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El american way of thinking

Ene 30 2007

Ana Esther Ceceña

“El desafí­o al que nos enfrentamos en el gran Oriente Medio es más que un conflicto militar. Es la lucha ideológica decisiva de nuestra era” dijo George W. Bush al anunciar la política para 2007 en Irak. Y efectivamente en Irak, como en muchos otros lugares del llamado Tercer Mundo, el capitalismo está empezando a tocar fondo por su profunda ilegitimidad política, ideológica, cultural y, en cierto sentido, incluso militar.

Irak demuestra que hay guerras que no se pueden ganar, aunque no se pierdan. La presencia estadounidense (y británica, por cierto) parece tener condiciones de fijar posiciones militares por largo tiempo en la región, resolviendo una de las preocupaciones centrales del Pentágono que marcaba el Asia central como la única zona del mundo, pensado en grandes trazos, donde carecían de posiciones para garantizar el control planetario. Con las intervenciones de Afganistán e Irak se cubrió el hueco, comprometiendo incluso a varias de las repúblicas recientes desprendidas de la Unión Soviética.

Es decir, Estados Unidos ganó geopolíticamente aunque no logra todavía ganar esas guerras y no parece tener posibilidades de hacerlo. Ganó también en su posición relativa en el control petrolero mundial, cuestión esencial para sostener su hegemonía, para sustentar los gastos de guerra y para favorecer los negocios privados del Presidente y sus más cercanos colaboradores. No obstante, fallaron sus previsiones de paralizar a los pueblos afgano e iraquí con sus infames operativos de “conmoción y pavor” y parece encontrarse en una situación de confusión que lleva a un reforzamiento de activos humanos y tecnológicos para tratar de cubrir con cantidad la insuficiencia de inteligencia estratégica.

Los nuevos nombramientos de Gates en el Departamento de Defensa, y de Negroponte como Secretario de Estado adjunto, parecerían estar apuntando en el sentido de fortalecer la inteligencia estratégica frente al uso puro y duro de la maquinaria bélica, no obstante, la decisión tomada de incrementar las tropas apunta en sentido contrario y, la propia filiación anticomunista de los dos personajes, apuntan más bien hacia los usos y costumbres de la Guerra Fría y de la América de los años setenta. Ambos personajes se desempeñaron en tareas de espionaje y desestabilización de lo que consideraban regímenes comunistas: Gates en el área de influencia soviética y Negroponte fundamentalmente en América Latina, con una última y significativa experiencia en Irak.

El ethos de la CIA es quien toma el timón. Las concepciones y procedimientos de la lucha anticomunista, y la percepción, reforzada por Irak, de que el mayor peligro, antes que el narco y el terrorismo es la insurgencia o insurrección de los pueblos, obligó al desplazamiento de Rumsfeld. El disciplinamiento de los Estados, con buenas o malas maneras, parece un saber adquirido. Pero enfrentarse a pueblos que rebasan las fronteras de un Estado, que se organizan en redes sin cabeza, amorfos y cuyos sentidos son difíciles de entender (Colonel Joseph D. Celesky) implica nuevos aprendizajes y exige un trabajo sistemático en preparación de inteligencia.

La resistencia iraquí, las indisciplinas iraní y siria, e incluso coreana y venezolana son hoy el centro de atención de la supuesta estrategia norteamericana. Bush no quiere salir de Irak; busca extenderlo. Un Irak-Irán-Siria justificaría la presencia renovada de tropas, el gasto acrecentado en armas, equipo bélico y personal de inteligencia, y permitiría mantener y extender el control sobre los yacimientos petroleros. Aun sabiendo que la guerra no se gana, es mejor estar en la zona que fuera de ella, parece ser el principio guía.

En el mapa mundial los puntos neurálgicos giran en torno a los recursos estratégicos y a las insurrecciones que tienden a poner en riesgo lo que Bush llama “nuestra forma de vida”. Defender el american way of life es indispensable para mantener la supremacía sobre el territorio global: el american way of life es el mercado dominado por las reglas depredadoras que impone el Fondo Monetario Internacional; es el acceso irrestricto de las transnacionales y el ejército de Estados Unidos a los yacimientos estratégicos, es la política militarizada de seguridad nacional en el nivel planetario, y es la legalización de la tortura y del aniquilamiento temprano de la disidencia. Es decir, es la total impunidad de Robocop, hoy con una cobertura “inteligente”. No hay un cambio de estrategia donde no hay una recuperación de la política como arena para dirimir los conflictos.

Al contrario, la reapertura del conflicto en Somalia claramente marca una ampliación del área bajo atención directamente militar (ver mapa 1). De la misma manera que acuerdos como el de la Alianza de Seguridad y Prosperidad de América del Norte (ASPAN), amplían el área de soporte estratégico de Estados Unidos (ver mapa 2), garantizando un territorio base organizado a manera de círculos concéntricos o secuenciales, con políticas específicas de diferente magnitud de cobertura, de rudeza y de impermeabilidad. La dimensión de la guerra de algún modo indica la dimensión de la autosuficiencia que permita garantizar condiciones adecuadas para el enfrentamiento.

Por esta razón es tan importante tener seguras las correas de sujeción con América Latina, y en general con todo el continente americano. América es concebida, y en realidad constituye, el área de invulnerabilidad desde donde Estados Unidos se enfrenta al resto del mundo. Por eso ha sido necesario desplegar una política económica, diplomática, militar y jurídica que en conjunto asegure la disponibilidad continental en función de los intereses y las dinámicas de Estados Unidos.

Por eso es tan peligroso, para la hegemonía estadounidense, que alguien se atreva a querer “cambiar su forma de vida”, como dice el presidente Bush; que alguien se atreva a querer ser y hacer diferente. A no regirse por el american way of thinking. Por eso la mayor amenaza hoy son las insurgencias populares, porque son las únicas capaces de parar esta maquinaria de guerra. Y en estas insurgencias populares, afortunadamente, está empezando a aparecer la de los propios habitantes de Estados Unidos: ya sean originarios o migrantes de primera o de última generación. Bienvenidos a la fiesta de la diversidad y la utopía.

– Ana Esther Ceceña, economista mexicana, es investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Coordinadora del Grupo de Trabajo Hegemonías y Emancipaciones de CLACSO.

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