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Aquí también, sunitas contra chiitas

Feb 21 2007

Por Kimia Sanati

TEHERÁN, 21 feb (IPS) – La tensión es patente en la frontera de Irán con Afganistán y Pakistán, tras un atentado contra fuerzas de seguridad del régimen chiita reivindicado por insurgentes de la comunidad sunita, minoritaria en el país pero mayoritaria en esa zona.

La detonación de un coche bomba la semana pasada en Zahedán, en la sudoriental provincia de Baluchistán, se cobró 11 vidas y causó heridas a otras 18 personas. El atentado fue atribuido a la organización militante sunita Jundullah («ejército de Dios»).

Jundullah, que cuenta con redes en Pakistán, lucha por la independencia de Baluchistán y su unificación con la provincia pakistaní del mismo nombre, y es considerada una organización terrorista por ambos gobiernos.

Uno de los cuatro hombres capturados poco después del ataque, Nasrollah Shanbezehi, fue colgado el lunes en el mismo lugar del estallido.

Nasrollah Shambezehi había confesado su participación en el operativo en un programa especial de la televisión estatal, y dijo entonces haber ingresado a territorio iraní desde Pakistán pocos días antes.

Los esfuerzos del gobierno iraní por contener la propagación del sectarismo religioso no han logrado contener a Jundullah, que perpetró varios ataques terroristas en esa provincia, incluyendo el asesinato de cuatro policías a principios de este mes.

Esta organización, también conocida como Movimiento Popular de Resistencia Iraní, se atribuyó el secuestro y asesinato de varios clérigos y funcionarios, así como una masacre en una ruta de la occidental provincia de Kermanchah el año pasado.

El líder de Jundullah es un joven de 24 años, Abdul Malik Rigi, que se hace llamar emir Abdul Malik Baluch y asegura desde la clandestinidad que seguirá métodos de lucha pacíficos si el régimen chiita iraní hace lo mismo.

En un comunicado divulgado el día 14 a través de Internet y por canales de televisión satelital que emiten programas en persa desde fuera de Irán, el emir Baluch informó que las operaciones fueron en represalia por las ejecuciones de algunos miembros de Jundullah.

«Ante la respuesta violenta del régimen a las protestas pacíficas, no quedó otro camino que recurrir a las armas», indica el comunicado.

Un alto funcionario de seguridad de la localidad de Zahedán indicó a la agencia iraní de noticias ILNA que la operación terrorista había sido dirigida «desde el extranjero», y que la policía se incautó de armas y una poderosa bomba en un escondite allanado por la policía la noche anterior a la explosión.

En su breve confesión, Nasrollah dijo haber sido reclutado por Jundullah tres meses antes del atentado y haber recibido dos meses de entrenamiento en Pakistán con instructores que hablaban en inglés.

También indicó que la organización le había prometido unos 1.000 dólares y que ésa había sido su única motivación.

Jundullah, supuestamente un grupo escindido de la organización pakistaní de mismo nombre, salió a la luz tras una toma de rehenes en el Baluchistán iraní.

En enero de 2006 fueron secuestrados nueve miembros de los Guardianes de la Revolución (fuerza de seguridad del régimen chiita), quienes habrían sido trasladados a Pakistán.

Luego, la cadena de televisión satelital Al-Arabiya transmitió imágenes de los rehenes, a los que Jundullah amenazó con ejecutar a menos que Irán liberara a 16 de sus militantes presos.

Un oficial de los Guardianes, fue ejecutado y sus imágenes ofrecidas a Al-Arabiya, pero la cadena, esta vez, se negó a emitirlas. Los restantes fueron luego liberados tras negociaciones con el gobierno iraní, que negó el pago de un rescate.

En marzo de 2006, insurgentes con uniforme policial atacaron una caravana del gobernador de Zahedán. Mataron a 22 personas y secuestraron a 12 más. El gobernador resultó gravemente herido, pero sobrevivió.

El representante de Zahedán en el parlamento iraní, Hossein Ali Shahriari, acusó a los gobiernos occidentales de no hacer lo suficiente para que Pakistán controle las operaciones de grupos armados desde su territorio.

Shahriari acusó a Estados Unidos, Gran Bretaña y Pakistán de ayudar a Jundullah a fomentar la violencia sectaria en Irán, según la agencia noticias Aftab.

Pero también la emprendió contra las fuerzas de seguridad iraníes por no lograr asegurar el orden en la provincia de Balochistán, incluso después del último ataque, y sugirió armar a la población local para que participe en su defensa.

Otros funcionarios iraníes también apuntaron contra Pakistán y a naciones occidentales.

«Ingresaron a Irán desde Pakistán, perpetraron su ataque con apoyo total de las potencias occidentales. No son ni chiitas ni sunitas: responden a las potencias arrogantes que los preparan y respaldan», declaró un responsable de seguridad provincial a la Agencia de Noticias de la República de Irán (IRNA).

El Baluchistán iraní forma parte de la principal ruta del tráfico de drogas desde Afganistán y Pakistán hacia Europa. Es una de las provincias más pobres y más anárquicas del país.

Los pobladores deben recurrir al narcotráfico y al contrabando para sobrevivir. La desnutrición alcanza niveles críticos. La mayoría sunita se siente frustrada por la participación mínima que tiene en las decisiones del gobierno.

«La frustración va a empujar naturalmente a la población local hacia organizaciones como la de Rigi, pero también la pobreza, el principal problema de la provincia», dijo a IPS un politólogo de Teherán que pidió reserva sobre su identidad.

«Sin duda que la discriminación sectaria es otro factor a tener en cuenta, pero la mayoría de los detenidos hasta ahora son pobres y no tienen respaldo de intelectuales sunitas. El gobierno los responsabiliza a la par. Los Guardianes de la Revolución y su brazo armado (Basij) mandan en la zona», explicó.

«Es claro que hay una guerra sectaria en el mundo islámico. Iraq no fue el comienzo, pero seguramente sí el catalizador. Se están ajustando las cuentas en varios lugares, salvo en el principal campo de batalla, y Baluchistán es uno de esos sitios», indicó el analista.

«Hubo sangrientos enfrentamientos entre el régimen y combatientes sunitas a principios de la década del 90 cuando Al Qaeda y extremistas de esa rama del Islam comenzaron a actuar en Afganistán y Pakistán», recordó.