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BANCO DEL SUR: UN CORTE A LA DEPENDENCIA DEL NORTE

Jun 26 2007

Por Anuradha Mittal (*)

OAKLAND, Jun (IPS) El resentimiento contra las instituciones financieras internacionales está creciendo a través del mundo y echa los cimientos para una visión económica alternativa en América del Sur. El escándalo que finalizó con la renuncia de Paul Wolfowitz a la presidencia del Banco Mundial es sólo la punta del iceberg. Porque esa renuncia no pone fin a la más amplia crisis de credibilidad que enfrentan las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), sobre las que cunde el descontento en todo el mundo, en especial modo en América Latina.

A fines de abril pasado, el presidente venezolano, Hugo Chávez, retiró oficialmente a su país del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (FMI). Chávez dijo: «No tendremos que ir más a Washington ni al FMI ni al Banco Mundial ni a nadie.» De esa posición se hizo eco el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, quien antes de poner de patitas en la calle a la representación del Banco Mundial manifestó: «No vamos a tolerar la extorsión de esta burocracia internacional.» Ésta fue una respuesta a la retención por parte del Banco Mundial de un préstamo de 100 millones de dólares previamente aprobado en 2005 con el propósito de forzar a Ecuador a utilizar sus ingresos petroleros para el reembolso de la deuda en lugar de dedicarlo a gastos de servicios sociales. Por su parte, Argentina ha desafiado abiertamente al FMI al adoptar una serie de políticas macroeconómicas opuestas a las de esa institución que le han permitido una notable recuperación de la crisis financiera que padecía el país.

El FMI está sintiendo el apretón, con sus préstamos en la región que cayeron a 50 millones de dólares, o sea a menos del 1% de su cartera global, mientras que en 2005 habían llegado al 80%. En cambio, Venezuela, que acaba de ofrecerle a Ecuador una ayuda financiera de 500 millones de dólares y que ayudó a Argentina a reponer sus reservas después de haber cancelado los 9.500 millones de dólares de su deuda al FMI a fines de 2005, se está convirtiendo en lo que algunos llaman «el prestamista de última instancia».

Un sentimiento extendido en la región es que las políticas económicas neoliberales recomendadas por las IFI tienen como resultado recortes en los servicios sociales, la privatización de las empresas y servicios públicos y una apertura indiscriminada a los tratados de libre comercio, todo lo cual ha causado fracasos económicos y el agravamiento de la desigualdad entre ricos y pobres. Comparado con el crecimiento de un 82% del PBI per cápita en 1960-1980 el PBI per cápita creció sólo un 9% entre 1980 y 2000 y cayó a un 4% entre 2000 y 2005, lo que significa que a la mayoría de los latinoamericanos se le negó toda posibilidad de mejorar significativamente su nivel de vida. No resulta entonces sorprendente que haya aumentado el resentimiento contra esas instituciones, a las que se ve como agentes al servicio de su mayor accionista, los Estados Unidos.

Esta situación ha colocado las bases para una visión económica alternativa para la región con la idea del Presidente Chávez de crear un fondo para librar a la región de las IFI: el Banco del Sur, que ya ha comenzado a andar. Con Argentina, Bolivia y Ecuador ya a bordo, Brasil también se unió al Banco del Sur en abril lo que motivó un significativo aumento de los recursos a disposición.

El objetivo de esta entidad crediticia multilateral controlada por países latinoamericanos es el financiamiento del desarrollo social y económico en la región sin las condiciones políticas que vienen adosadas a los préstamos del FMI. La intención de esta institución alternativa es la de atender las necesidades locales en lugar de cumplir con los dictados de las naciones occidentales. De ese modo, América Latina parece haber dado un giro hacia una positiva dirección económica. Sin embargo, algunas cuestiones quedan pendientes para asegurar el cumplimiento de las aspiraciones que están detrás de la creación del Banco del Sur.

Aunque librarse de las IFI es esencial para la formulación de políticas nacionales orientadas a satisfacer las necesidades de la población en general también se requieren cambios estructurales más profundos. El Banco del Sur podrá ser una verdadera alternativa si sus recursos se usan para financiar un desarrollo centrado en la gente que priorice las necesidades de las personas: tierra, empleo, vivienda, educación. Deberá invertir en programas sociales que sirvan para reducir la pobreza e incrementen el acceso a la educación y al cuidado de la salud. De otro modo, el banco promovería el mismo modelo capitalista de desarrollo y trabajaría para favorecer las actividades de los grandes grupos económicos de la región en los mercados internacionales.

En otras palabras, para convertirse en una verdadera alternativa el Banco del Sur deberá financiar una economía socialista y respaldar un desarrollo equitativo y social y ecológicamente sostenible en la región. (FIN/COPYRIGHT
IPS)

(*) Anuradha Mittal, directora y fundadora del Oakland Institute.