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EN VISPERAS DE UNA MUTACION DEL PARADIGMA CULTURAL

Jun 25 2007

Por Mário Soares (*)

LISBOA, Jun (IPS) Me preguntan cómo clasificaría el estado del mundo contemporáneo. ¿Hay inquietudes, preocupaciones o necesidades dominantes?
¿Estamos en vísperas de asistir a una mutación del paradigma cultural?

Vamos por parte, si me lo permiten. No hace falta ser un pesimista para responder que la situación es deplorable. En materia de valores lo que se nos presenta es una tentativa de regreso a la barbarie. El «darwinismo social» que algunos pretender imponer en esta fase del capitalismo financiero-especulativo más virtual que productivo, implica el regreso a la ley de la selva, en la que los más fuertes destruyen a los más débiles. La diferencia consiste en que ahora la fuerza no es muscular sino que deriva del espesor de la billetera y sobre todo del peso de las cartas de crédito.

La pobreza se arrastra a lo largo y a lo ancho del planeta, así como las desigualdades sociales, contrariamente a lo que nos habían prometido los heraldos de la globalización neoliberal. Las pandemias matan millones de personas, de SIDA por ejemplo, en todos los continentes. Enfermedades que habían sido casi erradicadas, como la tuberculosis y la malaria, han vuelto a atacar a amplias poblaciones. La criminalidad internacional organizada nunca estuvo tan activa y armada como hoy en día. Y lo que es peor, ese criminalidad que incluye al tráfico de drogas tiene entre sus agentes a miembros de las clases altas, que actúan en la mayor de las impunidades. Las agresiones que se cometen contra el medio ambiente, impulsadas por el afán de lucro, nunca han tenido efectos tan devastadores. Basta con observar los daños causados por el huracán Katrina en Nueva Orleans y por los tsunamis en Asia.

Si el Dr.Pangloss pudiese hoy salir de las páginas de Voltaire, del «mejor de los mundos», para interpelarnos, seguramente nos haría esta pregunta:
«¿Pero acaso no están los Objetivos de Desarrollo del Milenio, garantizados por la firma de 147 jefes de Estado y de gobierno de los 191 países que se reunieron en la sede de las Naciones Unidas, en el año de gracia del 2000, para asegurarnos que la lucha contra la pobreza, las pandemias y los atentados hará desaparecer esos males de la faz de la tierra en virtud de tan grande unanimidad altruistica». Y el pobre Cándido, en su inocencia, se vería obligado a responder: «Todo eso era retórica, mi estimado Dr.
Pangloss, sólo retórica, nada de acción.» Así van las cosas en el mundo de hoy.

¿Hay inquietudes, preocupaciones y necesidades dominantes? Es evidente que sí. Sólo podrían desaparecer si toda la humanidad, mediante un pase de magia, perdiese el buen sentido y el espíritu crítico. Pero como decía Descartes en el siglo XVII, el buen sentido es la cosa mejor distribuida en el mundo.

Somos testigos de humillaciones, de gente que sufre en silencio mientras algunos tienen aún el coraje de expresar sus protestas. Cunden el terorismo, los enfrentamientos, la violencia, los conflictos en cadena. ¡Es inevitable!

¿Habrá, entonces, una mutación del paradigma cultural? Con seguridad.
Vivimos hoy una crisis de civilización en Occidente y en todo el orbe.

Y como nadie es el dueño del mundo y los errores colosales de George W.
Bush, más aún que los atentados terroristas, demostraron que Estados Unidos no es invulnerable (como pensábamos hasta hace pocos años) y pusieron en evidencia sus numerosos puntos débiles, es posible que el cambio del paradigna cultural comience donde menos se lo esperaba: en la superpotencia norteamericana post-Bush, que está por despertarse.

Esta última no es una afirmación del Dr. Pangloss, sino del autor de estas líneas, que tiene más de Sancho Panza que del Quijote. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mário Soares, ex presidente y ex Primer Ministro de Portugal.