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FRANCIA Y EUROPA: COMPAS DE ESPERA

May 8 2007

Por Joaquín Roy (*)

MIAMI, Abr (IPS) Durante casi dos años, desde el rechazo de la Constitución europea por el referéndum francés y holandés en 2005, el análisis del proceso de integración de la Unión Europea ha girado alrededor de un puñado de ejes y etapas que se deben cumplir para salir del impasse. Una vez que el Consejo Europeo decidiera dejar en suspenso el proceso de ratificación, para irritación de los 18 países que ya han cumplido con su tarea, el «muerto»
era traspasado a la mesa de una presidencia crucial de la UE y a la espera del resultado de unas elecciones ineludibles.

Coincide ahora la presidencia alemana con la celebración de la primera ronda de las elecciones presidenciales en Francia. Pero todavía no se han ejecutado los pasos definitivos de la estrategia de la canciller alemana Angela Merkel para resucitar el proceso. Tampoco la primera ronda de los comicios franceses parece haber resuelto el enigma acerca de cómo Francia se instalará en el debate constitucional. Pero, por lo menos Merkel ha revelado algunas de sus intenciones. Al quedar reducida la contienda francesa a dos candidatos, es posible vislumbrar cómo se comportarían en la presidencia con respecto a la UE.

La clave reside, por lo tanto, en ver si la más plausible resolución de la tarea de Merkel encaja en la forma de actuar del nuevo inquilino(a) del Eliseo. Desde Berlín Merkel ha mandado globos sonda sobre la desaparición de la palabra maldita de Constitución, llamarle al encargado de ls relaciones internacionales «alto comisionado» en lugar de ministro, y eliminar los símbolos comunitarios. Esto formaría parte de un paquete que consistiría en la redacción de un mini tratado digerible para algunos gobiernos que lo pudieran aprobar sin referéndum.

Al parecer, este plan coincide de alguna manera con las intenciones de Nicolas Sarkozy, en sintonía con el futuro primer ministro británico Gordon Brown. En este tema, choca con las intenciones (no muy claras) de Ségolène Royal que presionaría por la inclusión de unas garantías sociales de plena vigencia en Europa, además de aventurar un segundo referéndum.

Obsérvese que la candidata socialista se ve presionada por demostrar que está más cerca de los que rechazaron el texto original por ser poco europeísta y defensor de las conquistas sociales y laborales que convirtieron a Francia en modelo y se insertaron en el compromiso de la UE junto a libertad de mercado. Al mismo tiempo, se comprueba que el candidato conservador se decanta por las tesis de una Europa «descafeinada».

Aunque este sutil desacuerdo no parezca ser central en el debate que ambos candidatos deben encarar antes de la segunda vuelta definitiva, sus puntos de vista sobre la actitud ante el proyecto europeo puede incidir en sus respectivas estrategias para cortejar el voto centrista que le dio el 18% a François Bayrou. En esta dimensión, la clave también está en descifrar cuál es la inclinación del voto centrista con respecto a Europa.

De momento, Ségolène ha lanzado una combinación de reto y petición a Bayrou para unir fuerzas en lo que sería visto como una socialdemocracia ampliada, con el voto de la ultra izquierda garantizado. Sarkozy contraatacará si la estrategia es de «el voto a cualquiera que no sea él».

Mientras tanto, desde fuera se observa con atención esta contienda y ya los dirigentes de los socialistas en el seno de la UE se han apresurado para renovar su apoyo por Ségo, mientras los democristianos y conservadores apuestan por Sarko. Si la contienda tuviera lugar en Alemania, los ojos se tornarían hacia los liberales, que controlan el voto centrista oscilante.
Pero en la última experiencia quedaron fuera por la alianza formada por socialistas y conservadores, con Merkel a la cabeza.

En el caso de que Sarkozy gane y plantee el minitratado, prácticamente reducido a declaraciones generales, se enfrentará a la ira de los países que han invertido considerable energía parlamentaria y en consultas populares.
La intención de Royal de plantear un segundo referéndum significa un campo minado de impredecibles consecuencias, pero con alta probabilidad el entierro definitivo del proyecto constitucional en caso de que un Sarkozy derrotado presente batalla desde la oposición.

Gane quien sea en la segunda vuelta, Francia se juega mucho en cuanto a su propia definición e identidad. Un país fracturado, con una dudosa implantación en Europa sería un golpe más fuerte para la UE que el rechazo de la Constitución. El 85% del electorado que fue a las urnas es una buena señal de intención de influir en quién seguirá liderando no solamente el país, sino también Europa. Si Francia se juega mucho en esta segunda elección, la UE, mucho más. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet’ y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami (jroy@Miami.edu).