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Grandes ciudades salen del invernadero

May 18 2007

Por Mithre J. Sandrasagra

NUEVA YORK, may (IPS) – Alcaldes de las mayores ciudades del mundo discutieron, junto con empresarios del sector público y privado y expertos en cuestiones ambientales, cómo reducir las emisiones de dióxido de carbono y usar eficientemente la energía.

Más de 30 alcaldes participaron junto a varias delegaciones de todo el mundo en la Cumbre Climática de las Grandes Ciudades C40, entre el lunes y este jueves en Nueva York.

El ex presidente estadounidense Bill Clinton (1993-2001) señaló el miércoles que su organización Clinton Climate Initiative crearía un fondo de 5.000 millones de dólares para ayudar a las 15 mayores ciudades del mundo a mejorar la eficiencia energética en sus viejas edificaciones.

«El cambio climático es un problema mundial que requiere acciones locales. Empresarios, gerentes bancarios y representantes de ciudades están abocados, junto a mi fundación, a la cuestión del recalentamiento planetario porque es lo correcto, pero también porque es bueno para la contabilidad», declaró Clinton.

Por primera vez, la población urbana mundial, de más de 3.200 millones de personas, superó este año a la población rural.

Las ciudades consumen tres cuartas partes de la energía mundial y son responsables de 80 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero a los que la mayoría de los científicos atribuyen el recalentamiento del planeta.

En su alocución, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, subrayó su objetivo de reducir 30 por ciento las emisiones de gases invernadero para 2030.

Para ello, Bloomberg detalló un plan basado sobre tres elementos: incentivar combustibles más limpios para la calefacción, reemplazar las viejas plantas contaminantes de energía por generadores más nuevos y eficientes y recortar las emisiones de dióxido de carbono causadas por el transporte mediante la restricción vehicular.

Por su parte, el alcalde de Londres, Ken Livingstone, quien implementó con éxito un plan similar en 2003, señaló que la propuesta inicial procedió de un consorcio londinense que calculó el costo de la congestión vehicular en términos de pérdida de productividad y competitividad en casi 4.000 millones de dólares al año.

A pesar de que la prensa rechazó estas medidas antes de su implementación, la mayoría de la población percibió luego sus resultados como positivos y los aplaudió.

En un año, mediante multas se logró disminuir en 38 por ciento la circulación de vehículos privados en Londres, el doble de lo previsto, señaló Livingstone.

La cantidad de ciclistas aumentó 80 por ciento y la de pasajeros del transporte colectivo, de cuatro millones de personas a seis millones. El cambio se vio acompañado de una reducción sustancial en las emisiones de gases invernadero, incluida la disminución de 20 por ciento de las de dióxido de carbono.

El alcalde de Londres aseguró a sus pares que este tipo de medidas no les ocasionarán perjuicios en su popularidad: la aprobación de la gestión de Livingstone se elevó 12 puntos porcentuales la primera semana en que se implementó la iniciativa.

El alcalde de la meridional ciudad brasileña de Curitiba, Beto Richa, señaló que la batalla para estabilizar el clima debería librarse, de hecho, en las principales metrópolis pues concentran la mayor cantidad de población mundial. En cuanto a la congestión vehicular, Richa señaló que las ciudades deben buscar soluciones integrales que ataquen a la vez la multiplicidad de problemas vinculados al cambio climático.

En su ciudad, Richa implementó las «líneas verdes», avenidas por las cuales sólo pueden circular vehículos eficientes desde el punto de vista energético, y delimitadas por vegetales que absorben las emisiones de dióxido de carbono y aumentan la biodiversidad.

Además, sus 1,8 millones de residentes consumen 23 por ciento menos de combustible por habitante que el promedio nacional, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esa ciudad tiene 16 parques, 14 bosques y más de 1.000 áreas verdes públicas.

Richa también arguyó que al ampliar el sistema de transporte urbano masivo, debían mantenerse «precios justos compatibles con el bolsillo de los usuarios». «Debe vincularse calidad de vida con estándares de sustentabilidad», subrayó.

En un panel de discusión acerca del agua, el gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, describió algunas de las mejoras en infraestructura realizadas en su ciudad para conservar ese recurso.

El programa para reemplazar las cañerías por otras de larga duración de acero inoxidable redujo en forma drástica las pérdidas de agua, al tiempo que las protege de los posibles daños causados por terremotos y otros desastres naturales.

Por su parte, la alcaldesa de la meridional ciudad australiana de Sydney, Clover Moore, señaló que «la mayoría de los habitantes se da cuenta de que tenemos que cambiar la forma en que vivimos, cambiar nuestra impronta ecológica».

También abogó por renovar la dedicación puesta en el cambio de la conducta individual de los vecinos como única solución de largo plazo al problema.

Varios representantes coincidieron en la incidencia del reciclaje en la conservación del agua y la necesidad de ampliar el compromiso y las oportunidades para desarrollar esa actividad en el mundo.

La elevación de las tarifas de agua fue una de las formas mencionadas para ayudar a generar conciencia acerca de la necesidad de conservar ese recurso.

El alcalde de Johannesburgo, Amos Masondo, abogó por programas educativos de gran escala para que la población comprenda que el agua es un bien público del que todos los ciudadanos son responsables.

Activistas ambientales aplaudieron el encuentro, pero señalaron que es necesario adoptar medidas urgentes a escala nacional.

«Las grandes ciudades son un importante laboratorio de aprendizaje», dijo a IPS Katie Mandes, directora de comunicaciones del Pew Centre on Global Climate Change, con sede en Virginia.

Pero añadió que «en última instancia, el problema no se solucionará hasta que no haya un marco global que incluya a todas las naciones emisoras de gases invernaderos, incluidas China, Estados Unidos e India. Eso tendrá que suceder en la ONU».

Estados Unidos retiró su firma del Protocolo de Kyoto, tratado por el cual 33 países industrializados se obligaron a reducir sus emisiones de gases invernadero en al menos 5,2 por ciento para 2012, respecto de las cifras de 1990.

China e India, en tanto que signatarios, no se ven obligados a reducir sus emisiones por tener economías consideradas en desarrollo.

Las ciudades participantes en la Cumbre fueron Adís Abeba, Austin, Bangkok, Barcelona, Beijing, Berlín, Bogotá, El Cairo, Chicago, Copenhague, Curitiba, Delhi, Dhaka, Houston, Estambul, Yakarta, Johannesburgo, Karachi, Lagos, Lima, Londres, Los Ángeles, Madrid, Melbourne, Ciudad de México, Mumbai, Nueva Orleáns, Nueva York, París, Filadelfia, Portland, Río de Janeiro, Roma, Rótterdam, Salt Lake City, San Francisco, San Pablo, Seattle, Seúl, Shangai, Singapur, Estocolmo, Sydney, Tokio, Toronto y Varsovia. (FIN/IPS/traen-vf-mj/mjs/ks/wd en kp dv gb md su nr/07)