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Transgénicos sin fronteras

May 29 2007

Mariano Cereijo

ALAI AMLATINA, 28/05/2007.- El sórdido caso de un arroz manipulado
genéticamente que se pasea por medio mundo como “Pedro por su casa”. Los
protocolos de bioseguridad se derrumban como castillo de naipes. La
seguridad alimentaria, una vez más en entredicho.

El título no hace mención al nombre de una ONG, sino a una muestra más
de la inseguridad intrínseca de los cultivos transgénicos, a su falta de
control y a la temeridad a la que nos someten políticos ineptos y
empresarios sin escrúpulos. El protagonista de esta historia es el arroz
transgénico LL601, que ha sido manipulado genéticamente por la
multinacional Bayer CropScience para otorgarle resistencia a herbicidas.

El engendro era ilegal en Estados Unidos para consumo humano. Sólo fue
permitido a modo experimental entre los años 1998-2001. Misteriosamente,
cinco años después, concretamente el 18 de agosto de 2006, el gobierno
norteamericano declaraba que contenedores comerciales se hallaban
inexplicablemente contaminados con el arroz LL601. Dicho de otra manera
más sencilla, los granos de arroz normales estaban mezclados con estos
granos transgénicos ilegales. Esta noticia propició medidas tales como
la cancelación de las importaciones desde Japón, la certificación de
ausencia del LL601 y el incremento de controles en la Unión Europea. En
ambos lugares el arroz transgénico no estaba autorizado para humanos y
era ilegal.

La contaminación fue detectada inicialmente en enero de 2006 en
Arkansas. Bayer lo notificó el 31 de julio al gobierno y éste tardó 18
días en hacerlo público. Luego apareció en Mississippi, Louisiana,
California, Texas y Missouri. Inmediatamente después del escándalo se
activaron los controles en Europa y entre septiembre y octubre se
descubrió el LL601 en 15 países europeos. Algunos de los hallazgos,
incluso iban certificados como ausentes de transgénicos por las
autoridades norteamericanas, lo que facilitó que los lotes contaminados
se dispersaran por más países. Estos controles evidenciaron también la
presencia ilegal del arroz transgénico chino Xianyou BT63 en Reino
Unido, Francia, Alemania y Austria.

La estrategia inicial de la Unión Europea fue permisiva y fracasó. El
LL601 pululó a su libre albedrío por el viejo continente. En septiembre,
la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (AESA) anunció que el
arroz ilegal LL601 no presentaba riesgos inminentes para la salud
humana, en un informe que la Comisión Europea calificó como limitado por
la falta de un análisis adecuado. La propia AESA reconocía que lo
elaboró con datos insuficientes. En noviembre el Departamento de
Agricultura de los Estados Unidos (USDA) autorizaba el arroz LL601 y
advertía que no era nocivo. Claramente las autoridades en ambas partes
del Atlántico contrarrestaban sus errores mediante estudios
irresponsables y licencias rápidas.

El 24 de noviembre, ecologistas costarricenses denunciaron públicamente,
que Greenpeace había descubierto un barco estadounidense que iba rumbo a
Costa Rica cargado de arroz con fracciones contaminadas de LL601. Ese
mismo día, Amigos de la Tierra reveló que Estados Unidos había exportado
el arroz contaminado a Ghana y Sierra Leona. Lo más repugnante fue que
lo camufló como ayuda alimentaria para los más necesitados. A inicios de
febrero de 2007 se halló el rastro en Filipinas[vi]. El 15 de febrero,
la Alianza para la Protección de la Biodiversidad de Nicaragua atestiguó
que arroz contaminado con la variedad transgénica LL601 se estaba
vendiendo en diversos supermercados de la nación. Según la propia
Alianza, las marcas con presencia de transgénicos eran: Carolina,
Indiana, Gallo Dorado, Continental, Canilla, Faisán, América, Sabemás e
Imperial. Las muestras fueron recogidas en varios puntos del país y el
75% dieron positivo. El propio estudio de la Alianza desvelaba que, si
bien el origen de las muestras en su mayoría pertenecía a Estados
Unidos, existieron otras de Guatemala y Nicaragua. Esto hizo pensar que
algunos arroceros centroamericanos podrían estar cosechando o exportando
arroz transgénico.

El 8 de marzo, Greenpeace México expuso en rueda de prensa que la
contaminación con LL601 había llegado al país azteca. Tras recoger
muestras se realizaron pruebas y algunas dieron positivo. Este
descubrimiento vino envuelto en una gran polémica, porque se sabe que
las Secretarías de Salud y Agricultura efectuaron sus pruebas para
detectar el arroz contaminado y los resultados siguen siendo un enigma.
Greenpeace, amparado en la Ley de Transparencia y Acceso a la
Información, solicitó información a la Comisión Federal para la
Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS, Instancia que en México
tendría que retirar aquellos productos no aprobados para consumo humano)
y ésta la negó argumentando la falta de tiempo para buscarla. Sin
embargo, ante las presiones ecologistas y los síntomas de escándalo que
se avecinaban, el 16 de marzo, la COFEPRIS decidió cerrar la importación
de arroz norteamericano, exigiendo la certificación del arroz como no
contaminado. Se sospecha que nadie está haciendo nada para frenar la
entrada de arroz transgénico, y es más, la Secretaría de Salud emitió en
abril un comunicado en el que decía que el LL601 era seguro para la
salud y en breve se podría aprobar su consumo humano. Se sigue
manteniendo un silencio tan hermético como cómplice sobre los controles
iniciales en arroz, así como unos muestreos realizados en campos de maíz
de diferentes puntos del país. Por algo será.

Revoltosos esos transgénicos

Los agricultores norteamericanos están mosqueados. No es para menos. A
raíz del descubrimiento los precios del arroz se han desplomado. El 40%
de la exportación total estadounidense se ha visto afectada. Pero los
problemas no acaban ahí. Campesinos y autoridades estadounidenses
enfrentan la complicada tarea de limpiar los arrozales de restos de
LL601. Empresa faraónica por cuanto la contaminación genética es
invisible, incolora, inodora e insípida; además de escurridiza,
imprevisible y difícil de revelar. De momento los arroceros han
establecido una serie de medidas, como suprimir del mercado la variedad
de arroz que contenía los genes contaminantes. Paralelamente los juicios
contra Bayer ya han iniciado. La empresa se defiende afirmando que lo
sucedido es un hecho fortuito cimentado en la negligencia y descuido de
los propios agricultores. La transnacional no tenía intención de
comercializar el LL601, pero el mismo día que se hizo público el
escándalo solicitó la aprobación a la USDA. Fue concedida velozmente en
noviembre. Con esa autorización, el arroz LL601 deja de ser ilegal en
Estados Unidos y Bayer gana posiciones en los litigios. Patético el
despotismo de la USDA y claro aviso a los agricultores de todo el mundo:
las multinacionales no están dispuestas a asumir sus responsabilidades
ante contaminaciones genéticas, por mucho que éstas cierren mercados y
generen pérdidas económicas.

Investigaciones efectuadas en el Centro de Investigación del Arroz de
Crowley (Louisiana), han desvelado la existencia de granos
correspondientes al año 2003 contaminados con el evento LL601. Este
dato, junto a la existencia de trazas de LL601 provenientes de Nicaragua
y Guatemala, indicaría que la contaminación es anterior a la fecha de
detección (agosto de 2006).

La legislación en bioseguridad ha quedado en ridículo. El Protocolo de
Cartagena ha sido reducido a poesía en el desierto, las normativas en
coexistencia han envejecido prematuramente, y los proyectos emprendidos
por algunas instituciones como Naciones Unidas, en materia de “Creación
de Capacidades en Bioseguridad”, han demostrado ser infructuosos. El
caso del arroz chino BT 63, el del maíz Star Link y el del maíz Bt 10
que estuvo a punto de filtrarse en Europa en el año 2005, serían tres
ejemplos más de movimientos transfronterizos ilegales.

El capítulo del arroz LL601 nos deja una lección más importante si cabe:
la necesidad imperiosa de desarrollar políticas agrarias dirigidas a
consolidar de la Soberanía Alimentaria, en lugar de claudicar ante las
políticas neoliberales que arrasan con el tejido productivo nacional.
¿Qué sucedería si México -por ejemplo- decidiera interrumpir o limitar
la importación de arroz desde Estados Unidos ante la presencia del
LL601? Pues posiblemente un desabastecimiento y su consecuente
incremento de precios, pues México importa la mayor parte del arroz que
consume. La dependencia al arroz norteamericano de algunos países es
tal, que simple y llanamente no pueden detener las importaciones por muy
contaminadas que estén. El caso del arroz LL601 y la “Crisis de las
Tortillas”, sitúan a México como paradigma de la inseguridad y
servidumbre alimentaria. Calderón Hinojosa debería pensar antes en el
arroz y el maíz como alimentos seguros para sus 60 millones de pobres y
extremadamente pobres, que en encender fuegos de artificio con el
agribusiness, los transgénicosy los biocombustibles.

En definitiva y a modo de conclusión, una vez más se demuestra la
inexistencia de controles serios que permitan localizar, controlar y
erradicar un brote indeseable de transgénicos y más si hay necios en los
cargos de responsabilidad. Una vez más una variedad transgénica ha
logrado filtrarse, recorrer miles de kilómetros y colocarse
inocentemente en las estanterías de los supermercados. Una vez más ha
quedado patente la necesidad de tomar medidas urgentes ante los cultivos
transgénicos comerciales y experimentales. Y una vez más las
organizaciones sociales han reemplazado a los poderes públicos en su
misión de defender a la sociedad. Esta vez y según rápidos e
insuficientes estudios, el arroz transgénico LL601 no era dañino para la
salud, pero ¿Qué pasará cuando la variedad que se escape sí lo sea?
¿Cuántos alimentos estarán contaminados y cuándo, dónde y cómo se
hallarán? ¿Seguiremos amparándonos en la fortuna o habrá algún político
decente que se tome esto en serio?

– Mariano Cereijo Gelo es ecologista y consultor ambiental español.