General

Afianzar la autonomía, retomar la iniciativa

Ene 4 2007

Raúl Zibechi

ALAI AMLATINA, 03/01/2007, Montevideo.- Los movimientos sociales
sudamericanos enfrentan un panorama inédito: la mayoría de los gobiernos
del continente se definen progresistas o de izquierda. Una realidad que
los mismos movimientos contribuyeron a configurar y que puede ayudarlos
a crecer o bien bloquear su desarrollo.

En efecto, siete de los diez países sudamericanos presentan gobiernos
que se reclaman afines a los movimientos sociales. Este nuevo escenario
está teniendo tal impacto sobre los movimientos que éstos ya no pueden
seguir trabajando como antes. A grandes rasgos, existen dos diferencias
notables con el período anterior. Por un lado, la contradicción entre
gobiernos neoliberales y movimientos sociales ya no ocupa el principal
lugar. La creciente polarización entre los nuevos gobiernos y las viejas
derechas, ahora renovadas con nuevos temas y consignas, tiende a
desplazar a los movimientos de su anterior protagonismo. En Venezuela y
Bolivia la derecha consigue movilizar sectores importantes de las
poblaciones, y en el segundo caso enarbola propuestas autonómicas que
resultan un excelente gancho para homogeneizar sus sociedades. Algo
similar puede llegar a suceder en Ecuador cuando asuma Rafael Correa el
15 de enero. En Argentina, la derecha se está reagrupando para impedir
el avance de la causa de los derechos humanos y consiguió realizar un
importante paro agrario contra la política sectorial de Néstor Kirchner.
En Brasil, la excusa para la movilización electoral de la derecha fue la
corrupción.

Lo novedoso, es que la derecha consigue agrupar sectores de las capas
medias y en ocasiones consigue ganar la calle con cientos de miles de
simpatizantes. En esas situaciones no sólo los movimientos, y sus
demandas, se ven desplazados, sino que se ven forzados a moverse en
apoyo de gobiernos con los que a menudo tienen sólo coincidencias parciales.

En segundo lugar, se está diseñando una nueva relación entre las fuerzas
que integran los gobiernos progresistas y de izquierda y los sectores
populares que forman las bases sociales de los movimientos. Se trata de
relaciones complejas que están comenzando a ser construidas, en casi
todas, partes sobre la base de las anteriores políticas focalizadas
hacia la pobreza. En general, existen dos «modelos» en el continente. El
que se implementa en Ecuador, y de algún modo en Bolivia, aparece
centrado en el «fortalecimiento de las organizaciones» sociales que se
les asigna -a partir de la instalación del PRODEPINE (Proyecto de
Desarrollo de los Pueblos Indios y Negros del Ecuador) a mediados de los
90- la tarea de ser ellas mismas las diseñadoras y ejecutoras de los
programas asistenciales. Estos programas han dañado en profundidad a los
movimientos. En Ecuador estuvieron a punto de provocar la escisión de la
Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) y
consiguieron debilitarla considerablemente.

En Brasil, Argentina y Uruguay, las políticas hacia la pobreza que están
implementando los gobiernos progresistas han dado un salto cualitativo
respecto a los programas anteriores, todos ellos financiados y
promovidos por el Banco Mundial, al igual que en el caso anterior. En
sentido estricto, ya no puede hablarse de políticas «focalizadas», toda
vez que en Brasil alcanzan al 25% de la población y en Argentina y
Uruguay oscilan entre el 10 y el 20%. En realidad estamos ante una
reconfiguración de las relaciones entre los estados y los sectores
populares, diferente a la que se había gestado durante el período de los
estados del bienestar.

El resultado es que estas políticas afectan la capacidad de acción de
los movimientos, o sea de los pobres organizados. Más aún, tienden a
poner en cuestión la propia autonomía conseguida durante el período del
neoliberalismo duro y puro. Dos hechos están en la base de este
debilitamiento: los subsidios generan relaciones clientelares, y por lo
tanto verticales, entre los ministerios «sociales» y las masas de pobres
no organizados, que ahora se muestran menos proclives a movilizarse. En
paralelo, muchos dirigentes de los movimientos pasan a ocupar cargos de
menor rango en los gobiernos progresistas, tomando distancia de sus
organizaciones o bien poniéndolas en relación de subordinación con los
gobiernos para los que trabajan.

Ante este nuevo escenario, poca utilidad tiene empeñarse en repetir lo
que hasta ahora había dado resultado. Reconocer los cambios es el primer
paso para salir de la debilidad actual. Empeñarse en fortalecer la
autonomía (cultural, política y material) parece imprescindible para
sortear las actuales dificultades. En nuestro continente, además de los
zapatistas, los sin tierra de Brasil son los que cuentan con análisis
más claros. No dudaron el movilizarse para apoyar a Lula en la segunda
vuelta electoral, con el objetivo de cortarle el paso a la derecha. Pero
ya se lanzaron a una campaña de propaganda y movilizaciones, conscientes
de que si no hay presión desde abajo Lula no moverá un dedo para poner
en marcha la reforma agraria. Con ser necesario, volver a la calle no
soluciona todos los problemas. Como señala Joao Pedro Stédile,
coordinador del MST, es necesario estudiar, analizar, comprender las
nuevas realidades que están naciendo bajo estos gobiernos.

Por último, parece imprescindible establecer nuevas relaciones entre los
sectores organizados y los no organizados del abajo. Sin ello, no será
posible retomar la iniciativa. Pero aún no sabemos con precisión cómo,
con quienes, ni dónde. Todo apunta a que los cinturones de pobreza de
las grandes ciudades serán los escenarios de las futuras revueltas. Los
sin tierra apuestan al movimiento hip hop. O sea, a los jóvenes, negros,
pobres. En Buenos Aires se adivinan nuevas relaciones entre los jóvenes
que se movilizaron en los piquetes, los jóvenes pobres influenciados por
la música que se escucha abajo y los inmigrantes paraguayos y
bolivianos. En todo caso, en esas regiones satanizadas por los poderes
-aún los progres- hay un mundo de potencias que puede alimentar nuevos
movimientos.
_____________________________________________
Servicio Informativo «Alai-amlatina»
Agencia Latinoamericana de Informacion – ALAI
info@alainet.org
URL: http://alainet.org