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Bolivia: Paradojas de la emigración

Abr 17 2007

jean paul guzmán s.
Prisma Internacional

La Paz, abril – Con más de un tercio de su población fuera del país y una incesante salida diaria de decenas de personas a Estados Unidos y Europa en busca de mejores condiciones de vida, Bolivia observa el éxodo de sus habitantes con una mezcla de estupor y desconsuelo, justo cuando, paradójicamente, su economía registra circunstancialmente indicadores de estabilidad y crecimiento.

Aeropuertos atestados de familias acongojadas por su próxima separación, la línea aérea bandera sin licencia para volar y con tres de sus ejecutivos en la cárcel por vender pasajes a España sin tener vuelos disponibles, autoridades de Migración, también detenidas por negociar la entrega ilegal de pasaportes y hasta 86 bolivianos rechazados en los puertos de Cadiz, Valencia y Génova y despachados en avión a Bolivia desde Italia, son retazos de una inédita realidad de la que no se guardaba memoria.

Hasta hace poco, la silenciosa emigración de bolivianos no era un secreto ni tampoco una novedad, ya que mientras la población radicada en el país llega hoy a 9 millones 427 mil 219 personas, aproximadamente 3 millones 400 mil bolivianos están fuera: un millón en Argentina; medio millón en Estados Unidos; 400 mil en España e Italia, y un millón y medio en otros países.

Pero el éxodo estalló radical y ruidosamente en el último trimestre de 2006, cuando se supo que la Unión Europea (UE) exigiría visa a los ciudadanos de varios países –entre ellos Bolivia– que desearan ingresar a su territorio a partir del 1 de abril de 2007.

Como consecuencia, miles de bolivianos con reducidos ingresos y pocas perspectivas de empleo iniciaron aceleradamente los trámites para obtener pasaporte y boletos aéreos con el fin de llegar a España, país preferido como destino europeo, por compartir la misma lengua y similar cultura, antes de la fecha fatal del 1 de abril de 2007.

Hasta entonces, para llegar a la UE los bolivianos necesitaban presentar únicamente una carta de invitación de algún amigo o familiar, pasajes de ida y vuelta, reserva de hotel y dinero suficiente para una estadía de pocos días. Estas ventajas fueron aprovechadas para ingresar en busca de empleos en el sector de servicios o la agricultura, y pasar a engrosar las filas de emigrantes ilegales, ya que sólo uno de cada cinco bolivianos tiene tarjeta de residencia en España.

Ante la desbordada demanda de pasajes, las dos únicas líneas aéreas del país con vuelos internacionales incrementaron de dos a seis los viajes semanales a Madrid e, incluso, alquilaron aviones de gran capacidad para llegar a la capital española. Por la complejidad del proceso de registro no existe un informe oficial sobre la cantidad de bolivianos que, a través de distintas vías, legales e ilegales, llegaron a España, pero medios de prensa la calculan en 50 mil, sólo en enero de 2007.

Los datos del Servicio Nacional de Migración, entidad encargada de emitir pasaportes, evidencian la alta demanda de ese documento, uno de los indicadores para medir la salida de bolivianos al exterior: mientras en 2005 se entregaron 110 mil 353 pasaportes; en 2006, sólo en las tres principales ciudades del país (La Paz, Santa Cruz y Cochabamba), se otorgaron 110 mil 865. Entre enero y marzo de 2007 el número de nuevos pasaportes entregados llegó a 24,289. La mayor parte de estos documentos, según Migración, se utilizó para viajes a España.

Sin embargo, estas cifras deben evaluarse con matices, según recomienda el analista económico Humberto Vacaflor. “No son solamente los que se van en avión los que huyen de Bolivia. También están los que se van en barco, cruzando las fronteras con Brasil o con Argentina, o los que toman barcos más grandes y se van a Europa desde Brasil. Pero también están los que sólo cruzan la frontera. Son 10 mil por mes los que cruzan de Villazón (ciudad del sur de Bolivia) a La Quiaca (ciudad argentina fronteriza con Bolivia) para quedarse en Argentina”, explica.

¿Por qué se van?

Si se trata de establecer en el presente un diagnóstico de la economía boliviana, las autoridades del gobierno del presidente Evo Morales e, incluso, sus adversarios políticos, coinciden en señalar que la coyuntura es favorable. Las estadísticas, por si mismas, así lo confirman.

Mientras en 2005 las exportaciones llegaron a 2 mil 921 millones de dólares, en 2006 alcanzaron un récord histórico al pasar a 4 mil 234 millones de dólares (2 mil 39 millones en hidrocarburos, mil 60 millones en minerales y 767 millones en productos no tradicionales, principalmente). Este resultado fue posible gracias a la renegociación de contratos con las empresas petroleras que operan en Bolivia (medida considerada como “nacionalización” por el gobierno) que permitió mayores ingresos para el país, lo mismo que el incremento en el precio del gas natural que Bolivia exporta a Brasil y Argentina, y al alza en la cotización de los minerales en el mercado internacional.

Las reservas internacionales del Banco Central de Bolivia, en tanto, subieron gracias al auge exportador de 2 mil 14 millones de dólares en marzo de 2006 a 3 mil 452 millones de dólares un año después.

Otros indicadores también expresan resultados ventajosos: superávit fiscal, balanza comercial favorable, estabilidad del sistema financiero, drástica reducción de la deuda externa (de 4 mil 663 millones de dólares en marzo de 2006 bajó, gracias a condonaciones, a 3 mil 238 millones de dólares en marzo de 2007) e incremento de depósitos en el sistema financiero. Resultados, en su conjunto, apenas opacados por una inflación que en febrero de 2007 llegó a 2.28% y una elevada deuda interna (2 mil 872 millones de dólares a marzo de 2007).

Entonces, ¿por qué los bolivianos salen por miles buscando un nuevo destino?

El economista Jorge Leytón Quiroga ensaya una respuesta: “Los principales sectores de producción y exportación del país se resumen en tres –gas, minerales y soya– y casualmente estos sectores no utilizan mucha mano de obra, debido a que son intensivos en capital, y en varios casos los trabajadores requeridos deben tener cierto grado de instrucción técnica.

“Entonces, la estructura productiva del país no tiene la capacidad de absorber a toda la población, y los beneficios de la coyuntura económica no son percibidos por los hogares. Estas características hacen que las personas busquen nuevas oportunidades en otros países y se percibe que se vive una etapa de bonanza, pero con los bolsillos vacíos”.

Otro economista consultado por Apro, Juan Cariaga, considera, por su parte, que el éxodo “se explica por la pérdida de esperanza, la falta de fe en el futuro y la permanente escasez de empleo y oportunidades de trabajo, que les hace pensar a los bolivianos que no existen mejores días para ellos y, sobre todo, para sus hijos y sus futuras generaciones”.

Cariaga, también exministro de Finanzas, amplía su análisis, y endilga la responsabilidad de este panorama a los políticos, quienes, dice, “hasta ahora han sido totalmente incapaces de generar empleos en la economía de Bolivia, poner en marcha planes de crecimiento y desarrollo y, sobre todo, de plantear una visión de cómo avanza el mundo y en qué dirección éste va, para encaminar los destinos de Bolivia”.

La clave, el empleo

De acuerdo con la gubernamental Unidad de Análisis de Política Económica, la tasa de desempleo llega a 7,6% de la población en edad de trabajar, aunque estudios independientes, como del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral, asegura que la cifra real es del 11,8%.

Ante esta situación, según el economista Gonzalo Chávez, debe buscarse las claves para explicar el fenómeno de la masiva migración de bolivianos a otros países. “Bolivia requiere 120 mil fuentes de trabajo por año para cubrir el índice de desempleo, pero sólo el 30 por ciento de ese requerimiento es cubierto. Cada año salen 120 mil profesionales de las universidades del país y sólo el 30 por ciento de ellos (unos 25 mil), entra al mercado de trabajo”, explica, compartiendo un campo de análisis común con el analista económico Ernesto Antelo, para quien “la falta de empleo es un factor de expulsión que provoca el doloroso exilio de bolivianos en plena democracia, cuando Bolivia más bien debía estar aprovechando el auge del comercio mundial, como otros países”.

Frente a este panorama, el gobierno del presidente Evo Morales, desde un punto de vista político, considera que el éxodo “es producto del modelo neoliberal que fracasó en el país”, según el vocero oficial, Alex Contreras.

De todas maneras, otra autoridad, el ministro de Desarrollo Económico, Gabriel Loza, anunció que este año se lanzará el programa de empleo titulado “Aquí me quedo”, cuyo objetivo es evitar la emigración de bolivianos al exterior, a través de la generación de 50 mil fuentes de trabajo hasta el mes de diciembre.

Esta meta es recibida con escepticismo por los economistas consultados por Apro y, al parecer, también por decenas de bolivianos que en estos días continúan solicitando pasaportes en Migración y formando largas filas ante la embajada de España, para intentar ingresar a ese país, vigente el requisito de la visa, esta vez a través de solicitudes formales de residencia permanente.

“Se pueden anunciar proyectos generadores de puestos de trabajo y así frenar la dramática huida de miles de emigrantes. Pero si se queda en discursos inoperantes y no se ponen en marcha aquellas promesas, son un engaño. En el drama de los frustrados emigrantes a Europa, estafados por agencias de viajes, compañías aéreas y otros sátrapas, hay una parte imputable al desinterés de las autoridades gubernamentales por sus propios ciudadanos”, comenta el analista José Gramunt de Moragas.

Más allá del debate, las estadísticas y los análisis, la emigración masiva ha comenzado a plantear problemas en aspectos tan simples como conseguir trabajadores especializados para tareas cotidianas de carácter temporal.

El imán de mejores ingresos, así sea a costa de largas horas de trabajo, salarios por debajo del promedio debido a la situación ilegal de los emigrantes e innumerables sacrificios, ha sacado fuera de Bolivia a una gran cantidad de carpinteros, albañiles, mecánicos y otros técnicos, por lo que ahora es más complicado encontrar disponibles en el mercado local a trabajadores de esas especialidades.

En contraparte, los aproximadamente 3 millones y medio de bolivianos que viven en el exterior, se han convertido en una poderosa fuente de remesas que alimentan la economía del país.

La magnitud de estas remesas es tal que, según el informe Reporte de la balanza de pagos y posición de inversión internacional, del Banco Central de Bolivia, la importancia de las remesas ha sido creciente en contrapartida a los flujos de Inversión Directa Extranjera, que han ido disminuyendo.

“En los últimos diez años, el crecimiento promedio anual de las remesas netas fue del 39%. En 2006, en términos del PIB, (los flujos de Inversión Directa Extranjera) representaron 4.7%, mientras que las remesas recibidas (el) 5.4%”, asegura el informe.

Según la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas, las transferencias de remesas a Bolivia llegaron en 2006 a 500 millones de dólares, un 80% más en comparación con 2005.

Esto significa que los dólares enviados anualmente por los bolivianos que viven en el exterior equivalen al 80% de los ingresos generados por la exportación de minerales. Superan cómodamente al total de las exportaciones de productos no tradicionales, duplican los ingresos por turismo y se aproximan al total de la cooperación externa que recibe el país.

Son éstos resultados y paradojas del éxodo.