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ALIANZA GLOBAL PARA SOSTENER LA VIDA

Jun 15 2007

Por Ahmed Djoghlaf e Yvo de Boer (*)

MONTREAL, Jun (IPS) En junio de 1992, la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro constituyó el primer reconocimiento explícito de la comunidad internacional del costo que tendría para las generaciones futuras el uso insostenible de los recursos naturales.

Las graves consecuencias de los cambios humanos sobre los sistemas naturales nunca estuvieron más claras que ahora, a dos décadas del Informe «Nuestro futuro común», que produjo la Comisión Mundial de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo presidida por la noruega Gro Harlem Brundtland.

Los nuevos informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), con sus hallazgos inequívocos, sirvieron para eliminar las dudas acerca de la influencia humana en el recalentamiento planetario.

Igual de importante pero no tan evidente para los ojos del público y las prioridades políticas es la pérdida de diversidad biológica, que se yergue como una amenaza al bienestar humano.

Tal como expuso la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, a medida que los ecosistemas de todo el planeta son degradados por la actividad humana, están en peligro servicios básicos como el suministro seguro de alimentos y agua dulce y la protección contra desastres.

La Cumbre de la Tierra dio lugar al Convenio sobre la Diversidad Biológica y a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que aspiran a hacer frente a estas amenazas gemelas a través de la cooperación internacional.

Sin embargo, cada vez es más evidente que la biodiversidad y el cambio climático están íntimamente vinculados; por lo tanto, ahora debemos esforzarnos para coordinar las políticas de estas convenciones.

El vínculo más claro fue expuesto en una de las conclusiones del IPCC: entre 20 y 30% de las especies de plantas y animales conocidas pueden sufrir mayor riesgo de extinción con un aumento promedio de la temperatura planetaria de entre 1,5 y 2,5 grados.

Esto se debe a una variedad de impactos relativos al cambio climático que tendrán efectos de largo alcance, por ejemplo la degradación de hábitat por el aumento de las temperaturas, los cambios en las lluvias y el blanqueamiento de los arrecifes de coral, pues las aguas marinas más cálidas modifican el delicado equilibrio que necesitan corales y algas.

También se teme que la acidificación del agua de mar por mayores concentraciones de dióxido de carbono afecte la capacidad de organismos marinos para formar sus conchas.

El cambio climático se convertirá en la mayor amenaza a la biodiversidad para fines de este siglo. Afrontar sus causas y reducir su escala es, por lo tanto, una prioridad central para salvaguardar los ecosistemas y los servicios que estos brindan a las sociedades humanas.

Proteger la enorme variedad de vida vegetal y animal en los bosques tropicales reducirá la significativa contribución de la deforestación a las emisiones de gases de efecto invernadero, potenciará la eliminación de dióxido de carbono de la atmósfera y su almacenamiento en las plantas y, al mismo tiempo, preservará el servicio de los ecosistemas de mantener las aguas continentales y de recargar las napas subterráneas.

Proteger manglares, arrecifes de coral y humedales costeros ayudará a reducir los impactos de eventos climáticos extremos, como tormentas y crecientes marinas.

Hacer frente a las amenazas que las actividades humanas suponen para los ecosistemas los volverá más resistentes al cambio climático. Por ejemplo, será esencial aumentar la capacidad de los sistemas agrícolas de absorber perturbaciones, protegiendo la gran variedad de formas de vida con características de resistencia únicas, como las plantas que soportan las sequías.

La introducción de prácticas agrícolas sustentables puede aumentar la seguridad alimentaria y ayudar a proteger ecosistemas diversos.

En marzo se dio un paso importante. Los ministros de Medio Ambiente del Grupo de los Ocho (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia) y cinco naciones emergentes –Brasil, China, India, México y Sudáfrica– se reunieron en la ciudad alemana de Potsdam para analizar estos dos desafíos.

Los ministros reconocieron que se necesitan más esfuerzos para afrontar con coherencia el cambio climático y la reducción de biodiversidad. Apoyaron la Iniciativa de Potsdam, que promoverá una mejor coordinación de políticas y acciones e incluirá un estudio de los beneficios económicos de la diversidad biológica, de los costos de su pérdida y los de no adoptar medidas de protección en relación a lo que costaría una conservación efectiva.

Se requiere una alianza de los países más ricos para establecer nuevos objetivos de conservación de la biodiversidad, una vez que expiren los adoptados en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sustentable de 2002.

En cuanto al cambio climático, este año es crucial para que las partes de la Convención pasen a la siguiente fase de reducción multilateral del recalentamiento.

Se necesita un firme marco de acción para 2010, a fin de evitar un vacío entre el primer periodo de compromisos de reducción de gases invernadero del Protocolo de Kyoto, que expira en 2012, y la entrada en vigor de un futuro régimen.

Una amplia agenda de las necesidades debe lograrse en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que se realizará en Indonesia en diciembre de este año.

Urge alcanzar una nueva alianza global para sostener la vida en la Tierra.
No podemos perder la oportunidad de convertir en acciones los objetivos de la Cumbre de Río para salvaguardar los fundamentos vitales del planeta.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Ahmed Djoghlaf es secretario ejecutivo del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Yvo de Boer es secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.