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ESTADOS UNIDOS: UN PASO ADELANTE EN LA LUCHA CONTRA LA ESCLAVITUD MODERNA

May 17 2007

Por Kerry Kennedy (*)

NUEVA YORK, May (IPS) A mediados de abril pasado McDonald’s dio un resonante ejemplo cuando aceptó respetar los principios internacionales de derechos humanos tras reclamos presentados por la Coalición de Trabajadores de Immokalee (CIW), un pequeño grupo de obreros agrícolas del sudoeste de Florida.

Ahora les toca el turno a Burger King, Subway, Walmart y otras empresas de la industria alimentaria al por menor de reconocer sus responsabilidades y de actuar conjuntamente con los trabajadores agrícolas, quienes son víctimas de abusos institucionalizados contra los derechos humanos.

Durante los últimos años la CIW ha logrado reunir junto a sí a importantes líderes sindicales y religiosos y a representantes de organizaciones de defensa de los derechos humanos. Los trabajadores agrícolas y sus aliados han formado un movimiento que ha logrado acuerdos sobre los derechos de los trabajadores en la cadena de suministros de los principales compradores de productos en la industria de la comida rápida, primero con Taco Bell y ahora con McDonald’s.

Como nos enseñaron Dolores Huerta y César Chávez en los primeros movimientos de trabajadores agrícolas, el respeto de los derechos humanos no puede ser dejado sólo en manos de los gobiernos.

Hace 41 años, mi padre, Robert F. Kennedy, se encontró por primera vez con la lucha por los derechos humanos llevada a cabo en este país por los trabajadores agrícolas en California. César, Dolores y el sindicato de trabajadores rurales United Farm Workers estaban efectuando un boicot sobre la venta de uva de mesa de California y forzaban a las empresas y a los consumidores vinculados en la compra y venta de la fruta a revisar condiciones laborales que implicaban la continuación del ciclo de pobreza y violaciones de derechos humanos.

Cuatro décadas después, las leyes laborales, las condiciones salariales y de trabajo siguen siendo sombrías para los trabajadores agrícolas, para quienes la lucha continúa. Es de notar que el movimiento sindical en Estados Unidos se ha debilitado considerablemente en recientes décadas. A fines de 2006 un mero 12% de la fuerza de trabajo estaba sindicalizada, cerca de la mitad del porcentaje en 1979.

El CIW ha recogido la antorcha de César Chávez. Ellos y sus aliados están forzando a la industria alimentaria al detalle a poner fin a su indiferencia ante el sufrimiento humano.

En el 2000 la ONU concluyó que la observancia de los derechos humanos es esencial para la ciudadanía empresarial responsable en el siglo XXI. El Pacto Global de las Naciones Unidas y subsecuentes acuerdos de la ONU sobre normas exigen a las corporaciones que se aseguren de no estar apoyando violaciones de los derechos humanos dentro de su cadena de suministros y de sus esferas de influencia.

McDonald’s se unió a otras 50 corporaciones al alistarse dentro del Pacto Global, cuyos requerimientos son acordes con el acuerdo de abril.

La CIW se inspira en tres principios reconocidos internacionalmente.

En primer lugar, el rechazo a la esclavitud y el trabajo forzado. El CIW requiere a sus socios empresariales que adopten una verificable política de tolerancia cero hacia las formas de esclavitud moderna en su cadena de suministros. Desde 1997 ello ha ayudado a procesar judicialmente seis casos de esclavitud en forma de servidumbre involuntaria que involucraban a más de 1.000 trabajadores agrícolas en Florida.

Dado que las violaciones de los derechos económicos y sociales a menudo ponen las bases para el trabajo forzado, el CIW sostiene que por sí solos los códigos antiesclavitud de las empresas no asegurarán la libertad de los trabajadores agrícolas. Las compañías deben también reconocer el derecho de los trabajadores a la seguridad económica y aceptar los controles para cumplir con tales códigos.

Todos tienen el derecho a condiciones laborales equitativas, incluyendo salarios justos que faciliten una vida decente a los trabajadores y sus familias. Actualmente, el trabajador agrícola promedio en Immokalee tiene un ingreso anual de menos de 7.500 dólares, bien por debajo de lo que el gobierno estadounidense define como «línea de pobreza». El salario anual promedio en Estados Unidos es de 37.700 dólares. El CIW exige que a los trabajadores agrícolas se les pague un centavo de dólar por libra de tomates recogidos directamente para compradores de productos como McDonald’s, lo que efectivamente duplica su paga. Si toda la industria hace acuerdos similares, los trabajadores agrícolas y sus familias podrían vencer a la pobreza extrema.

Finalmente, los trabajadores y sus organizaciones del tipo del CIW tienen el derecho de participar con las empresas en la determinación y la instrumentación de los métodos para cumplir con las responsabilidades hacia los derechos humanos.

Los derechos humanos pertenecen a todas las personas por igual, universalmente y para siempre. Las corporaciones deben darse cuenta de que esos derechos son indivisibles e interdependientes. Sin esos derechos, la esclavitud, la pobreza y los abusos continuarán siendo un estigma para la industria alimentaria al por menor de Estados Unidos.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Kerry Kennedy, escritora y fundadora del Centro para los Derechos Humanos del Robert F. Kennedy Memorial.