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UNION EUROPEA: LA ESTRATEGIA DE LISBOA ES EL MODELO

Jun 28 2007

Por Mário Soares (*)

LISBOA, Jun (IPS) En los tiempos perturbados que vivimos desde este inicio de siglo y de milenio no resulta fácil hablar de democracia ni de desarrollo sustentable. ¿Por qué? Porque se trata de conceptos complejos, hoy sujetos a grandes desafíos y además de palabras gastadas que han sufrido una degradación en distintos aspectos.

Después del colapso del universo comunista, contrariamente a lo que esoerábamos, todo se complicó. Antes teníamos dos mundos rivales, que no se atacaban militarmente porque estaban contenidos por el llamado equilibrio del terror. Por un lado el bloque soviético y de las democracias populares -que eran todo menos democracias, desde el punto de vista occidental- y por el otro el mundo libre, menos libre de lo que se proclamaba ya que había apoyado muchas dictaduras que consideraba benignas sólo porque eran ferozmente anticomunistas.

Entre 1989 y 1991 el imperio comunista se desmoronó y el imperio norteamericano se volvió hegemónico. De allí el unilateralismo de Washington, la marginalización de las Naciones Unidas, el pasar por alto el derecho internacional y los derechos humanos, junto con la teoría de las guerras preventivas. La invasión de Afganistán, aunque tuvo el aval de Naciones Unidas, hizo de la OTAN, una organización antes defensiva, una especie de brazo armado de Estados Unidos.
Después, se produjo el error colosal de la invasión de Iraq, que se convertiría en un nuevo Vietnam de consecuencias aún más graves para Estados Unidos.

Estados Unidos, llamada tierra de la libertad, pionera de los derechos humanos, perdió autoridad política y moral. Guantánamo y Abu Ghraib fueron golpes terribles a su credibilidad internacional. Atacar al terrorismo utilizando sus mismos métodos es irresponsable.

El mundo es demasiado vasto para que pueda ser de un único dueño. El conflicto de Estados Unidos e Israel con el Medio Oriente fue en alguna manera aprovechado para que se afirmara la autonomía estratégica de ciertos países emergentes, en particular de los Bric -Brasil, Rusia, India y China-, pero también de Japón, Indonesia y Sudáfrica y, en forma diferente, de la Unión Europea, Latinoamérica y Australia. De esta manera, el pretendido unilateralismo de Estados Unidos está dando lugar a un nuevo multilateralismo, más complejo y agresivo.

Por otra parte la globalización neoliberal impuesta aumentó exponencialmente las desigualdades entre ricos y pobres, entre Estados e individuos, hizo crecer la criminalidad internacional organizada y debilitó los Estados nacionales. La globalización representa el triunfo de las empresas transnacionales y de su tentativa de dominio a escala `planetaria.

A la luz de esta alteración de fuerzas y de criterios debemos reflexionar sobre los desafíos qie enfrentan las democracias y sobre el concepto de desarrollo sustentable.

Como es sabido la democracia no se agota con el ejercicio del voto. Es también el imperio de la ley, el respeto de las minorías, la división de los poderes del Estado, el sistema de controles y equilibrios, la independencia judicial, el respeto por la sociedad civil y por los poderes éticos como las iglesias y las fuerzas armadas, el laicismo, el derecho a la diferencia y el derecho de las ciudadanos a la participación en la vida pública.

La democracia implica además el pluralismo partidario y la libertad de opinión de los ciudadanos a través de medios de comunicación social libres. Empero, dada la inmensa expansión de los medios de comunicación (diarios, radios, televisiones, internet, teléfonos móviles, blogs, etcétera) y de su concentración en cada vez menos empresas, las llamadas democracias mediáticas son problemáticas porque en ellas es posible influenciar a grandes masas de ciudadanos, condicionar fuertemente el voto y poner en corto circuito los mecanismos de funcionamiento de la democracia representativa. Karl Popper, el reputado autor de la Sociedad Abierta, en su último libro
previno: «O conseguimos reglamentar las televisiones o ellas aniquilarán nuestras democracias».

Otro aspecto grave es el entrelazamiento entre las empresas transnacionales y los grupos de televisión, diarios y radios. Esto debe ser enfrentado para evitar que las democracias se transformen en plutocracias, donde el peso del dinero subvierta los mecanismos de decisión del sistema democrático. Como dijo Lionel Jospin cuando era primer ministro de Francia: «Sí a la economía de mercado controlada por los poderes del Estado para impedir que genere enormes desigualdades. No a la sociedad de mercado».

A su vez, el concepto de desarrollo sustentable tiene dos dimensiones, la social y la ambiental. La primera tiene que ver con el bienestar de las personas y con el modelo social, mientras la segunda está vinculada con la defensa del planeta de las agresiones que sufre continuamente y con la sobrevivencia de la humanidad y de la diversidad biológica.

En el marco de la Unión Europea los dos aspectos forman parte de la denominada estrategia de Lisboa, aprobada en marzo del 2000, que postula un modelo social y ambiental y afirma, por lo tanto, que es posible compatibilizar políticas sociales avanzadas y de defensa de los trabajadores con políticas ambientales estrictas, con competitividad económica, con rigor financiero y con innovación científica y tecnológica. La prueba es que algunos estados de la Unión Europea, como Finlandia, Irlanda y Austria, lo están consiguiendo.
Espero por ello que durante la presidencia semestral de la Unión Europea que la toca a Portugal desde el 1 de julio próximo, la estrategia de Lisboa reciba un nuevo y decisivo impulso. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mário Soares, ex Presidente y ex Primer Ministro de Portugal.