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Nobel Verde contra industrias extractivas

Abr 24 2007

Por Eli Clifton

WASHINGTON, abr (IPS) – El común denominador de los seis ganadores de este año del Premio Goldman, considerado el «Nobel verde», es el éxito que alcanzaron en su lucha por la protección del ambiente a pesar de su relativo anonimato.

Entre ellos figuran un agricultor encarcelado por su oposición a un gasoducto de la firma Shell Oil en Irlanda y un islandés que compró derechos de pesca del salmón del Atlántico Norte como medio de lucha contra la explotación desmedida.

«Los galardonados de este año combatieron exitosamente algunos de los desafíos ambientales más importantes con los que nos enfrentamos hoy», dijo el fundador del premio, Richard N. Goldman.

«Su compromiso, por el que corrieron grandes riesgos personales, nos inspira a todos a pensar críticamente en lo que la gente común puede realizar para hacer la diferencia», agregó.

Cada uno de los ganadores recibirá 125.000 dólares. Los premiados proceden, además de Irlanda e Islandia, de Canadá, Mongolia, Perú y Zambia.

Willie Corduff y sus vecinos de Rossport, Irlanda, obligaron a Shell Oil a poner fin a la construcción a través de su localidad de un gasoducto aprobado por las autoridades.

Corduff basó su acción sobre la convicción de que el gobierno irlandés había violado leyes ambientales y de desarrollo que ordenan la participación y revisión de las comunidades locales en este tipo de proyectos.

El gasoducto habría puesto en peligro los delicados pantanales de Rossport, la salud de la comunidad local y la subsistencia de los agricultores, según el jurado que determinó el premio.

Hammerskjoeld Simwinga, de Zambia, y Orri Vigfússon, de Islandia, también recibieron el premio Goldman este año, por sus esfuerzos en la preservación de la vida silvestre.

Simwinga creó el Programa de Desarrollo Comunitario y Conservación de la Vida Silvestre del Valle de Luangwa Septentrional, en una empobrecida región de Zambia donde la caza furtiva diezmó la población de elefantes.

El programa incluye proyectos de microcrédito, educación, salud rural y fortalecimiento del rol de la población femenina.

Mientras, Vigfússon creó el Fondo del Salmón del Atlántico Norte, que recaudó 35 millones de dólares con los que compró los derechos de pesca en esa región a ambos lados del océano.

A la acción del Fondo se le atribuye la caída de 75 por ciento de la pesca a mar abierto en esa zona en los últimos 15 años.

Sophia Rabliauskas, de Canadá, Tsetsegee Munkhbayar, de Mongolia, y Julio Cusurichi Palacios, de Perú, recibieron el premio, por su parte, en recompensa por su lucha contra diversas industrias extractivas.

Rabliauskas trabajó en nombre del pueblo nativo del río Poplar, con el fin de asegurar protección para parte del bosque boreal de Manitoba, amenazado por masivas operaciones de tala y proyectos hidroeléctricos.

En tanto, Munkhbayar trabajó con el gobierno y organizaciones comunitarias de Mongolia para poner fin a destructivas operaciones de explotación de oro en las esmirriadas vías fluviales del país, realizadas con técnicas obsoletas y sin leyes que las regulen.

«La salud del ambiente asiático es fundamental para la salud de todos sus ciudadanos», dijo Doug Bereuter, presidente de la organización no gubernamental The Asian Foundation.

«Munkhbayar tiene desde hace mucho tiempo el compromiso de dar poder a la gente y a organizaciones de base para crear una saludable y próspera Asia», aseguró Bereuter.

Mientras, Julio Cusurichi Palacios luchó por la preservación de la selva amazónica peruana y el modo de vida de los pueblos indígenas allí residentes, combatiendo la tala ilegal que resulta de la enorme demanda de caoba. Esa actividad provocó violentos choques entre taladores y comunidades nativas.

En su carácter de asesor de la Federación de Nativos del Río Madre de Dios y sus Tributarios, Palacios ha sido amenazado de muerte y soportado acusaciones falsas.

«Es mi responsabilidad defender los derechos de los pueblos más vulnerables del mundo, los pueblos indígenas, especialmente de aquellos en aislamiento voluntario», dijo.

«Debo acusar a nivel nacional e internacional a los políticos que toman las decisiones que afectan a los pueblos indígenas y proponer alternativas viables», añadió.

El Premio Ambiental Goldman fue creado en 1990 en San Francisco, Estados Unidos, por el líder cívico y filántropo Richard N. Goldman y su difunta esposa, Rhoda H. Goldman.

En estos años, fueron galardonados 119 personas de 70 países.