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¿Mejor, igual o peor?

Dic 22 2006

Por Humberto Márquez

CARACAS, dic (IPS) – Los debates por los números de las políticas sociales no cesan en Venezuela, aunque a los pobres poco les importa que los cuenten.

Para los partidarios del presidente Hugo Chávez, las estadísticas sobre educación, salud y pobreza muestran inequívocos avances. Para sus detractores no son confiables. Y para la prensa, la opacidad es la tónica.

Mientras, las agencias internacionales intentan desarrollar la forma de medir los programas sociales creados por el gobierno bolivariano.

A medio camino del plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) en 2015, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas, Cepal, alertó sobre los problemas de carencia de capacidad estadística y de discrepancias en materia de indicadores para medir los avances o retrocesos de los países de la región.

La pobreza en Venezuela se ha reducido en más de 12 puntos porcentuales desde que Chávez llegó al poder en 1999, cuando afectaba a 49,4 por ciento de la población, de la que 21,7 por ciento eran indigentes, según la Cepal.

Al cierre de 2005, 37,1 por ciento de los habitantes estaban en situación de pobreza, 15,9 por ciento de los cuales reportaban pobreza extrema, de acuerdo con el informe «América Latina: Evolución de la Pobreza y la Indigencia 1980-2006» de la Cepal, cuyas cifras se basan en «las tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países», que en el caso venezolano son elaboradas por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

El INE estimó que al cierre de 2006, Venezuela podría tener menos de 10 por ciento de pobreza extrema, con lo que se alcanzaría la primera de las metas del milenio, tal como fue planteada en 2000 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de reducir a la mitad, para 2015, la proporción de personas que ganan menos de un dólar diario.

«Venezuela alcanzará cómodamente las Metas del Milenio, ya lo estamos cumpliendo», afirmó Chávez el 20 de septiembre en Nueva York, poco después de hablar ante la Asamblea General de la ONU.

Recordó que, por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, declaró a Venezuela territorio libre de analfabetismo, después de que el gobierno aseguró haber alfabetizado a 1,5 millones de personas.

«Según el Informe Mundial de Educación para Todos 2005, su tasa de escolarización figura entre las 10 primeras de la región», dice la Unesco refiriéndose a Venezuela en su sitio web, «si el país logra reducir el ausentismo escolar, se acercará al cumplimiento de los objetivos de Dakar».

Entre los seis objetivos de la conferencia de Dakar (2000) se destacan alcanzar la educación universal primaria, gratuita, obligatoria y de buena calidad antes de 2015, y aumentar el número de adultos alfabetizados en 50 por ciento para el mismo año.

«Dios habla a través de las matemáticas», dice con frecuencia Chávez, refiriéndose a que sus metas pequeñas y grandes son asuntos de cifras y no de retórica. El gobernante, que atribuye la frase a Pitágoras, con frecuencia hace operaciones aritméticas públicamente antes de presentar resultados cuantitativos de su gestión o propuestas socioeconómicas.

También encabeza la defensa numantina de las «misiones», unos 15 programas sociales desarrollados en los últimos tres años al margen de la estructura tradicional del Estado, y a los que se ha inyectado millonarias sumas provenientes de las exportaciones petroleras.

De ese sostenido discurso se origina una fuente de dudas sobre las estadísticas oficiales, porque en marzo de 2005, en su programa semanal de televisión, Chávez rechazó las cifras sobre pobreza entregadas a la prensa por el INE y requirió una rectificación del organismo.

Elías Eljuri, director del INE, dijo en una entrevista periodística en diciembre de 2004 que «el índice de pobreza en Venezuela se ubicó en 53 por ciento para el mes de noviembre», con 25 por ciento de pobres extremos, esto es hogares sin ingresos suficientes para adquirir la canasta alimentaria, según la medición del INE.

Venezuela apenas salía de la crisis política de 2002 y 2003, cuando sufrió un breve golpe de Estado y una huelga petrolera que produjo, en ese bienio, una caída de casi 28 por ciento del producto interno bruto.

El funcionario presentó esas cifras para rebatir a opositores «que cometen un error premeditado al sumar pobreza con pobreza extrema» y ubicaban así el flagelo por encima de 70 por ciento.

Eljuri propuso entonces, incluso en reuniones de la Comunidad Andina de Naciones, «diseñar un nuevo modelo de indicadores sociales, para construir un índice de bienestar social a partir de una Encuesta del Nivel de Vida».

Los métodos tradicionales de medición de la pobreza, tanto el coyuntural que mide ingresos como el estructural que considera necesidades insatisfechas, no abarcaban la incidencia de programas como las «misiones», destacó Eljuri.

Entre estas «misiones» están la de alfabetización, atención primaria de salud con personal médico cubano, distribución de alimentos subsidiados, entrega de almuerzos y meriendas a mujeres y niños muy pobres, operaciones oftalmológicas y pagos a desempleados que acudan a cursos de capacitación para el trabajo.

Como resultado de la admonición de Chávez, el INE se mantuvo al margen de la prensa hasta octubre de 2005, cuando Eljuri presentó a la prensa nuevas cifras, con 38,5 por ciento de pobreza total.

«Hay que ser ciego para decir que la pobreza se ha incrementado en los últimos años en el país. Los hogares en esa situación se han reducido 14,6 por ciento», señaló Eljuri.

En el curso de la campaña electoral que concluyó el pasado 3 de diciembre con la reelección de Chávez, el dirigente opositor Teodoro Petkoff comentó a IPS que uno de los méritos del proceso político venezolano ha sido colocar la pobreza, y la necesidad de su superación, como el gran tema nacional.

«Una pobreza que es mayor a lo señalado por las cifras oficiales, que se manejan de acuerdo con los dictados de Miraflores», la sede del Poder Ejecutivo, aclaró.

Eljuri dijo en octubre pasado que «cuando en 2003 el INE mostró que la pobreza alcanzaba 55 por ciento, la oposición dijo que ese dato era perfecto. Pero cuando ella ha declinado entonces dicen que maquillamos las cifras y deducen que nuestros instrumentos de medida son inapropiados».

El politólogo Víctor Maldonado, director de la Cámara de Comercio de Caracas, dijo a IPS que «en Venezuela ocurriría un milagro económico y social inédito si las cifras oficiales recogidas por la Cepal fueran ciertas, pero no es así».

Por ejemplo, el gobierno reivindica que su «misión» Barrio Adentro, con unos 13.000 médicos cubanos y 4.500 odontólogos, ha efectuado en tres años 203 millones de consultas, salvado más de 30.000 vidas y realizado 27,5 millones de visitas a familias, en este país de 27 millones de habitantes. Pero se trata de cifras no auditadas y no se conocen programas de medición del impacto de las misiones.

Además, es imposible para la prensa obtener siquiera un listado oficial de los puntos donde están los médicos cubanos, menos aún de su número, función o identidad.

Para Maldonado, la cifra de consultas «supondría un caso grave de población enferma que no puede solucionarse con esa medicina primaria».

«Los datos de salud contrastan con cifras del INE, según las cuales la mitad de los nacimientos no se registran en el año de la ocurrencia, lo que significa decenas de miles de niños fuera de los servicios de salud», señaló el dirigente de los comerciantes.

El INE «ha cambiado parámetros de medición de indicadores, por ejemplo desempleo, pues la encuesta de hogares por muestreo (herramienta semestral de medición) considera ahora que una persona es empleada si ha trabajado al menos una hora en la última semana», dijo Maldonado. No obstante este es el parámetro que se está usando internacionalmente, por lo que no sorprende que Venezuela lo haya adoptado para armonizar las estadísticas nacionales con las mundiales.

Las agencias del sistema de Naciones Unidas con representación en Caracas han intentado desarrollar con el gobierno de Chávez mecanismos para medir y evaluar el impacto de las «misiones», supo IPS, pero fuentes de esas entidades declinaron informar sobre los trabajos subrayando que se encuentran todavía en la fase de elaboración.

La propuesta surgió luego de un choque entre la Cepal y los ministros venezolanos de Educación y Salud, Aristóbulo Istúriz y Francisco Armada, por un informe de la agencia multilateral en 2005 sobre pobreza en Venezuela, que fue considerado «sesgado» por el gobierno, al utilizar cifras de 2002 y no considerar el peso de las «misiones».

«Deben evaluarse las misiones, potenciar lo positivo y corregir sus fallas, pero para eso es imperativo la producción de datos confiables, verificables y públicos, para ejercer el derecho a la participación y a la contraloría social», comentó a IPS Marino Alvarado, de la organización no gubernamental (ONG) Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos, Provea.

El gobierno «ha dejado de entregar datos oportunos sobre violencia criminal y otras estadísticas útiles para valorar el respeto de los derechos humanos», ejemplificó Alvarado.

Fernando Pereira, de la ONG especializada en infancia Cecodap, comentó que se constatan progresos en el área social, pero agregó que sobre los derechos relacionados con la seguridad, integridad y respeto a la vida de la niñez y la adolescencia sólo cuentan con registros de prensa, porque la policía judicial no les brinda información.

Para Maldonado «el problema de las misiones es que no son mensurables, no hay un control de gestión independiente. Están acompañadas de mucha propaganda y se confunde propaganda con valoración».

Pero para gente como Eduardo Loaiza, de 37 años, que con su familia atiende puestos de venta de utensilios de cocina y ferretería en tres céntricas calles de Caracas, «hay muchos planes con muchos nombres para al final distribuir un poco más la plata. Es que este gobierno es bien intencionado, pero muy desordenado en todo, aunque lo importante es que nos ayuden a sostenernos para ver si salimos de abajo».