General

Las once restricciones

Dic 20 2006

Antonio Peredo Leigue

Durante dos semanas, los grupos afectados por el programa de cambio que dirige el presidente Evo Morales, enfilaron todas sus baterías contra la política de gobierno. Para ello, desplegaron la pantalla de su reclamo por dos tercios en las votaciones de la Asamblea Constituyente y remataron, como no podía ser de otro modo, en su repetida exigencia de autonomía con poderes absolutos.

Lograron, ¡cuándo no!, convencer a algunas capas de la clase media, con la que realizaron una huelga de hambre que se diluyó sin consecuencias y apostaron a crear un clima de confrontación, en el que esperaban entrampar al gobierno. La campaña mediática, que trascendió ampliamente las fronteras, mostraba un país en vísperas de guerra civil. No encontraron apoyo, ni aún de quienes deseaban hacerlo, porque comprendieron que la violencia iba a volverse contra ellos.

No por mucho madrugar…

Diez días atrás, mientras se realizaba la Cumbre Sudamericana, el prefecto de Santa Cruz Rubén Costas, al incorporarse a la huelga de hambre, firmó un pronunciamiento con los comiteístas, publicado en todos los diarios del país. En esencia, tal pronunciamiento decía: si no acceden a otorgarnos la autonomía en los términos que exigimos, nos declararemos independientes. Esperaban causar espanto en el gobierno y obtener respaldo de algún gobierno. Inclusive publicaron, al otro día, una carta de apoyo firmada por gobernadores de estados y provincias del Brasil, la Argentina y Paraguay, quienes han mantenido un avergonzado silencio posterior.

La reacción que, en realidad, se produjo fue contraria: una dura advertencia del gobierno y el respaldo de los países de la región al gobierno democrático del presidente Evo Morales. Dos días después, debieron publicar otro pronunciamiento en que suprimían sus amenazas separatistas, aunque seguían demandando autonomía plena, además de una junta autonomista con la que pretenden bloquear la implementación del programa de gobierno.

Para salir airosos de su fracasado intento, cifraron toda su expectativa en la realización de cabildos en los departamentos donde los grupos desplazados del poder han sentado sus reales. Se dieron cuenta que mostraron sus cartas demasiado temprano.

Globo de ensayo

Más cuidadosos después de sus intentos fracasados, los comiteístas lanzaron un globo de ensayo. Un día antes de la fecha que fijaron para sus cabildos, lanzaron uno en Cochabamba, encabezado por el prefecto Manfred Reyes Villa. Este político, siempre dispuesto a subirse al tren que está en marcha, lanzó un fogoso discurso reivindicando todas las exageraciones (inclusive la proclama de independencia) a las que agregó su propuesta de referéndum departamental sobre la autonomía.

Oportunamente, se dieron cuenta que no podían mantener su exigencia fundamentalista, por la repulsa que sufrió su vocero. Rápidamente armaron una nueva estrategia y su discurso debió cambiar de orientación. Por supuesto, todos ellos se olvidaron del obsecuente prefecto que les había servido para medir sus fuerzas.

Bajo estas condiciones prepararon los cabildos en cuatro capitales departamentales: Tarija, Santa Cruz, Trinidad y Cobija. Aunque todos se esforzaron por mostrar que podían reunir la mayor cantidad de personas, era evidente que en Santa Cruz, donde los desplazados del poder son más poderosos, se utilizarían todos los medios para garantizar una masiva concurrencia. Cientos de miles de poleras, vehículos para traer gente de los lugares más lejanos, despliegue de equipos electrónicos para ver y oír a la distancia, helicópteros para la campaña mediática.

Nada faltaba. Incluso estaban preparados los grupos de choque con los cuales provocar en el momento en que se diese la mínima posibilidad de enfrentamiento.

Los climas adversos

Dependiendo de la euforia usada en la convocatoria y de las condiciones atmosféricas, los cabildos tuvieron diverso resultado. De todos modos, en Santa Cruz, se anunciaron las pautas de la forma en que se enfrentará al gobierno, de ahora en adelante. La estrategia está resumida en once puntos de una propuesta que, abiertamente, reclama el control de todos los recursos, las riquezas y la población.

Estos son:

1) Autonomía departamental sin modificar la actual delimitación.
2) Potestad para definir qué derechos tendrán los indígenas en sus territorios.
3) Marco de “Estado social democrático”.
4) Elección de prefectos y asambleas departamentales por voto directo.
5) Competencias normativas, ejecutivas y administrativas.
6) Autonomía departamental en coordinación con los municipios.
7) Competencias compartidas con el Gobierno central y los municipios.
8) Competencias compartidas sobre tenencia y propiedad de la tierra.
9) Régimen de descentralización fiscal sobre tributación.
10) Capacidad para planificar desarrollo y crear instituciones.
11) Facultad de insertarse directamente en el mundo.

Intenciones desembozadas

Lo que resalta de estos once preceptos es el afán de tener control sobre la tierra y capacidad de imponer tributos. Esto parece ser lo más notorio y tiene que ver con los verdaderos intereses de los grupos que han levantado toda esta serie de acciones que, en el exterior, se han visto como reclamos contra un supuesto autoritarismo en el gobierno y defensa de la democracia.

En los pronunciamientos publicados anteriormente, fueron explícitos sobre este tema. Desde las prefecturas se manejará la distribución de la tierra conforme a disposiciones propias, específicamente entre los originarios del departamento. Conocemos que, los hijos de los migrantes de occidente, son considerados como no originarios. No ocurre lo mismo con los hijos de los inmigrantes europeos que, en última instancia, manejan el discurso separatista. Es obvia la respuesta a quien preguntase entre quiénes se repartirán la tierra. Además, tendrían potestad sobre tierras forestales, lo mismo que en lo referente a recursos hídricos que podrían manejar a su antojo, sin que pudiera implementarse planes nacionales sobre los mismos.

Respecto a la tributación, en más de una oportunidad plantearon que las prefecturas recaudarían impuestos departamentales y nacionales; de estos últimos, se entregaría un tercio al gobierno central y 10% para un fondo de ayuda a los departamentos más empobrecidos. Pero, además, quieren establecer políticas propias de tributación. De esa forma, podrían jugar para atraer capitales sin ningún reparo sobre la suerte del resto del país.

Las intenciones descaradas

El último precepto es simplemente escandaloso: “insertarse directamente en el mundo”. La explicación que hizo Carlos Dabdoud (vocero de los comiteístas) dice así: Hacer negocios sin estar dependiendo de la Cancillería (del gobierno central) y tener una relación directa de Estado a departamento.

Lo menos que supone esta propuesta es la creación de consulados en cuanto país consideren necesario. No sólo quieren independencia, sino que el resto del país se someta a sus intereses.

¡Ya basta!

Contra estas pretensiones, el pueblo votó, con mayoría absoluta, en las elecciones de diciembre pasado y julio de este año.

Al instalarse la Asamblea Constituyente, la mayoría determinó que será esta instancia la que establezca los principios en los que se asentará la nueva sociedad que el pueblo quiere construir una nueva Bolivia. La autonomía que quieren imponer los comiteístas es absolutamente contraria a ese propósito de quienes ven que perderán sus privilegios.

En Bolivia se mantendrá la democracia; en realidad, se establecerá una verdadera democracia para que todos, absolutamente todos, y no un grupo privilegiado, vivamos bien.

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