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América Latina y el enigma de la izquierda

Dic 26 2006

Por Mario Osava

RIO DE JANEIRO, dic (IPS) – La oleada de gobiernos que se dicen de izquierda en América Latina, consagrados en 12 elecciones realizadas en los últimos 13 meses, no alcanza a constituir un movimiento regional ni a señalar un rumbo homogéneo.

Se trata de procesos y liderazgos muy disímiles, a algunos de los cuales muchos analistas ni siquiera llegan a calificar de izquierdistas.

«La nueva izquierda de hoy no se llama izquierda, sino socialdemocracia», dictaminó Marta Lagos, directora ejecutiva de Latinobarómetro, en un intento por precisar una definición.

El énfasis de los gobiernos está puesto en «la construcción de redes sociales de apoyo a los más desvalidos de la sociedad», pero sin rupturas, y en su mayoría asumiendo orientaciones económicas conservadoras, observó Lagos.

«La denominación de izquierda confunde a la opinión pública», porque es un concepto que viene de la Guerra Fría, de los años 60, asociado a «movimientos revolucionarios del Che Guevara, el gobierno de Salvador Allende en Chile y la propia Revolución Cubana», explicó a IPS.

Son socialdemócratas, en su evaluación, los gobiernos de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, Néstor Kirchner, de Argentina, Michelle Bachelet, de Chile, y Tabaré Vázquez, de Uruguay.

«El único gobierno ‘más’ de izquierda» sería el boliviano, presidido por Evo Morales, por promover «la refundación» nacional, aunque «desde adentro del sistema democrático», lo cual lo aleja de la izquierda de los años 60.

Al presidente venezolano Hugo Chávez «no lo califico de extrema izquierda ni de socialdemócrata, porque es un populista», dijo la economista que dirige Latinobarómetro, organización no gubernamental chilena que sondea cada año en 18 países latinoamericanos la opinión y los comportamientos del público.

El populismo es «la característica dominante» en su liderazgo y en sus políticas, sostuvo, y mencionó como ejemplo el programa de enseñanza por el cual «se le entrega un título de educación secundaria completa a cualquier persona» que se inscriba en el programa y que puede incluso ser analfabeta. Eso produce confusión y distorsiona el mercado de trabajo, acotó.

«Cada caso es un caso», según Tullo Vigévani, cientista político y profesor de relaciones internacionales en la Universidad Estadual de Sao Paulo (UNESP).

Los gobiernos que la prensa califica «genéricamente de izquierda» tienen orígenes y características distintas, por lo que no son comparables, añadió Vigévani.

Ni siquiera se asemejan los gobiernos señalados como cercanos. El de Morales tiene un carácter étnico y promueve el «acceso al Estado a indígenas marginados desde hace 500 años», mientras Chávez procede de «un grupo militar que estableció fuertes lazos con gran parte de los pobres», destacó el experto.

Tampoco se puede hablar de izquierda «en un análisis riguroso, académico», ya que esos gobiernos no responden a un movimiento y proyectos socialistas, «de igualdad social y colectivización de los medios de producción», observó Vigévani, quien también se desempeña como investigador del no gubernamental Centro de Estudios de Cultura Contemporánea (CEDEC).

Hay gobiernos de origen izquierdista, como es evidente en el caso del que conduce el Frente Amplio en Uruguay, compuesto por comunistas y socialistas, pero cuya «política no es de izquierda».

También en Brasil el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) tiene una mayoría de izquierda, incluso marxista, que no logra hegemonía en el gobierno, señaló Vigévani.

Es la «paradoja de la historia contemporánea», tiempos en que incluso el hecho de que haya países gobernados por partidos comunistas, como China y Vietnam, no permiten decir que Asia tiende a la izquierda, sino todo lo contrario.

«La fuerza del liberalismo, la organización productiva y el sistema internacional restan viabilidad a la aplicación del ideario izquierdista» en esos países, evaluó.

Los gobiernos elegidos recientemente no apuntan «una situación estabilizada» y «son procesos muy vinculados a personalidades», que pueden cambiar en las próximas elecciones, advirtió Vigévani.

De todos modos, identificó una tendencia común de «poblaciones marginadas obteniendo acceso al Estado y voz propia en la política, con mayor capacidad de presionar».

Pero Marcos Novaro, sociólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires, identifica «al menos dos modelos de izquierda en auge» en América Latina, uno «populista, antiimperialista, anti-Estados Unidos y antineoliberal», y otro «socialdemócrata moderado».

En el primero se ubican Chávez, Morales y López Obrador, el candidato mexicano que cuestiona su derrota en las elecciones presidenciales por pequeño margen.

Su expresión más evidente, el «chavismo», comprende «riesgos para la estabilidad institucional». Pero el modelo moderado también afronta problemas, como el de distinguirse de gobiernos de centro o centroderecha «que hicieron gestiones económicas eficaces», como en Brasil y Chile, evaluó Novaro.

«A largo plazo, este segundo modelo es más eficaz», opinó.

Kirchner cultiva la ambigüedad, pues «juega en la versión socialdemócrata y en el antiimperialismo chavista» dependiendo de su interlocutor, indicó.

En ese sentido, el presidente argentino ataca las inversiones extranjeras y las corporaciones internacionales junto con sus vecinos, pero convoca a inversionistas y promete colaborar con la lucha antiterrorista en Washington, observó.

De esa forma, «saca provecho de ambos modelos, sin pagar los costos de uno y otro», evitando críticas, hasta que surjan contradicciones y la práctica deje de ser confiable, pues entonces «pagará los costos juntos», vaticinó Novaro.

Pese a la heterogeneidad e insuficiencias, es «positivo» el ascenso de muchos gobiernos con «preocupación social», que pretenden «distribuir ingresos dentro del capitalismo», después de «30 años de dictaduras y neoliberalismo», evaluó Dulce Pandolfi, historiadora y directora del no gubernamental Instituto Brasileño de Análisis Económicos y Sociales (IBASE).

En estos gobiernos convergen las ideas socialdemócratas y la doctrina social de la Iglesia Católica, cuyo movimiento tiene bases diseminadas en muchos países, en que aparecieron nuevos actores, como los pueblos indígenas, y se destacan diferencias.

Un Chávez seria inimaginable, por ejemplo, en el Cono Sur, donde los militares se desgastaron en el ejercicio dictatorial, observó Pandolfi.

La oleada socialdemócrata en América Latina se debe a que sus banderas coinciden con los problemas de la región: la pobreza, la desigualdad y el desempleo, explicó Lagos. Eso permitió triunfos por mayorías sólidas que aseguran la democracia.

Es un proceso que viene de la década del 60, con sus «revoluciones» y «autoritarismos». Los actuales gobiernos resultan de una transición hacia la instalación de estructuras, reglas, partidos y «un profundo proceso de democratización, de alternancia de elites», que se refleja en el ascenso de los actuales presidentes, especialmente en América del Sur, resumió la directora de Latinobarómetro.

Tal como la palabra izquierda, también América Latina fomenta el «engaño», haciendo creer «que existen más similitudes de las que hay», porque «cada día hay más diferencias» entre los países o grupos de países de la región, desde el fin del autoritarismo», sentenció Lagos, recomendando «distinguir fenómenos que se dan en dos, en tres países».

Además de las especificidades, «la integración política de América Latina es un sueño que está muy lejos». La democratización «produjo la introspección de los países», concentrados en la solución de sus problemas internos. Por eso, una integración efectiva tendrá que «esperar que se consoliden esos procesos en algunos países», concluyó.

*Con la colaboración de Marcela Valente (Argentina) y Daniela Estrada (Chile)(FIN/2006)