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RONDA DOHA: A LA ESPERA DEL GRAN ACUERDO

Ene 22 2007

Por Pascal Lamy (*)

GINEBRA, Ene (IPS) Existe la impresión de que el sistema multilateral de
comercio se ha desarrollado de un modo desventajoso para los países en
desarrollo. Esta tendencia podría no ser sostenible a la larga y por lo
tanto es necesario corregirla si queremos que el sistema comercial
multilateral prospere. Este es el propósito de la actual ronda mundial de
negociaciones comerciales que la Organización Mundial del Comercio (OMC)
lanzó en 2001 y que lleva el nombre de Agenda de Desarrollo de Doha (ADD).

El valor básico que apuntala a la OMC es que la apertura comercial es
beneficiosa. El sistema comercial multilateral ayuda a incrementar la
eficiencia económica y a reducir la corrupción y el mal gobierno. El
comercio ha jugado un papel cada vez mayor en la economía mundial durante
las décadas pasadas, como lo ilustra el hecho de que el crecimiento del
comercio real supera al de la producción mundial. La proporción de las
exportaciones mundiales de bienes y servicios con respecto al PBI aumentó de
13,5% en 1970 a 32% en 2005.

Pero el desafío de la globalización que enfrentan los países en desarrollo
hace necesario un incremento de la acción internacional. Un aspecto
fundamental de la Ronda Doha es que procura corregir a favor de los países
en desarrollo los desequilibrios remanentes en las presentes normas
comerciales a fin de proporcionar a todos los miembros de la OMC, y en
particular a los países en desarrollo, auténticas oportunidades de mercado.

Una serie de normas de la OMC perpetúa algunos aspectos negativos para los
países en desarrollo. Este es el caso del sector agrícola, que actualmente
es la clave para desbloquear al resto de la ADD.

¿Cómo puede la agricultura, que representa menos del 8% del comercio mundial
tener fuera de pista a toda la agenda de la Ronda Doha? Es que la producción
de alimentos sigue siendo un sector muy sensible tanto para los países ricos
como para los pobres. Y dado que la actual ronda de negociaciones se refiere
al desarrollo y que más del 70% de los pobres del mundo vive en áreas
rurales no hay modo de que la ADD pueda continuar si no se aborda
adecuadamente la cuestión de las actuales tendencias favorables a los países
ricos.

Por esta razón en el mandato Doha, todos los miembros de la OMC acordaron en
2001 que el objetivo a largo plazo es el de establecer un sistema comercial
justo a través de un programa de reformas fundamentales que incluyan reglas
y compromisos específicos de sostén y protección para corregir las
distorsiones en los mercados agrícolas mundiales.

Similar predisposición existe con respecto a los picos arancelarios y altas
tarifas que aún siguen siendo aplicados por los países desarrollados en el
sectores de los textiles y la vestimenta, donde un amplio número de países
en desarrollo tiene ventajas comparativas. Las nuevas normas sobre acceso al
mercado para productos no agrícolas (NAMA) abordarían esos picos tarifarios
a fin de beneficiar las exportaciones de los países en desarrollo.

Es crucial para todos los países completar la Ronda Doha, ya que ella
constituye una herramienta fundamental para controlar y aprovechar la
globalización y asegurar nuestro desarrollo sostenible. Por cierto que
concluir la ronda es comprensiblemente difícil, ya que constituye, debido a
su alcance y al número de países que están negociando, el más ambicioso
intento que han hecho los gobiernos para abrir multilateralmente el
comercio, incluyendo el agrícola. La ronda previa, la llamada Ronda Uruguay,
escribió en 1994 el moderno libro de normas del sistema comercial mundial y
la Ronda Doha lo está usando, una decena de años después, para abrir el
comercio y reformarlo en una escala sin precedentes.

Esta ronda ofrece los mayores recortes jamás hechos en aranceles
industriales, que están incluidos en gran parte de las exportaciones de los
países desarrollados, a través de una fuerte reducción de las tarifas y de
más profundas reducciones en sectores selectos. Asimismo, contiene la
promesa de procedimientos antidumping reformados para mejorar la
transparencia y la previsibilidad. También, por primera vez, enfrenta el
tema los subsidios a la pesca que incrementan las capacidades de esta
actividad y contribuyen al agotamiento de los recursos naturales de nuestros
océanos. Por otro lado, va más profundamente en la apertura de servicios
tales como los financieros, las telecomunicaciones, los ambientales y una
amplia serie de servicios comerciales.

Muchas propuestas han sido presentadas ya en las negociaciones de la Ronda
Doha, pero claramente lo que está actualmente sobre la mesa no es suficiente
para llevarnos al éxito. Todas las partes deben hacer una contribución
mayor, empezando por la cuestión agrícola. Estados Unidos debe aceptar
recortes en sus subsidios más allá de su actual oferta. La Unión Europea y
el G-10 tienen que acordar mayores reducciones en los aranceles agrícolas
que las contenidas en su actual posición. India y los países del G-33
también tienen que mostrar flexibilidad. Si queremos alcanzar un resultado,
todos los miembros deben mostrar flexibilidad. A nadie se le pide que
suscriba compromisos desproporcionados y ciertamente las flexibilidades
existen para atender situaciones específicas. Con un esfuerzo adicional
podemos resolver la cuestión agrícola, lo que a su vez facilitará el curso
de la última etapa de las conversaciones sobre otros tópicos. (FIN/COPYRIGHT
IPS)