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EL AGUA, NUEVO OBJETO DE DESEO DE LAS TRANSNACIONALES

Ago 24 2007

Por Riccardo Petrella (*)

LOVAINA, Ago (IPS) Es sabido que por más que las aguas minerales
sean de propiedad pública son las empresas privadas las que obtienen
pingües y seguras ganancias de su comercialización. El business
de las aguas minerales en botella se ha transformado en uno de los
sectores más lucrativos y de mayor expansión en el mundo, dominado
hasta hace poco tiempo por la Nestlé y la Danone. Ahora estas dos
empresas transnacionales son taloneadas por otras dos «gentiles
hermanas del agua»: la Cocacola y la Pepsicola.

También está volviéndose ahora notorio que las empresas privadas de
distribución del agua y aquellas de capitales mixtos
públicos-privados, cada vez más numerosas en el sector de los
servicios hídricos, se están apoderando de la propiedad o/y del
control del agua potable a través del mundo. Las firmas francesas
Suez-Ondeo y Vivendi-Veolia, por sí solas, administran la
distribución del agua para más de 250 millones de personas, sin contar
aquellas servidas por empresas en las cuales poseen participación
accionaria. El banco privado suizo Pictet prevé que en el año 2015 las
empresas privadas suministrarán el agua potable a cerca de 1.750
millones de «consumidores». En este contexto, no sorprende comprobar
que las empresas de gestión del agua son siempre más compradas y
vendidas en el mercado, como se venden y se compran las empresas de
zapatos o de heladeras.

El último caso significativo es el de la firma Thames Water, la
mayor empresa hídrica del Reino Unido y número 3 mundial (después
de las dos citadas empresas francesas), comprada por la australiana
Macquarie a la alemana RWE. La RWE, gigante energético europeo,
había adquirido Thames Water en el año 2000 por 7.100 millones de
euros como concreción de su estrategia conducente a convertirse
en el número 1 europeo de las multiutilies (empresas que
operan simultáneamente en los sectores de la energía, de los
transportes, de la basura, del agua, de las comunicaciones, etcétera).
La elección de una estrategia multiutilities empujó también, hace
algunos años, a la empresa italiana de energía ENEL a interesarse por
la posible adquisición del Acquedotto Pugliese. Por diversos motivos,
los dirigentes de la RWE decidieron últimamente concentrarse
únicamente en el sector de su competencia a efectos de mantenerse a la
altura de los colosos energéticos mundiales en vía de reestructuración
y de consolidación. De este modo, vendieron Thames Water con la misma
velocidad con que la compraron.

Thames Water ha sido comprada por una empresa australiana, el Banco
Macquarie, que ha desembolsado para ello cerca de 14.000 millones de
euros. Macquarie no se había ocupado jamás del agua en el pasado. Es
un banco especializado en servicios financieros y en inversiones en
infraestructuras. Por ejemplo, los aeropuertos de Bruselas y de
Copenhague son de Macquarie Airports. Está presente en 24 países y
tiene cerca de 8.900 empleados.

¿Por qué este banco australiano ha invertido tanto en el sector del
agua, donde compró también la empresa estadounidense Acquarion por 860
millones de dólares? Por cierto que eso no fue porque tenga un plan
industrial y socio-ambiental de modernización de la red y del servicio
hídrico para los 13 millones de habitantes de la región londinense y
de los otros 50 millones de personas servidos en el mundo por la
Thames Water. Para Macquarie se trata de una estrategia puramente
financiera: aumentar los niveles de lucro del grupo interviniendo en
un sector muy redituable, destinado a convertirse aún mucho más
lucrativo en el futuro si continúan los procesos de privatización y de
escasez del agua para usos humanos.

En el momento en que Margaret Thatcher privatizó el agua en 1989
afirmó que a los británicos no les importaba saber quién distribuye el
agua y que lo importante para ellos es tener el beneficio de servicios
de calidad elevada y a precios convenientes. Pero la privatización del
agua no ha traído resultados notables sobre el plano de los precios
(los aumentos han sido considerables) ni sobre el de la calidad
(recientemente Thames Water ha sido severamente amonestada por no
haber reducido los niveles de pérdida de agua de acuerdo con las
obligaciones ligadas a la tarifa). Los británicos, en cambio,
aparentemente han considerado irrelevante la nacionalidad del gestor
del agua del Támesis. En efecto, la Thames Water ha pasado en 15 años
de ser propiedad de un ente público a una empresa privada británica,
después a una firma energética alemana y ahora a un banco australiano.
No se puede descartar que dentro de 10 años la propiedad de la
Thames Water pase a una sociedad china especializada en el tratamiento
de desechos urbanos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Riccardo Petrella, fundador del Comité Internacional para el
Contrato Mundial del Agua y profesor emérito de la Universidad
Católica de Lovaina.