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EEUU – IRÁN : Statu quo versus diplomacia

Jun 4 2007

Por Trita Parsi (*)
Bitacora

Mientras desde Estados Unidos e Irán surgen señales esperanzadoras rumbo a las conversaciones del próximo domingo en Bagdad, los defensores del statu quo de ambos países hacen esfuerzos denodados para bloquear el incipiente diálogo.

La inteligencia del régimen islámico apunta, sin vergüenza, a expertos, activistas y periodistas iraníes-estadounidenses.

Mientras, fuentes no identificadas ventilaron en la prensa supuestas operaciones de desestabilización contra Irán ordenadas en persona por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush.

La retórica hostil de Washington y Teherán sigue siendo implacable, pero el mero hecho de que el gobierno de Bush haya accedido a una reunión con representantes iraníes para discutir la situación en Iraq representa un corte nada menor con la política anterior de ambos países.

Esta disposición a la diplomacia, guiada por altos funcionarios del Departamento de Estado (cancillería), incluida su titular Condoleezza Rice y su segundo Nick Burns, creó un atisbo de esperanza ante la inseguridad reinante en Iraq.

Además, estas gestiones cuentan con el apoyo de los nuevos jefes del Comando Central, el órgano a cargo de la coordinación entre las fuerzas armadas estadounidenses en Medio Oriente y sus alrededores.

El Departamento de Estado mostró tal interés en el diálogo que la propia Rice intentó hablar directamente con su par iraní, Manuchehr Mottaki, en la cumbre realizada a comienzos de mes en el balneario egipcio de Sharm el-Sheikh.

En esa ocasión, Mottaki no correspondió a los gestos de acercamiento.

De todos modos, Teherán dio otros pasos que reflejan la seriedad con que manejan la posibilidad de hablar directamente con Washington.

Reconociendo la ansiedad que un potencial avance diplomático causaría entre algunos de los vecinos árabes de Irán, que podrían intentar un debilitamiento del diálogo, el régimen islámico inició hace poco una campaña de acercamiento hacia esos países.

El objetivo es, en parte, aliviar el temor árabe a un acercamiento entre Estados Unidos e Irán.

Teherán envió, por ejemplo, una delegación encabezada por Mottaki a la reciente sesión regional del Foro Económico Mundial realizado en Amán. Los iraníes reclamaron a los organizadores de la conferencia participación en paneles importantes.

En la ocasión, funcionarios iraníes defendieron las políticas de su país mediante el viejo truco de desviar la atención de los árabes desde Teherán hacia las fallidas políticas de Washington y el expansionismo de Israel.

Pero los participantes del foro –principalmente elites empresariales de países sunitas y proestadounidenses– no mostraron mayor receptividad a esos argumentos. En varias instancias, incluso, pareció evidente el esfuerzo concertado de varios estados para hacer retroceder a Irán.

Muchas de las dictaduras sunitas prefieren mantener el statu quo: ni una guerra entre Estados Unidos e Irán ni la normalización del vínculo diplomático entre los dos países.

«Irán y Estados Unidos son los dos elefantes gigantes de la región. Los árabes somos el pasto sobre el que están parados. Si los elefantes pelean o hacen el amor, el pasto quedará aplastado», explicó un funcionario árabe.

Pero los cuestionamientos más fuertes a las inminentes conversaciones no emanan de los estados árabes, sino de Irán y Estados Unidos.

Los recientes arrestos en Irán de expertos, activistas y periodistas poseedores de la doble ciudadanía iraní-estadounidense parecen el producto de esfuerzos del statu quo de Teherán por debilitar el frágil proceso diplomático.

En semanas recientes, los servicios de inteligencia iraníes apresaron a Haleh Esfandiari, una abuela de 67 años que visitaba a su madre enferma, de 93.

Al negarle acceso a su abogada –la premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi– o recibir visitas de su familia, estas fuerzas parecen calcular que el trato inhumano a Esfandiari causará una contraofensiva en Estados Unidos contra Irán y descarrilará cualquier apertura diplomática.

Como presidenta del Programa sobre Medio Oriente del Centro Internacional Woodrow Wilson en Washington, era previsible que su arresto recibiría una significativa atención de los medios.

Estos elementos en Irán también arrestaron al doctor Kian Tajbakhsh, consultor de programas del Instituto Sociedad Abierta en Irán. El trabajo de este conocido cientista social y de su Instituto en Irán fue plenamente transparente y contó con la aprobación de las autoridades.

El pretexto de su arresto, apenas tres días después de que Esfandiari fuera enviada a la infame prisión de Evin, fue que actuaba para alentar una «revolución de terciopelo». Esa acusación carece de credibilidad.

Las actividades de Tajbakhsh se centraban en asuntos de salud y políticas urbanas, más recientemente en prevención del sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) y de la adicción a las drogas.

Por el contrario, al igual que Esfandiari, la labor de Tajbakhsh ayudó a abrir a Irán al mundo exterior, lo cual constituye una amenaza sólo para las fuerzas del statu quo nacional.

Otro esfuerzo que parece dirigido a enrarecer la atmósfera política poco antes de un histórico diálogo con Estados Unidos, iraníes de línea dura arremetieron contra mujeres y hombres que «se visten inapropiadamente», en contravención con el estricto código islámico.

Cientos de personas fueron arrestadas y miles recibieron advertencias. Algunos jóvenes fueron golpeados en las calles, en lo que fue descrito como un regreso a los primeros días de la Revolución Islámica de 1979, cuando el celo religioso estaba en su cenit.

Además, Teherán les negó, a último minuto, la visa a varios estadounidenses invitados a dos conferencias en la capital iraní, previstas para la semana próxima. A otros les revocaron las visas que ya tenían.

En Washington, sentarse a esperar tampoco ha sido el curso de acción preferido por quienes se oponen a las conversaciones entre Estados Unidos e Irán.

Aunque algunos legisladores promueven nuevas sanciones draconianas contra Irán –una medida que en el pasado demostró ser un obstáculo efectivo para la gestión diplomática–, elementos en la Casa Blanca filtraron que el año pasado la Agencia Central de Inteligencia (CIA) recibió la aprobación secreta para montar una operación encubierta desestabilizadora del gobierno iraní.

Esto conlleva una campaña coordinada de propaganda, desinformación y manipulación de la moneda de Irán y de las transacciones financieras internacionales.

Mientras Washington y Teherán se acercan a una posible apertura diplomática, es probable que aumenten y se intensifiquen las acciones desesperadas y potencialmente violentas de fuerzas del statu quo en ambos lados.

Los académicos, activistas y periodistas iraníes-estadounidenses, que de otro modo no jugarían ningún rol real en estos acontecimientos, probablemente continuarán siendo los más perjudicados por esta contraofensiva.

(*) Es autor de «Treacherous Triangle — The Secret Dealings of Iran, Israel and the United States» («Triángulo traicionero: Las relaciones secretas de Irán, Israel y Estados Unidos», Yale University Press, 2007). También es presidente del Consejo Nacional Iraní Estadounidense. Irán.