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CRECE LA ALIANZA PARA PROHIBIR LAS BOMBAS DE RACIMO

Jun 27 2007

Por Jonas Gahr Store (*)

OSLO, Jun (IPS) De acuerdo con un nuevo informe de Handicap
International se estima que unos 400 millones de personas en 25 países están directa o indirectamente afectados por municiones de bombas de racimo sin explosionar. Ese tipo de bombas llamadas de racimo o de dispersión hieren y matan a civiles tanto durante como después de las guerras. Noruega está cooperando con una serie de otros países en un proceso dirigido a obtener la prohibición internacional de las bombas de racimo, cuya utilización provoca inaceptables consecuencias humanitarias.

Como primer paso Noruega fue anfitrión de una conferencia internacional en Oslo entre el 22 y 23 de febrero de este año y en ella 46 de los 49 países participantes aprobó la Declaración de Oslo, que aboga por la prohibición de las bombas de racimo desde fines de 2008. La segunda reunión tuvo lugar en Lima, Perú, del 23 al 25 de mayo de este año. En este encuentro nuevos países se unieron al proceso y ahora más de 70 países que respaldan el reclamo de prohibición de esas armas. Asimismo, nuevas iniciativas fueron planteadas en Lima, por ejemplo la de Perú, quien propuso que América Latina se convierta en la primera zona libre de municiones de dispersión en todo el mundo.

Mientras que ya se ha aprobado una prohibición internacional para las minas terrestres, no hay todavía una medida similar para las bombas de dispersión. Ésto es lo que necesitamos cambiar, porque las municiones de bombas de racimo sin explosionar son prácticamente lo mismo que las minas terrestres antipersonales.

Según el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, 27 países se están viendo afectados actualmente por municiones de bombas de racimo sin explosionar diseminadas en sus respectivos territorios. Aparte de mutilar y matar a civiles, esas armas motivan que muchas áreas agrícolas no puedan ser cultivadas sin riesgo para la vida y la salud.
También provocan que los refugiados no puedan volver a los hogares de los que habían debido huir. Algunos países, como Laos, Camboya y Vietnam, continúan experimentando ese tipo de problemas más de 30 años después de que bombas de racimo fueran arrojadas en sus territorios.
Más recientemente, el uso de municiones de bombas de dispersión en los Balcanes, Iraq, Afganistán y el Líbano ha puesto en evidencia las devastadores consecuencias que tales armas tienen sobre las poblaciones civiles.

Los esfuerzos realizados durante muchos años por organizaciones humanitarias y de derechos humanos que apoyan los programas de evacuación y proporcionan asistencia a las víctimas han ayudado a colocar esta cuestión en la agenda internacional.

No hay actualmente prohibición alguna específicamente dirigida contra el uso de municiones de racimo más allá de los principios generales de la ley internacional, impone una distinción entre los objetivos militares y los civiles durante los ataques y establece la prohibición del uso de armas que causen un daño excesivo y sufrimientos innecesarios.

En su plataforma política, el gobierno noruego manifestó su compromiso de trabajar por una prohibición internacional de las municiones de racimo similar a la prohibición de las minas terrestres. Yo invité a la ONU, a organizaciones internacionales, incluyendo a la Cruz Roja Internacional, y a cerca de 50 naciones a la Conferencia de Oslo en febrero pasado con el objetivo de lanzar un proceso dirigido a aprobar la prohibición internacional de esas armas. El resultado más importante fue la Declaración de Oslo, que contiene un compromiso de negociar un nuevo acuerdo internacional que impida el uso de municiones de racimo por sus inaceptables consecuencias humanitarias, prevenga su proliferación y asegure ayuda para las personas y los estados afectados por ellas.

Nuestro objetivo es obtener un acuerdo internacional que prohiba las municiones de racimo para fines de 2008. Sabemos que algunos países se oponen, especialmente aquellos que son grandes productores de esas armas o tienen amplias existencias en sus arsenales. De modo que ¿podrá ser posible llegar a un acuerdo? Yo creo que sí.

Para llegar al acuerdo sobre la prohibición de las minas antipersonales se aliaron numerosas organizaciones humanitarias junto con países afectados por esas armas.
Este año se cumple el décimo aniversario de la Convención sobre la Prohibición de las Minas Terrestres, que153 países han hasta ahora ratificado o expresado su intención de ratificarla. Las minas antipersonales son ahora apenas usadas, amplias áreas han sido rastrilladas y limpiadas y miles de víctimas de esas armas y sus sociedades han sido ayudadas.

Creemos que la prohibición internacional de las bombas de racimo puede ser conseguida a través de un proceso similar al de las minas terrestres. Este proceso ha comenzado. Con una común determinación podemos ayudar a llevarlo a un final exitoso. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Jonas Gahr Store, ministro de Relaciones Exteriores de Noruega.