de los pesares, mantengo la esperanza de que algún día, los pueblos americanos despierten y se unan para enfrentar a sus verdaderos enemigos. Hay que trabajar para que no nos devoren los de afuera, juntando palitos como las hormigas, que de una en una nada valen, pero que juntas son un montón.

(COMCOSUR) (Fecha publicación:23/04/2006)