General

¿Por qué estás tan sola, Colombia?

May 21 2007

Los últimos meses estalló un escándalo de altísimo nivel que
involucra y demuestra al mundo los vínculos innegables entre el
paramilitarismo y las más altas esferas del poder colombiano,
incluido el presidente y las Fuerzas Armadas.

En medio de la descomposició n del tejido político colombiano la
prensa que siempre fue leal a los gobiernos de turno, inclusive a
Uribe, hombre de pasado siniestro, presente espeluznante y futuro
incierto, ahora sale a denunciar hechos ya inocultables como
pudieran haber sido en algún momento.

¿A qué responde el juego sucio que están realizando quienes ayer
eran carne y uña y hoy se están arrojando una bola de fuego que
quema hasta las entrañas de un país históricamente bañado en sangre
en medio del silencio de muchísimos que parecieran haber quedado
enmudecidos en medio de tanta desnudez actual?

El escándalo que provocó la dimisión de su cargo a la Canciller
María Concepción Araujo, para-ministra hija y hermana de dos
hampones que ya no pudieron negar su participación dentro del
paramilitarismo, al igual que los hechos que hoy mismo salen a luz
pública en la cárcel de Itagüí pero que no son nuevos sino que
vienen sucediendo hace años; las denuncias de Salvatore Mancuso,
Ramiro Vanoy, Fredy Rendón; el testimonio de quien hasta hace un mes
fuera la directora de la cárcel supuestamente de altísima seguridad,
denunciando que cuando ella daba una orden inmediatamente los
paramilitares se comunicaban con el Ministro, el director del penal
y hasta con el mismísimo presidente «dando vueltas» dicha orden, nos
hablan de una corrupción que más bien podría compararse con un
volcán en erupción de cuya lava nadie resultaría ileso.

Salvatore Mancuso, jefe paramilitar, salió de pronto a vomitar
contra empresas colombianas que contribuyen con el sostenimiento a
la organización armada más siniestra que haya conocido Colombia;
dirigentes políticos, alcaldes, congresistas todos parte de un plan
siniestro y exterminador.

No quedaron fuera de su mira el ex director de la Policía Nacional,
actualmente embajador en Austria, generales y el propio
vicepresidente Francisco Santos.

En medio de semejante realidad el presidente Uribe parece autista,
es evidente que el amiguito de Bush no tiene salida y nada evitará
que se siga destapando esta vergüenza en medio de la persecución
incesante contra dirigentes estudiantiles, sindicales, militantes
políticos y sociales, y la inminencia de un TLC que causará más
víctimas que las causadas por la extensa guerra que sufre el país.
Incluso ahora también se sabe que hay más de 200 paramilitares en
Venezuela enviados desde Colombia y trabajando para la
desestabilizació n del gobierno bolivariano y llevar a la práctica
actos terroristas.

Lo que no es fácil de comprender es cómo aún no se han levantado
voces que exijan la inmediata renuncia del presidente más fiel al
imperio cuando es el momento justo para presionar contra esta
grotesca caricatura de la «democracia» como es el presidente de los
colombianos.

No podemos dudar que Uribe debe irse ya dando paso a la conformación
de un gobierno de Unidad Nacional mediante el cual pueda hablarse
con seriedad sobre la paz con justicia y dignidad que tanto necesita
ese pueblo.

Así como tampoco es fácil de entender y sobre todo incomprensible
que no se escuchen las voces de tanta gente como debería escucharse.
Es gravísimo lo que está ocurriendo.

En un mundo globalizado donde todo se sabe prácticamente al instante
en que ocurre, es preocupante que simplemente se oiga sólo
un «murmullo» repudiando lo que ocurre en un pueblo hermano.
Creo que la izquierda internacional, especialmente, y los gobiernos
progresistas así como los que manifiestan su oposición rotunda al
proyecto imperialista del cual Uribe es fiel discípulo, deben salir
de su mutismo y repudiar a quien dirige los destinos de una nación
hermana arrojando al abismo a un pueblo que ya no puede contar
cuantas víctimas dejó regadas justamente por el silencio que tantas
veces se convierte en cómplice de las atrocidades.

Ello me hace pensar y preguntarme una y mil veces: ¿Por qué estás
tan sola, Colombia?

Ingrid Storgen

Mayo 2007