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Ecuador: Cita con la historia

Abr 18 2007

Atilio Boron

Con el triunfo del s� se abre un proceso tendiente a poner fin a esta intolerable escisi�n entre derechos constitucionales que se convierten en letra muerta y un orden democr�tico deslegitimado e inoperante.

Rafael Correa quiere refundar el Estado ecuatoriano. �Se trata de una maniobra �populista� o responde a una necesidad hist�rica? La derecha dice que lo primero, y la propaganda para descalificar la iniciativa presidencial apel� a las t�cnicas usuales en estos casos: �campa�a de terror�, mentiras �que parecen verdades�, y todo tipo de chantajes. Si gana el �s�, dec�an los sedicentes �custodios de la democracia y la libertad� tan valorados por George W., es votar por el caos, el autoritarismo presidencial, el aborto, el comunismo. Incluso lleg� a decirse que, envalentonado por su triunfo, �Correa expropiar�a las tierras de las comunidades campesinas!

Afortunadamente esta campa�a no parece haber sido demasiado eficaz para �formatear� la conciencia pol�tica de las masas ecuatorianas. Su notable triunfo contra el multimillonario Noboa en las elecciones presidenciales pasadas fue una primera se�al de los l�mites con que tropiezan tales ardides; la paliza electoral infligida el d�a de ayer lo ratifica y, de paso, confirma que el llamado hecho por Correa obedece a razones profundas e impostergables por lo que el triunfo del �s� a la convocatoria de una constituyente debe ser saludado como un avance pol�tico de primera magnitud.

Son muchos los datos que abonan esta interpretaci�n. Una encuesta realizada en 18 pa�ses de Am�rica Latina por Latinobar�metro a mediados del 2006 demuestra que Ecuador y Bolivia son los dos pa�ses con la mayor proporci�n de ciudadanos que dicen que puede haber democracia sin partidos pol�ticos y sin congreso. En el caso del Ecuador las cifras son de un 45 y un 42 por ciento respectivamente; en Argentina 64 y 71 por ciento. En buenas cuentas, casi la mitad de la poblaci�n ecuatoriana, harta de los enga�os, las maniobras y las corruptelas que se manifestaron con inusual intensidad en ese pa�s cree que es posible construir un r�gimen democr�tico sin partidos ni congreso.

Si observamos la proporci�n de gente que cree que el gobierno favorece a unos pocos privilegiados en lugar de hacerlo a favor de todo el pueblo los resultados son escandalosos. S�lo el 11 por ciento de los ecuatorianos creen en lo segundo; 89 por ciento, en cambio, cree -�con raz�n!- que se gobierna a favor de los ricos y poderosos, siendo estos guarismos los m�s extremos de toda Am�rica Latina. Lo interesante del caso es que pese a estas decepcionantes realidades los ecuatorianos siguen teniendo confianza en la democracia: el 54 por ciento dice que es preferible a cualquier otra forma de gobierno, una cifra similar a la de Chile (56 por ciento) y superior a la de Colombia (53 por ciento) y Brasil (46 por ciento). Esta virtuosa persistencia del apoyo a la democracia es tanto m�s loable si se tiene en cuenta que cuando se le pregunt� a los entrevistados si se hallaban �satisfechos� o �m�s bien satisfechos� con el funcionamiento de la democracia en Ecuador apenas el 22 por ciento respondi� afirmativamente.

Conclusi�n: la propuesta del presidente Correa es razonable y necesaria porque intenta subsanar la profunda deslegitimaci�n que ha sufrido la democracia a manos de gobiernos �pseudo-democr�ticos� que una y otra vez traicionaron el mandato recibido en las urnas. No por casualidad grandes movilizaciones populares desalojaron a tres presidentes en menos de diez a�os. Una de las m�s distinguidas soci�logas ecuatorianas, Ana Mar�a Larrea, caracteriza a la constituci�n de 1998, surgida luego del derrocamiento de Abdal� Bucaram, como �esquizofr�nica�: de avanzada en la formalizaci�n de los derechos medioambientales, de los pueblos ind�genas y afroecuatorianos, de las mujeres, de los ni�os y j�venes y de los discapacitados pero, al mismo tiempo, su talante neoliberal consagra un estado �ausente�, d�bil, sin adecuados organismos de control democr�tico y perpet�a un sistema pol�tico (partidos y congreso) con escandalosos niveles de irresponsabilidad y corrupci�n, lo que impide que los derechos que contempla puedan materializarse.

Con el triunfo del s� se abre un proceso tendiente a poner fin a esta intolerable escisi�n entre derechos constitucionales que se convierten en letra muerta y un orden democr�tico deslegitimado e inoperante. El objetivo de la reforma ser� reconstruir al Estado, crear dispositivos que garanticen la redistribuci�n de la riqueza y la justicia social, la defensa de la soberan�a nacional y la nacionalizaci�n de los recursos naturales. Claro que nada de esto podr� lograrse sin vencer la encarnizada resistencia de las clases dominantes y sus aliados en Washington. Tal como se ha dicho una y otra vez, quien pretenda reformar nuestras sociedades no tendr� que v�rselas con hidalgos adversarios prestos a reconocer que su ciclo pol�tico ha concluido sino con feroces enemigos dispuestos a responder con los horrores de una sangrienta contrarrevoluci�n la osad�a de pretender cambiar un orden que sus beneficiarios no s�lo n justo sino tambi�n natural e inmutable.

Correa ha triunfado y demostr� no s�lo sabidur�a para planear y ejecutar su estrategia de construcci�n de poder sino adem�s el valor y la audacia que requieren todas las grandes iniciativas pol�ticas. Ecuador necesita este acto fundacional, y parece haber encontrado el personaje capaz de encarnar esa necesidad hist�rica. Puede sonar demasiado hegeliano, pero como Marx se encarg� de demostrar la historia es siempre un proceso dial�ctico en donde los grandes procesos estructurales requieren de la aparici�n de ciertos sujetos colectivos e individuales. En los �ltimos diez a�os Ecuador vio nacer a los primeros. Ahora parece haber encontrado a su l�der. �Enhorabuena!

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