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COMO CONCILIAR COMERCIO Y MEDIO AMBIENTE

Mar 7 2007

Por Pascal Lamy (*)

GINEBRA, Feb (IPS) Gaia, que en griego significa madre tierra, está atravesando una zona de turbulencias. Ya en 1979, cuando James Lovelock publicó su famoso trabajo «Gaia: una nueva mirada a la vida en La Tierra», fuimos advertidos de que la materia viviente no es pasiva y que nuestro planeta responde a las provocaciones. Hemos aprendido que el aire, los océanos y la tierra reaccionan ante las amenazas a su existencia y que luchan en su propia defensa.

En 1987, cuando el Informe Brundtland acuñó el término «desarrollo sostenible», muchos lo vimos como una opción. La otra opción era el comercio y sus negocios desarrollados del modo habitual. Veinte años después, en cambio, nadie puede ya argumentar que el desarrollo sostenible es sólo una opción. Se ha convertido en un deber. El desarrollo sostenible debería ser la piedra angular de nuestro enfoque de la globalización y de la arquitectura del gobierno global.

Cuando se estableció en 1995 la Organización Mundial del Comercio
(OMC) el desarrollo sostenible fue colocado exactamente en el corazón de la carta fundacional. Los gobiernos vetaron el tipo de comercio cuya premisa es el vaciamiento de los recursos naturales. En cambio, exhortaron a un uso sostenible de tales recursos y, más aún, introdujeron metas ambientales en las actuales negociaciones comerciales mundiales de la Ronda Doha, lo que sucede por primera vez en la historia del comercio multilateral.

Hay muchos modos diferentes de ver la globalización. Para algunas es un fenómeno económico conducido por un mayor flujo de bienes, servicios y capitales entre los países. En esta definición de la globalización, la OMC juega un papel central. Otros ven a la globalización como un fenómeno tecnológico llevado adelante por la revolución de la que somos testigos en la tecnología de la información. El único elemento cierto en todo esto es que el planeta se ha vuelto interconectado hasta el punto de que es ahora imposible que un país viva y prospere aislado del resto del mundo.

Claramente, la globalización es un fenómeno que requiere un manejo cuidadoso; al conectar a la gente de lugares opuestos del planeta ofrece un tremendo potencial, pero puede tener también desventajas e inconvenientes. Del mismo modo que los bienes, los servicios y las personas cruzan las fronteras también lo hace, por ejemplo, la contaminación. El manejo correcto de la globalización nos permitiría captar sus beneficios y dejar atrás sus lados negativos. No caben dudas de que el mundo necesita un «gobierno global» más eficaz a una escala que trascienda las fronteras nacionales. Por lo tanto, nuestras instituciones de gobierno global deben ser fortalecidas. Esto se aplica a la OMC y a todas las otras instituciones internacionales, que deberían complementarse entre ellas.

El comercio, sin duda, lleva a una más eficiente distribución de recursos a escala global y la Ronda Doha contiene la promesa de permitir una distribución más eficiente, incluyendo los recursos naturales, a través de una continua reducción de los obstáculos al comercio, entre ellos los aranceles y los subsidios. Pero también contiene la promesa de asegurar la obtención de una mayor armonía entre la OMC y los Acuerdos Ambientales Multilaterales para demoler las barreras que se presentan en el camino del comercio de tecnologías y servicios limpios para el ambiente; así como reducir los subsidios agrícolas dañinos para el ambiente que están llevando a la superproducción y los subsidios que están estimulando la pesca excesiva y agotando las existencias mundiales de peces.

El mundo debe progresar en estas negociaciones tan rápido como sea posible. No porque la Ronda Doha vaya a salvar el ambiente mundial, sino porque es el muy modesto punto de partida que ha acordado establecer la comunidad internacional para hacer frente a los desafíos a través del prisma del comercio. Un fracaso de estas negociaciones no haría más que dar una mano a todos aquellos que argumentan que el crecimiento económico debe seguir adelante sin controles. Ese crecimiento es la razón suprema, afirman, y no necesita tener en cuenta al ambiente. Pero el comercio, y por cierto la OMC, debe operar
para alimentar un desarrollo sostenible.
La contribución de la Ronda Doha a la causa del ambiente no es sino una gota en el cubo de soluciones requeridas para enfrentar los problemas ambientales mundiales. Pero es una gota indispensable que debe inducir a los gobiernos a comenzar a mirar el cubo como un todo.
Una estrategia de desarrollo sostenible que vincule a todos los actores internacionales debe convertirse en nuestra meta. No debemos esperar a que Gaia reaccione. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial del Comercio.