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ARGENTINA, LO QUE VENDRA

Ago 29 2007

Por Horacio Verbitsky (*)

BUENOS AIRES, Ago (IPS) En el lanzamiento de la fórmula presidencial
que integra con el gobernador de la provincia de Mendoza, Julio Cobos,
Cristina Fernández de Kirchner exaltó la concertación política y
exhortó a reconstruir el sistema de representación partidario de
Argentina. CFK propicia la concertación entre las dos mayores fuerzas
políticas nacionales: el Partido Justicialista (peronista), al que
pertenece, y el radicalismo que Cobos representa.

Al referirse a los aportes de radicales y peronistas, la senadora y
esposa del Presidente Néstor Kirchner mencionó el significado que las
clases medias y los obreros industriales tuvieron en la política
argentina. En su primer acto, el 19 de julio, había propuesto la
concertación socio-económica, en el aniversario de la muerte de Eva
Perón, señaló como su modelo a «la Evita del puño crispado» y durante
su reciente viaje a España planteó la apertura de la Argentina al
mundo dentro de una política exterior independiente que no admite
presiones para aislar al Presidente venezolano Hugo Chávez. Completa
así un cuadro conceptual, de grandes lineamientos, a partir del cual
es de esperar la definición de un plan de gobierno, que vaya más allá
de la reivindicación de lo actuado por Néstor Kirchner desde 2003.

A diferencia de intentos anteriores, la concertación política tiene
hoy las mejores probabilidades de concretarse y llegar al gobierno.
Por otra parte, también la principal fórmula opositora, encabezada por
el ex ministro de Economía Roberto Lavagna tiene su componente
radical, con el senador por la Unión Cívica Radical (UCR) Gerardo
Morales.

Cobos representa al sector mayoritario de lo que fue el radicalismo:
cinco de las seis gobernaciones provinciales que obtuvo la UCR, dos
senadores y cinco diputados nacionales, dotación que incrementará en
forma sustancial en octubre; no menos de la mitad de los 400
municipios en manos de radicales, centenares de concejales en todo el
país. Frente a este poder territorial la burocracia partidaria que
impulsa la candidatura de Lavagna retiene la mayoría de la Convención
y del Comité Nacional.

Una encuesta reciente coloca a CFK-Cobos al filo del 50% de
los votos, mientras tres fórmulas disputan con poca diferencia entre
ellas el segundo lugar, todas alrededor del 10%: Blancos y
Anulados, Lavagna-Morales y la Coalición Cívica Libertadora de Elisa
Carrió. Esto implica el fin de la UCR, cuyo candidato presidencial
Leopoldo Moreau obtuvo el 2% de los sufragios en 2003, pero
también el del PJ, que presentó entonces tres candidatos a la
presidencia y está dividido hoy en innumerables líneas incapaces de
cualquier síntesis.

Así lo indica la elección del 19 de este mes en la provincia de La
Rioja, donde dos candidatos de origen justicialista se disputaron el
privilegio de poner el punto final a la carrera de Menem, que se
inició en el mismo partido. Luego de gobernar la Argentina durante
diez años, Menem resultó tercero en su propia provincia, con poco más
del 20% de los votos. En cambio Alberto Rodríguez Saa, con una
gestión más preocupada por lo social que por lo institucional fue
reelecto en la provincia de San Luis por más del 80% del electorado,
donde la concertación entre kirchneristas y radicales ni siquiera
consiguió presentar candidaturas.

Nada de esto implica la extinción de las identidades culturales que
ambos partidos encarnaron. De hecho, nada hay tan radical como Carrió
y el también candidato Ricardo López Murphy, que se fueron del partido
hace muchos años, así como han sido vanos los esfuerzos de Kirchner
por dejar en penumbras su raigambre peronista.

El 17 de agosto, al anunciar algunos controles no arancelarios a las
importaciones industriales asiáticas, Kirchner reunió a representantes
de diversas cámaras empresariales. Les dijo que la Argentina no tenía
fuerza para influir en los mercados mundiales, pero sí para impedir
que las burbujas especulativas descuajeringuen su economía, a
diferencia de lo que sucedió con las políticas neoliberales; que pese
a los vaticinios sobre un apocalipsis energético la economía creció en
junio el 8,3% y la desocupación cayó al 7,8, mientras la inversión
sigue superando topes históricos. La sustentabilidad de este
esquema no está asegurada si la protección a la industria no es
acompañada por condiciones que mejoren el empleo y el ingreso de
sus trabajadores.

La crisis de representación ostensible en el sistema político no es
menos grave en el sindical. Distintas decisiones del Poder Ejecutivo,
de la Corte Suprema de Justicia y del Congreso han ido devolviendo a
los trabajadores algunos de los derechos perdidos en las últimas tres
décadas. Pero muchos de los proyectos presentados por la Confederación
General del Trabajo (CGT) están trabados en alguna de las cámaras del
Congreso, porque no hay una presión social organizada que los apoye y,
en cambio, sí funciona el lobby patronal para bloquearlos.

La falta de fuerza para empujar a favor de ese reequilibrio de la
balanza tiene causas estructurales. Consecuencia del terrorismo de
Estado impuesto por el patronato durante la última dictadura militar,
del menemismo y de la indolencia y la corrupción de las conducciones
sindicales, sólo en el 56% de las grandes empresas hay comisiones
internas o delegados. Sólo un tercio de los trabajadores está afiliado a
un sindicato y apenas en algo más de la mitad de las empresas hay
algún trabajador afiliado.

Durante los gobiernos peronistas de hace medio siglo, las comisiones
internas fueron centrales en la conformación y movilización del
movimiento obrero. Con la garantía de estabilidad, aseguraban que la
legislación laboral y los convenios colectivos se aplicaran en cada
empresa y mantenían el vínculo entre las bases y el sindicato.

Los representantes de las grandes empresas, en estos días se están
endureciendo en las negociaciones salariales con sus trabajadores.
Desde la devaluación del peso argentino en enero de 2002, objetaron
cualquier aumento salarial superior a los incrementos en la productividad,
para no incluir en la puja distributiva las enormes ganancias que
extrajeron de sus trabajadores en los períodos anteriores. Ahora que
los niveles salariales medidos en dólares se aproximan a los de 1998, y en
las grandes empresas ya los han alcanzado, pretenden que los aumentos
salariales se limiten a reponer las posiciones perdidas según la
inflación vencida y ya no se enganchen con la productividad, que sigue
creciendo. Las tasas impresionantes de crecimiento, a un ritmo de 9%
anual durante los últimos cuatro años, y la consecuente recuperación
del empleo iniciadas en 2003, han achicado la distancia entre las
curvas de remuneraciones y de productividad. Sin embargo aún es
apreciable. Reducirla es una cuestión de primera importancia y
requiere tanto de cambios estructurales como de decisiones políticas, como
otorgar personería a la disidente Central de Trabajadores
Argentinos, CTA, que compite con la tradicional CGT.

Ése es el más grave incumplimiento de Kirchner a una promesa y lo que
haga en los meses que le quedan de mandato incidirá en la valoración
histórica de su gobierno, que se aproxima a la hora del balance.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino, Presidente
del Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS), autor de Robo para
la corona, El vuelo y otros libros.