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Los socialismos del siglo XXI

Abr 27 2007

Por Esteban Valenti (*)

»Hay otros mundos pero están en éste».
Paul Éluard
Bitacora

Lo confieso desde ya, no tengo la menor idea de cómo será el socialismo del siglo XXI. Lo que tengo claro es como NO será. No será igual o parecido al socialismo del siglo XX. Me refiero al »socialismo real», al que gobernó la Unión Soviética y los países de Europa del este desde 1917. Ni allí ni en ningún otro país del planeta.

Es bueno que este y otros temas sobre el futuro de nuestras sociedades se discuta, se analice y se critique. No podemos ni debemos vivir al día, sin más horizonte que las escaramuzas políticas cotidianas, siguiendo la agenda que construye todos los días el capitalismo, o si queremos ser más modernos la economía de mercado y sus cultores ideológicos y políticos. La primera batalla que hay que ganar contra el sistema es la de las ideas, el riesgo de proponer y de innovar y de equivocarse.

El capitalismo del siglo XXI tendrá algunos cambios, que ya se están produciendo, pero en lo fundamental no será muy distinto al del siglo anterior. ¿En que elementos? La propiedad privada, el lucro, la despiadada lucha por las riquezas, la confrontación entre los diversos sectores sociales por la apropiación de esa riquezas, el crecimiento y la capacidad de adaptarse a los cambios y el sustento ideológico y cultural seguirán siendo sus pilares fundamentales y su principal herramienta será la globalización de las finanzas y el uso y apropiación de las nuevas tecnologías. En síntesis será continuidad y también flexibilidad y capacidad de adaptación, no ocultemos la realidad. Seguirá siendo cada día más el sistema de la concentración de la riqueza, de la división internacional del trabajo y por lo tanto de los países y regiones ricas y pobres.

¿Cuál es el socialismo que NO será? Muy simple, el que fracasó, el que implosionó a partir de sus propias e insalvables contradicciones. Saber lo que NO será es un paso importante. No será el socialismo de la propiedad absoluta y total de todos los medios de producción, cambio, comercio en manos del Estado. No será el socialismo del líder, del partido y del Estado ocupando todos los espacios de la sociedad, interviniendo en todo, en la economía, la política, la cultura, la educación, la ciencia y tecnología, el arte y la estética. Ni en esos extremos ni en formas similares o aproximativas.

No será el socialismo de las verdades únicas e inmutables, de la doctrina que lo explica todo y para siempre, del fin de la lucha de clases y por lo tanto de la historia. No será el socialismo de la dictadura del proletariado, ni teórica ni prácticamente en sus diversas variables.

No será el socialismo del Estado planificando todo, desde la producción, el comercio, las finanzas, la innovación tecnológica, la distribución de los recursos, el uso del territorio, las expresiones culturales y artísticas. No será el socialismo de la burocracia dominándolo todo y esperando agazapada para que el menor cambio apropiarse de las empresas y los medios de producción de la manera más salvaje.

No será el socialismo de las sospechosas unanimidades que un día se desmoronan, de la falta de libertades y de sin una sociedad civil rica y variada, del monopolio de la prensa, la educación y la cultura. Eso también se demostró injusto y errado históricamente. Lo quieran llamar dictadura del proletariado, democracia socialista o cualquier otro nombre más imaginativo.

Y NO será el socialismo de los centros y de los modelos únicos que encandilan con sus resplandor, por eso es justo de hablar de socialismos, de los esfuerzos y las búsquedas nacionales, plurales y diversas. Lo que NO será es el campo socialista mundial.

¿Habrá socialismos? Es una pregunta muy necesaria. Tengo la convicción de que con ese u otro nombre los seres humanos seremos capaces de construir algo diferente y más justo de lo que hoy domina al mundo, de la forma de producción y distribución de la riqueza que hoy es absolutamente dominante en el planeta. Y creo que esas formas alternativas las veremos en este nuevo siglo. Aunque e desterrado todo determinismo, no es obligatorio, no está determinado por las contradicciones y la inexorable evolución de la historia, será una construcción libre y conciente de los seres humanos. O no será.

En la historia mundial la única alternativa que ha sido presentada con su enorme cantidad de variantes y escuelas al capitalismo ha sido el socialismo, así que vale la pena utilizar este concepto, aunque tengamos que afrontar todas las dificultades que implican sus diversas experiencias, sus avances, retrocesos y sus fracasos.

¿La referencia para construir el socialismo serán las mismas, los mismos autores y textos que los que utilizamos hasta ahora? La primera respuesta que me surge espontánea, crítica y basada en la idea básica y elemental del progreso de la ideas, es que un libro, o un conjunto de libros escritos hace 150 años, cuando todo era tan diferente, difícilmente puede responder a los nuevos y viejos problemas entrelazados. Me cuesta decirle a mis hijos y a mis nietos que deben buscar en esos textos las respuestas al mundo actual, el del siglo XXI.

Creo que hace falta una profunda renovación de las propuestas, de las ideas, de los derroteros hacia y dentro del socialismo, tanto en sus aspectos económicos, sociales, culturales, políticos partiendo de la gran experiencia acumulada. No me gusta quedar atrapado en la vieja alternativa entre socialdemocracia y socialismo real. Tampoco da cuenta de un cambio profundo y removedor de las ideas, de las practicas y de los proyectos. Y creo más firmemente que nunca, que en esta como en otras materias no hay verdades reveladas, estáticas, sino la búsqueda permanente, el uso y el perfeccionamiento de las propias herramientas de búsqueda hacia y en el socialismo. El concepto de ciencia del siglo diez y nueve tiene nada que ver con el de este siglo, incluyendo naturalmente a las ciencias sociales.

¿Hay que archivar a Marx? En absoluto, es una referencia obligada para la economía política, para la sociología, para la antropología y para muchas otras disciplinas, es un ejemplo de audacia intelectual, de rigor en la investigación, de búsqueda de las bases materiales y de los procesos históricos en sus raíces profundas. Es parte del mejor patrimonio intelectual de la humanidad. Y el socialismo es obligatoriamente un desarrollo de ese patrimonio cultural como de toda la enorme acumulación de conocimiento que han hecho las sociedades. Es cambio y es continuidad, pero siempre sometido a la más despiadada de las críticas, esa que no utilizamos durante mucho tiempo y que aplastó las propias ideas de Marx..

¿Cuáles son las principales cuestiones que deberá afrontar el socialismo del siglo XXI, y más en general las sociedades del Siglo XXI? ¿Son las mismas que afrontaron cuando nacieron las ideas socialistas? Algunas si, pero muchas otras son nuevas cuestiones. Lo que persiste es la construcción de sistemas de producción, de propiedad y de distribución más equitativos y justos de la riqueza entre los países y en las sociedades. El reino de la libertad, no debería ser un eufemismo, ni sólo una referencia a las libertades civiles y democráticas, sino a la libertad de la opresión y el miedo de la miseria, de la pobreza y la marginación.

Deberá plantearse con más fuerza que antes y que nunca el tema del socialismo de la vida cotidiana e individual, ese conjunto de relaciones que hay que democratizar y hacer infinitamente más justas entre los ciudadanos ante los diversos poderes y en particular con el Estado. Ese socialismo tan bien definido por George Luckás y pésimamente resuelto por el socialismo real.

El socialismo del siglo en que el conocimiento y la información son la primera fuerza productiva en el planeta y en particular en las sociedades desarrolladas deberá afrontar de manera creadora y nueva la batalla de las ideas y de la nueva cultura como factor esencial. No hay socialismo, ni del siglo XXI ni de ningún siglo o época si no se avanza y se gana la batalla cultural. Lo que llamamos la superestructura – en las definiciones clásicas – demostró que sus relaciones con la estructura económica era y se ha hecho mucho más compleja y llena de contradicciones propias.

Las nuevas tecnologías en la información, en la biología, en la robótica y en muchas otras disciplinas no sólo influyen de manera determinante en la economía, sino en el propio concepto y carácter del trabajo y la cultura que le da soporte. Y el socialismo ha estado y seguirá estando ligado al trabajo, a los trabajadores y a su cultura en profundo cambio.

El socialismo deberá afrontar la relación entre los seres humanos con la naturaleza y las enormes tensiones que se han generado a niveles que nunca previmos y que el socialismo real aplastó de la peor manera, excluyéndolo de su cultura y de sus prioridades. Ver la Unión Soviética y ahora Rusia.

Esta es una primera aproximación a un tema apasionante, para tirios y troyanos, porque es formularse preguntas que son obligatorias para todos los que no miran la historia ni como un juguete del mercado y sus designios, ni como un curso ineluctable y previsible y escrito en su genoma económico.

La penúltima pregunta ¿Debemos refugiarnos en la última playa, en la utopía? Estamos crecidos y grandes para jugar al solitario y conformarnos con vivir en la injusticia y el lucro más desenfrenado, mientras alimentamos simplemente la ilusión de un mundo mejor. Eso está bien para la lírica, pero es la peor de las derrotas, el más grave de los repliegues, el de dejarles a ellos la realidad y reservar para nosotros la ficción.

(*) Periodista. Coordinador de Bitácora. Uruguay.