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PRESION POPULAR CONTRA EL TRATADO COMERCIAL

Feb 26 2007

Por Christine Ahn (*)

OAKLAND, Feb (IPS) Estados Unidos y Corea del Sur están trabajando día y noche para firmar un Tratado de Libre Comercio (sigla en inglés KorUSFTA) que se convertiría en el más grande acuerdo comercial después del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA). A Wall Street y a las corporaciones empresariales surcoreanas se les hace agua a la boca ante la oportunidad de incrementar su porción de los 72.000 millones de dólares del intercambio anual bilateral..

Los representantes de ambos países se reunirán entre el 11 y el 14 de este mes en Washington en un frenético intento por allanar sus diferencias para llegar a un acuerdo el 2 de abril. Esa es una difícil fecha tope que permitiría encuadrar el acuerdo bajo las normas de la fast track (vía rápida), que expira el 1 de julio de este año. En el marco de la vía rápida el Presidente estadounidense alcanza un acuerdo comercial y lo somete al Congreso, que con sólo 90 días para su examen puede aprobarlo o rechazarlo pero no modificarlo.

Normalmente, un acuerdo comercial de ese tipo pasaría fácilmente por los parlamentos de los dos países. Pero los tiempos han cambiado. En las elecciones parciales del 2006 en Estados Unidos, fueron elegidos 30 diputados y 7 senadores cuyas plataformas electorales incluían la necesidad de un comercio justo. Después del reciente discurso del presidente George W.
Bush sobre el Estado de la Unión, el senador Jim Webb respondió a nombre del Partido Demócrata que los trabajadores estadounidenses «esperan que en esta era de la globalización el gobierno cumpla con asegurar que sus intereses y preocupaciones sean tratados con equidad en los mercados internacionales.»

Los críticos señalan concretamente que desde hace más de una década el libre comercio, a través del NAFTA, establecido en 1994, ha provocado resultados devastadores para los pobres de Estados Unidos y México. Más de un millón de trabajadores estadounidenses perdieron sus altamente remunerados empleos en la industria manufacturera, que fueron trasladados fuera de fronteras. Esos trabajadores tuvieron que emplearse en el área de servicios donde ahora ganan un 23% menos. Los trabajadores estadounidenses sin educación universitaria (73%) vieron caer sus salarios en 13% desde que empezó el NAFTA.

Pero la peor víctima del NAFTA son los trabajadores y los agricultores mexicanos. El salario real cayó un 80% y el desempleo subió de 9 a 15% en los últimos 12 años. Ello se debe en parte a que 1.500.000 agricultores se vieron forzados a dejar sus tierras porque el mercado mexicano fue inundado con maíz barato, altamente subsidiado, procedente de Estados Unidos. Vendido por debajo del costo, ese maíz dejó en la miseria a los agricultores mexicanos, que debieron buscar trabajos con bajas pagas en las maquiladoras.

Vista la devastación que el NAFTA ha causado en México, los agricultores surcoreanos no están dispuestos a aceptar que el arroz estadounidense, el cultivo más subsidiado del mundo, inunde su mercado y obligue a 140.000 de ellos a perder sus medios de vida. Y no están solos. Desde que comenzaron las negociaciones del KorUSFTA en febrero de 2006 más de un millón de surcoreanos ha protestado, incluso con huelgas generales y de hambre.

El gobierno sudcoreano ha recurrido al secreto y a la represión para silenciar a los opositores al acuerdo. Por ejemplo, impidió la publicación de un anuncio de los agricultores opuestos al tratado comercial con el argumento de que estaba injustamente alineado contra el gobierno.
Entretanto, circula la propaganda por valor de 3.800.000 dólares del comité creado para apoyar el KorUSFTA. Y después que más de 100.000 opositores al acuerdo llenaron las calles en noviembre pasado, el gobierno prohibió las protestas contra el KorUSFTA.

Los sostenedores del tratado lo ven como una oportunidad para reparar las ácidas relaciones entre Estados Unidos y Corea del Sur, que se han puesto tirantes desde que Bush asumió la presidencia. Pero, al contrario, el KorUSFTA no está haciendo otra cosa que alimentar el sentimiento antiestadounidense en Corea del Sur. Una encuesta de julio del 2006 indicó que 62% de los surcoreanos se opone al tratado y que 82% de los parlamentarios piensan que la nación no está preparada para el KorUSFTA.

Es extendida la frustración de las clases media y trabajadora surcoreanas que ven menguar su seguridad mientras aumentan verticalmentre los ingresos de los empresarios. Esa frustración realmente puede reflejarse en las elecciones próximas y llevar a la expulsión de los funcionarios que están todavía atascados en la retórica librecambista del siglo pasado. El libre comercio está superado y es de esperar que los movimientos por la justicia social en Estados Unidos se unan con los movimientos emergentes en Corea del Sur para poner fin a este anticuado régimen. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Christine Ahn, analista del Korea Policy Institute y del Oakland Institute, y miembro de la coalición Korean Americans for Fair Trade.